
Quien le iba a decir a Sadam Hussein, el que fuera dictador de Irak, que aquello de “la madre de todas las batallas” se incorporaría al lenguaje coloquial. Algunos años antes de que el irakí llevara a cabo sus tropelías un niño francés llamado Patrick se pasaba las horas muertas en su habitación experimentando con los tiestos y su pecera. Ese fue su primer jardín vertical, el primero de muchos. Cuarenta y cinco años después, Patrick Blanc es un respetado botánico francés que sigue con la misma obsesión en su cabeza… pero ésta ha aumentado en tamaño y ambición. Ah, y un cambio más, ahora sus jardines verticales están presentes en medio mundo.
Blanc igual es llamado para desarrollar sus ideas (y adaptarlas al lugar concreto) en un centro comercial portugués que una plaza de Lyon, o una embajada en Nueva Delhi, el ministerio de Cultura en París, el Europarlamento de Bruselas, una escuela en San Francisco, un aquarium en Génova o un museo de arte contemporáneo en la ciudad japonesa de Kanazawa. Y la vuelta al mundo sigue con escalas en Kuala Lumpur, Sydney, Abu Dhabi, Río de Janeiro, Estambul, Nueva York, Ibiza,… Antes te cansarías de leer que agotarse el listado de obras del francés. Ah, entre los jardines verticales -le mur vegetal, los denomina él- realizados en los últimos años está la del CaixaFórum de Madrid.
La última fachada que ha terminado ha sido la del Hotel Athenaeum de Londres que, tras su intervención, se ha convertido en una extensión del cercano Green Park. Doce mil plantas ha utilizado Blanc que se sustentan en una estructura de plástico con marco de aluminio. Puede parecer muy pesado pero no lo es. Este enrejado se fija a la pared y permite aposentarse a las raíces, que el sistema de riego alcance todas las zonas, mantener la humedad y hacer llegar un fertilizante diluido en el propio agua. El francés es listo, se inspira en la propia naturaleza tomando como referencia como el agua de lluvia se escurre a través de los bosques más frondosos. Y las ventajas son muchas, por ejemplo, con ocuparse de un jardín vertical tres o cuatro veces al año es suficiente. ¿Alguien da más?
Jardín vertical de Patrick Blanc en un hotel londinense




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Después de que nuestro compañero Gabri ensalzara ayer los gestos medioambientales del BBVA y de “La Caixa“, urgía hoy que una voz discordante (oh, yo, azote de los gigantes financieros), se alzara contra la banca tradicional en general (y esas entidades en particular) señalando sus irresponsabilidades corporativas. Como hay que contrarrestar dos artículos, me dispongo a escribir dos entradas al respecto. Mañana os ofreceré la alternativa de la banca ética, pero antes, en la presente entrada, quiero analizar algunas de las más controvertidas inversiones de las citadas entidades, como las de la industria armamentística, y, como no podía ser de otra forma en este blog, habrá un especial detenemiento por las inversiones más anti-ecológicas e insostenibles medioambientalmente (no ha sido nada difícil encontrar motivos para su sonrojo).
Por cierto, que según un estudio reciente de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), “aunque todos los bancos analizados están adheridos a algún acuerdo internacional sobre directrices éticas, la mayoría de las entidades todavía tienen políticas muy limitadas. Además las entidades financieras se muestran reticentes a la hora de dar datos sobre algunos aspectos de su política de responsabilidad social corporativa (RSC) publicitada, con lo cual, el derecho del consumidor a estar informado sobre el destino del dinero que confía a la entidad se ve vulnerado.”
Millones y millones de personas reciben cada mes puntualmente su nómina a través de los bancos. Estos hacen uso de ese dinero en las inversiones que creen más beneficiosas para sus accionistas. Lo de menos es si es a costa de hacer del mundo un sitio más asqueroso. Empecemos por el BBVA, banco que ha hecho bandera de la responsabilidad social corporativa: este banco ha venido financiando armamento prohibido a nivel internacional como las bombas de racimo. Asimismo, será de interés del lector de Ecologiablog que también está detrás de proyectos empresariales altamente contaminantes, como el conflictivo Oleoducto de Crudos Pesados (OCP) que afecta 11 áreas protegidas en Ecuador, o la megafactoría de celulosa de ENCE en Uruguay.