
Un grupo de científicos australianos y franceses han presentado evidencias de que los volcanes submarinos -como el West Mata, cuya erupción podéis ver en el vídeo- son una gran fuente de hierro para el fitoplancton, plantas unicelulares que lo necesitan para florecer y, en el proceso, absorben CO2.
Así, una gran red de volcanes en el sur de los océanos tiene un papel importante en la absorción de grandes cantidades de dióxido de carbono, uno de los principales gases de efecto invernadero. La región del océano entre Australia y la Antártica es una de las más activas en absorción de CO2, una capacidad del océano en general, que puede absorber un cuarto del CO2 que produce el hombre con la quema de combustibles fósiles y la deforestación.
Aunque hay otros estudios que muestran que el hierro es liberado por los volcanes submarinos, los autores de éste en particular sostienen que ningún otro ha considerado ese efecto a un nivel global y ha considerado su importancia en el almacenamiento de carbón del sur del océano.
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Un grupo de turistas entusiastas de la vida salvaje se encontraba de visita en la Bahía Fortuna de la isla de Georgia del Sur, en la Antártica, cuando uno de ellos, Andrew Evans, distinguió a un pingüino raro entre toda la colonia. Un pingüino completamente negro, es decir, sin el característico cuerpo blanco que suelen exhibir sus congéneres.
Se cree que el pingüino en cuestión, que debe pertenecer a la especie Aptenodytes patagonicus, sufre de una enfermedad conocida como melanismo, un exceso de pigmentación oscura. Los biólogos dicen que como los pingüinos negros son tan raros hay muy poca investigación sobre el tema.
Aun así, se estima que aproximadamente uno de cada 250 mil pingüinos muestra evidencias de la enfermedad. Allan Baker, experto en biología evolutiva de la Universidad de Toronto citado por The Telegraph, explica que el pinguino es negro porque ha perdido el control de sus patrones de pigmentación.
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Un iceberg del tamaño de Luxemburgo se ha desprendido de un glaciar en la Antártida después de chocar contra otro iceberg gigante, lo que podría afectar los patrones de circulación oceánica. El iceberg tiene 2.500 kilómetros cuadrados de superficie y se desprendió a principios de este mes del glaciar Mertz.
Los científicos dicen que el gigantesco iceberg, que está flotando al sur de Australia, podría bloquear un área que produce un cuarto del agua marina densa y muy fría del mundo, conocida como agua de fondo. Este agua impulsa las corrientes oceánicas, así que los científicos dicen que los patrones meteorológicos podrían verse afectados en las próximas décadas.
Rob Massom, científico senior de la División Antártica Australiana y del Centro de Investigación Cooperativa sobre Clima y Ecosistemas Antárticos en Hobart, Tasmania, dice que la separación de este iceberg en sí no ha estado directamente relacionada con el cambio climático, sino con los procesos naturales que ocurren en las capas de hielo.
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El U.S. Geological Survey (USGS) presentó ayer lunes algunas conclusiones obtenidas de un estudio realizado en colaboración con la British Antarctic Survey y el apoyo del Scott Polar Research Institute y el Bundesamt fur Kartographie and Geodasie de Alemania. Es relevante por ser el primero en mostrar que todos los frentes de hielo flotante de la sección sur de la Península Antártica vienen derritiéndose desde 1947.
Aclaremos que tal península se encuentra más al norte que la Antártida continental, digamos, y sus temperaturas son más cálidas. Pero incluso en las partes más al sur, y por lo tanto más frías, las capas de hielo flotante están desapareciendo. El sitio donde mejor se escenifica lo que está sucediendo es la isla Charcot, que desde 1800 por lo menos estaba conectada con un puente de hielo con la península Antártica. Ya no.
Otro dato que me ha parecido muy interesante es que estas capas de hielo flotante sobre el mar actúan como diques para los glaciares que cubren la Antártida continental, la tierra firme. Si se funde el hielo sobre el mar, el que está sobre la tierra fluye mucho más rápido hacia el océano…
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El cambio climático reseca más de la cuenta unos lugares o hace todo lo contrario en otros, dandoles ración extra de nieve. Pero la cosa no acaba aquí, porque además de hacernos sufrir estos extremos, existe una relación entre la sequía y aumento de nevadas, asegura un estudio.
De acuerdo con este reciente estudio, el aumento de las nevadas en la Antártida está relacionado con la terrible sequía que viene padeciendo el sur-oeste de Australia Occidental, ambos fenómenos provocados por la acción del ser humano.
Tas van Ommen, científico de la División Australiana Antártica sostiene que ello es consecuencia de que hay un modelo de circulación atmosférica que mueve el aire caliente y húmedo desde el mar de Tasmania, cerca de Nueva Zelanda, al este de la Antártida. Es decir, un viento frío y seco se dirigiría a Australia, mientras el aire húmedo y cálido llegaría a la zona antártica.

El bote de alta tecnología Ady Gil, embarcación bandera de la Sea Shepherd Conservation Society en su lucha contra la caza de ballenas, colisionó hoy con el ballenero japonés Shonan Maru cerca de la Bahía Commonwealth, en la Antártica, mientras intentaba impedir que llevase a cabo la cacería. Colisión es el verbo usado en la mayoría de los titulares sobre el suceso. Sin embargo, después de haber visto el vídeo del mismo, opino que el ballenero arrolló al bote con toda la intención.
Los seis miembros de la sociedad conservacionista que estaban en el bote han sido rescatados, pero el bote ha quedado inoperable. El uso de cañones de agua de alta potencia contra los botes de los grupos conservacionistas, como el usado por el Shonan Maru para repeler al Ady Gil, son cada vez más comunes cuando comienza la temporada de caza de ballenas. Por parte de los conservacionistas, las técnicas de saboteo incluyen últimamente hasta el lanzamiento de cuerdas sobre las hélices de los balleneros.
Cada verano austral, la flota ballenera japonesa se dirige a la Antártica a la caza de ballenas bajo el argumento de que se trata de un programa científico promovido por el Instituto de Investigación Cetácea. Dicho instituto ha dicho que su flota fue atacada por el Ady Gil, poniendo en peligro las vidas de la tripulación. Os dejo el vídeo después del salto.

Los países que administran la Antártida podrían pronto imponer un nuevo código de control muy estricto sobre el número de barcos que navegan por los océanos del sur, así como sobre la cantidad de pasajeros que transportan, y el tipo y cantidad de combustible que utilizan. El objetivo es reducir el número de buques que transportan turistas a la región, a través de exigencias como que los cascos de todos los buques tengan reforzamiento para resistir el hielo y que no utilicen combustible pesado.
En una reunión en la capital de Nueva Zelanda, Wellington, un grupo conformado por expertos comisionados por los países signatarios del Tratado Antártico -la principal herramienta para la gestión del continente- y por la Organización Marítima Internacional, está discutiendo planes para imponer un código obligatorio, un Código Polar, para controlar a todos los barcos que navegan por la región.
El código establecerá normas para el diseño de una amplia gama de equipos de seguridad para los barcos, sus operaciones y la formación de la tripulación para la navegación por el hielo, medidas necesarias para limitar los accidentes en la región, donde las tormentas de aguanieve, las nieblas y los fuertes vientos representan un gran peligro para los barcos. Un derrame de combustible u otro tipo de accidente en la región tiene un impacto negativo inmediato sobre la vida animal autóctona.

A principios de este año, los científicos californianos Robert L. Pitman y John W. Durban zarparon hacia la Antártica en busca de una especie de orca –mejor conocida por el infame nombre de ballena asesina- que caza focas Weddell usando un curioso método: nadan junto a los témpanos de hielo sobre los que las focas se refugian, para que su estela les arrastre fuera de ellos. Los científicos, no obstante, fueron testigos de algo aún más sorprendente: una ballena jorobada protegiendo a una foca de las fauces de la orca.
He aquí un recuento del evento. Estaban las orcas en su faena de cazar focas, cuando un grupo de ballenas jorobadas llegó al lugar. Una foca que había sido arrastrada fuera del témpano por la estela del nado de una orca, nadó hacia una de las ballenas jorobadas, saltó sobre su vientre y se refugió bajo su axila.
A la jorobada, para mayor sorpresa de los humanos, todo esto no le pilló por sorpresa. De hecho, cuando una ola amenazó con devolver a la foca al peligro del mar y de las fauces de las orcas, la enorme ballena usó su aleta de cinco metros -la más larga en el reino animal- para sujetar a la foca y mantenerla sobre su vientre. Los científicos creen que la foca disparó un mecanismo de defensa maternal en la ballena.
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De acuerdo con un estudio elaborado por científicos de la Universidad de Texas y publicado ayer en la revista arbitrada Nature Geoscience, la gran capa de hielo del Antártico Oriental ha perdido billones de toneladas de hielo desde 2006. En cuanto a la capa de hielo occidental, más pequeña, podría desintegrarse rápidamente. De hacerlo, liberaría agua suficiente para elevar el nivel global del océano unos cinco metros.
Este nuevo factor añade aún más presión sobre las naciones insulares cuyo territorio se eleva poco sobre el nivel del mar, pues los científicos han advertido que un aumento de tan sólo un metro las afectaría considerablemente, así como a los deltas del mundo. En 2007, el Panel Intergubernamental de Naciones Unidas para el Cambio Climático advirtió que el nivel del mar aumentaría entre 18 y 59 centímetros para 2100. Sin embargo, esta estimación no tomó en cuenta el potencial derretimiento de las capas de hielo del Antártico y Groenlandia.
El estudio de la Universidad de Texas se ha basado sobre los datos recogidos por los satélites Grace hasta enero de 2009. Estos satélites detectan flujos de masas en el océano y las regiones polares a través de la medición de los cambios en el cambio gravitacional de la tierra. Los resultados señalan que el Antártico oriental está perdiendo aproximadamente 57 billones de toneladas de masa anualmente.
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Un sólido iceberg de gran tamaño - 700 metros de largo y 350 metros de profundidad, según han calculado los científicos australianos que lo han divisado- ha sido visto cerca de la Isla Macquarie, a medio camino entre Nueva Zelanda y la Antártica. El único precedente de iceberg visto tan al Norte de la Antártica fue en noviembre de 2006.
Un oceanógrafo del instituto NIWA –National Institute of Water and Atmospheric Research- ha dicho que es raro ver un iceberg en esa parte del Océano Austral. Dependiendo de las corrientes oceánicas, podría ser empujado hacia el sur hasta la meseta de Campbell, al sureste de Nueva Zelanda. Pero es más probable que finalmente se funda en decenas de pequeñas piezas que podrían ser peligrosas para los buques en la zona.
Los glaciólogos estiman que el iceberg se desprendió de la Antártida hace casi 10 años. Varios témpanos de hielo se desprendieron de la plataforma Ross y de la plataforma de hielo de Ronne en 2000 y ahora se alejan de la Antártida. El primero fue alrededor de 190 kilómetros de largo y 23 millas de ancho. Después del salto, os dejo un vídeo en el que se puede ver el iceberg que se acercó a Nueva Zelanda en 2006.
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Un estudio realizado en la Antártica por expertos del Spanish Research Council ha revelado que en los lagos de este continente viven numerosas especies de virus, entre ellas algunas cuya existencia se desconocía. Los lagos de la Antártica se descongelan sólo durante tres meses cada año y contienen una cantidad muy baja de nutrientes, así que a los científicos que han realizado el estudio les ha sorprendido que haya tal variedad de seres vivos viviendo allí.
Los habitantes más numerosos del inhóspito hábitat que son estos lagos, son los microorganismos: virus, algas, bacterias y protozoarios. Es por ello que se cree que los microbios tienen un papel importante en el control de la cantidad de nutrientes. La hipótesis de los científicos es que estos microbios son los reyes del lugar porque no tienen depredadores naturales en semejante entorno.
Hasta ahora, había sido muy difícil para los científicos estudiar a los microorganismos de la Antártica debido a que necesitan condiciones muy específicas para crecer. Esta vez se ha podido estudiar a estos microbios in situ, sin tener que cultivarlos en un laboratorio, gracias a una tecnología vanguardista de secuenciación de genoma.

Los científicos no se han inspirado en la Guerra de las galaxias para fabricar este láser, aunque hay que reconocer que con su puesta en escena el universo Star Wars hubiera logrado uno de sus efectos especiales más espectaculares. Brillante, galáctico, incluso hipnótico, pero este haz de luz sobre todo es útil, pues servirá de instrumento para ayuda a los científicos a entender los cambios atmosféricos, particularmente los relacionados con el agujero de ozono.
En concreto, este láser de alta potencia, que ha costado 270.000 dólares, se utilizará en la estación australiana de investigación Davis, ubicada en la Antártida, y en la fotografía que véis está siendo probado en el laboratorio de Kingston, donde ha sido puesto a punto para poder reemplazar al actual.
Las investigaciones recientes en Davis pronostican que “el agujero de ozono se hará grande, pero no de proporciones sin precedentes”, conclusiones que se consiguen gracias al sistema de investigación con láser que, desde el 2001, utiliza la tecnología LIDAR (Light Detection and Ranging), cuyas mediciones proporcionan información sobre la densidad, la temperatura, velocidad del viento y las partículas de los aerosoles desde la superficie hasta alturas que alcanzan los 100 kilómetros.
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