
Un equipo de investigadores del Centro Oceanográfico de Santander, gestionado por el Instituto Español de Oceanografía (IEO), ha estudiado la dieta de tres especies de tiburones que viven en las aguas profundas del área marina protegida de El Cachucho, que se encuentra en el mar Cantábrico, frente a la costa de Asturias. Una de sus conclusiones señala que estos animales son cazadores oportunistas.
Específicamente, los científicos estudiaron tres especies de tiburones que viven a profundidades de entre 400 y mil metros: el Galeus melastomus, Etmopterus spinax, y el Deania calcea. Los resultados del estudio, que ha sido publicado en el Journal of Fish Biology, muestran que la dieta de los tiburones es oportunista, es decir, que éstos se alimentan de todos los recursos disponibles a tal profundidad, tales como pequeños crustáceos, camarones y peces.
Los investigadores destacan la importancia de estos estudios de monitoreo de especies en el área de El Cachucho, pues es probable que la designación de esta zona como Área Marina Protegida cause cambios en la abundancia de ciertas especies de peces, sobre todo de aquellas que son más comercializadas.
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En el artículo “Going green to be seen: Status, Reputation, and Conspicuous Conservation” -que podría resumirse como ser ecológico por pura imagen- Vladas Griskevicius, de la Universidad de Minnesota Carlson School of Management, señala que muchas compras verdes tienen sus raíces en la idea evolucionaria del altruismo competitivo, la noción de que la gente compite por el status tratando de parecer más altruista.
El artículo, publicado en el Journal of Personality and Social Psychology y citado por The Telegraph, también señala que es más probable que la gente compre bombillas de bajo consumo en las tiendas, pero tiende a comprar la opción tradicional cuando hace las compras por Internet. De acuerdo con Griskevicius, la misma tendencia se observa cuando la gente compra electrodomésticos por Internet.
¿Sugiere esto que mucha gente compra productos ecológicos en las tiendas porque son un espacio público y muy social, en los que hay muchas posibilidades de plantar imagen frente a los demás? Parece que sí. En cambio, en la privacidad de casa, comprando por Internet, la prioridad es comprar lo más barato, no salvar el planeta.

Vamos a entrar en un tema delicado, sobre todo en un país vinícola como el nuestro: la calidad de los vinos orgánicos frente a la de los vinos fabricados por el método tradicional, o mejor dicho, fabricados con uvas que son cultivadas con uso de fertilizantes y pesticidas. De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad de California Los Ángeles, los vinos californianos hechos con uvas cultivadas de forma orgánica obtienen una mayor puntuación en una clasificación reconocida.
Lo más curioso es que estos vinos orgánicos alcanzan precios muy altos cuando no incluyen esta información -el cultivo orgánico- en su etiqueta. Cuando sí colocan la palabra orgánico o alguna etiqueta orgánica reconocida, los precios se desploman. ¿Será algo que sólo sucede con los vinos californianos o que se puede extrapolar a todas las regiones -y mercados- vinícolas del mundo?
En cualquier caso, Laura Grant, coautora del estudio, señala que los vinos hechos con uvas orgánicas tienen una calidad mejor que los vinos convencionales por el mismo precio. Ella y Magali Delmas, economista medioambiental, estudiaron más de 13 mil vinos de 1.495 bodegas californianas. Rastrearon la calificación que cada uno de los vinos tenía en la publicación Wine Spectator.

Un grupo internacional de investigadores ha secuenciado el genoma completo del áfido o pulgón del guisante en la revista PLoS Biology. La publicación marca la culminación de un proyecto de seis años, el cual involucró a más de 200 investigadores de 15 países. A vosotros quizá no os sonará de nada -a mí tampoco- pero se ve que es un asunto muy importante para la ciencia, en especial para la investigación agrícola.
Los áfidos son unas de las principales plagas agrícolas. Algunos de estos áfidos, incluyendo al pulgón azul de la alfalfa o el pulgón de la papata y el melocotón, son más destructivos que el áfido del guisante, pero los datos genómicos de éste último ayudarían a combatir a varias de las especies de este insecto. De acuerdo con EurekaAlert,
La secuenciación del genoma del áfido del guisante, Acyrthosiphon pisum, es un hito importante para los científicos de los insectos. Hasta la fecha todos los genomas de insectos que han sido secuenciados han sido especies holometabolus, como las moscas, abejas, hormigas, avispas y mariposas. El áfido del guisante es un miembro de un grupo de insectos que son más antiguos que las moscas y las abejas, etc, y están estrechamente relacionados con los insectos sin alas que se cree que han evolucionado de forma más directa de los primeros insectos. Esta posición única del áfido del guisante en el árbol de la vida de los insectos proporcionará claves importantes para entender la biología del insecto y su evolución. (Traducción propia)
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De acuerdo con un artículo publicado en la revista brasileña de derecho Consulex, y citado por Treehugger, buques tanques se están llevando agua del río Amazonas para embotellarla y venderla en Europa y Oriente Medio. Semejante práctica tiene nombre legal, hidropiratería, y no es la primera vez que llama la atención de los grupos que vigilan el bienestar de la selva y sus recursos.
Según explica Treehugger, los tanques petroleros que llevan el crudo a América del Sur son llenados con agua del río Amazonas, la cual es importada a Europa y Oriente Medio. Se estima que cada uno de estos buques regresa con unos 5 millones de galones de agua. Para las empresas embotelladoras, es considerablemente menos costoso obtener el agua que embotellan a través del tratamiento de agua dulce que a través de la desalinización.
En un momento en el que el norte de la selva amazónica está experimentando una fuerte sequía, el hecho de que se esté extrayendo agua del gran río para ser embotellada y vendida en el extranjero se merece más que nunca el calificativo de crimen. Y, de hecho, es ilegal según la ley de Brasil.

Al parecer, durante unos 150 años los zoólogos se han rebanado los sesos intentando dilucidar por qué dos especies distintas de mariposas, la Heliconius erato y la Heliconius melpomene, han evolucionado hasta parecerse tanto la una a la otra. La similitud de sus alas, en particular, quitaba el sueño a los científicos. Pues un grupo de ellos, de la Universidad de Cambridge, ha identificado los genes que permiten semejante parecido.
Esta es la primera vez que los científicos han identificado los genes responsables de la adaptación en sus alas, que es como se les conoce a los patrones de color y forma que exhiben las mariposas. El descubrimiento, publicado en la revista PLoS Genetics, muestra que las regiones de sus genomas asociadas con los patrones de las alas, denominadas puntos calientes genéticos, son muy pequeñas.
El doctor Chris Jiggins, zoólogo de la Universidad de Cambridge University, sostiene que estos resultados sugieren que a pesar de los muchos miles de genes en el genoma, sólo hay uno o dos que son útiles para cambiar este modelo de color. Si bien estos puntos calientes se encuentran en la misma parte de los genomas de ambas especies, las secuencias de ADN responsables son diferentes.
Hasta ahora, los científicos pensaban que las polillas realizaban su migración anual en Europa Occidental simplemente dejándose llevar por el viento hasta su destino. Sin embargo, han descubierto que detrás de aquella flotación aparentemente casi involuntaria, hay toda una estrategia de vuelo: estos insectos seleccionan las corrientes de viento más rápidas e incluso cambian de curso si encuentran un atajo.
Además, las polillas aparentemente pueden distinguir el norte del sur gracias a una especie de compás interno que se sintoniza con el campo magnético de la tierra. Una vez hecho este primer cálculo, seleccionan aquella altitud a la que los vientos son más rápidos, probablemente percibiendo la fuerza de las turbulencias.
O al menos eso creen los científicos. Jason Chapman, entomólogo del instituto de agricultura británico Rothamsted Research, señaló a la National Public Radio que las turbulencias son un indicador de la velocidad del viento (a menos turbulencias, vientos más rápidos). Chapman, que ha estudiado la migración de las polillas durante 10 años, dice que la velocidad máxima que calcularon en la migración de las polillas fue de aproximadamente 100 kilómetros por hora. Es decir, mucho más rápido que la migración de muchas aves.

Un equipo internacional de científicos, liderado por la Universidad de Oxford, ha descubierto más de 70 fósiles que datan de 565 millones de años en Newfoundland, Canadá. Se cree que son la primera evidencia de vida animal en la tierra. Los detalles del descubrimiento serán publicados en un artículo en el número de este mes de la revista Geology.
Uno de los autores, Alex Liu, sostiene que el hallazgo muestra que la evolución de la vida animal tiene una historia mucho más antigua de lo que se pensaba. Más exactamente, se trata de 70 huellas fosilizadas, las cuales indican que alguna criatura antigua similar a las modernas anémonas de mar, se movió por el suelo marino del periodo Ediacárico.
Citado por Science Daily, Liu explicó que las huellas halladas indican claramente que el organismo que las dejó podía ejercer algún tipo de control muscular durante la locomoción. Ello evidencia por primera vez que las criaturas de este periodo de la historia de la Tierra tenían músculos que les permitían moverse, así que podrían cazar o escapar, es decir, que probablemente eran animales.
El género Heteromys, de la familia Heteromyidae, celebra la incorporación de un nuevo miembro: Heteromys catopterius. Se trata, como debe ser en este género, de un roedor minúsculo, y ha sido identificado por primera vez por Robert P. Anderson, profesor asociado de biología del City College de Nueva York, y el estudiante de PHD Eliécer E. Gutiérrez. El lugar, la Cordillera de la Costa de Venezuela.
La segunda parte de su nombre -la primera le viene por el género- deriva del griego katoptêrios, que significa altura que domina una vista. A simple vista, este roedor se parece a otros de su género, pero los estudios anatómicos realizados por Anderson y Gutiérrez parecen señalar una especie que no había sido reconocida por los biólogos hasta ahora.
Por ejemplo, el Heteromys catopterius tiene un pelaje más oscuro y un cráneo más ancho -y carece de las orejas redondas- que su pariente más común, el Heteromys anomalus, conocido como Caribbean Spiny Pocket Mouse o ratón espinoso de bolsillo caribeño. Además, el nuevo roedor se halla sobre todo a alturas de 700 metros sobre el nivel del mar, mientras que el H. anomalus vive sobre todo en tierras bajas.

Un equipo de geógrafos de la Universidad de Manchester ha descubierto cuatro glaciares inexplorados en unas inhóspitas montañas de Europa, las Prokletije (en serbio, montañas malditas) en los Balcanes. Estos glaciares se han formado a una altitud de 2.000 metros, altitud relativamente baja para una latitud tan al sur. Otros glaciares que se forman a esta latitud sólo sobreviven en montañas más altas.
Las montañas Prokletije se extienden desde el norte de Albania y Kosovo, hasta el Este de Montenegro en los Balcanes occidentales. Los glaciares, el mayor de los cuales es el tamaño de seis campos de fútbol, varían en tamaño cada año, según la cantidad de nieve caída durante el invierno y las temperaturas durante el verano.
Philip Hughes, profesor en la Escuela de Medio Ambiente y el Desarrollo de la Universidad de Manchester, sostiene que el hecho de que las montañas estuvieran en una zona hasta hace poco rodeada por la guerra podría explicar por qué los glaciares no habían sido vistos hasta ahora. Además, muy pocas personas viven en estas montañas y cae tanta nieve tardía y hay tanta sombra que ni siquiera son visibles en Google Earth.
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No es una novedad que los animales salvajes que viven cerca de los humanos han visto su modo de vida influenciado por lo que éstos desechan. El ejemplo de los osos que viven en los parques naturales de Estados Unidos y que asaltan los cubos de basura es un clásico. Un nuevo reporte publicado en Current Biology da otro ejemplo: dos especies de aves marinas del Mediterráneo cambian sus desplazamientos basándose en los peces que los humanos descartan.
De acuerdo con Frederic Bartumeus, experto de la Universidad de Princeton y el Institut Català de Ciències del Clima y uno de los autores del estudio, las actividades humanas en el entorno natural puede promover transiciones críticas en los animales, a través del cambio local de la disponibilidad de los recursos. El estudio señala una conexión entre la explotación de los recursos locales y los patrones de movimiento de los organismos.
El equipo de Bartumeus aprovechó los datos de satélite existentes sobre la pardela cenicienta y la pardela balear, que seguía el movimiento de aves sobre sus múltiples viajes de forrajeo. Cada viaje suele durar menos de dos días y cubre distancias de 10 a 1000 kilómetros. Debido a que los pescadores no trabajan en días festivos y fines de semana, los investigadores fueron capaces de comparar las actividades de las aves en presencia y ausencia de las actividades de la pesca de arrastre de la pesca.

El diario The Telegraph reporta que un proyecto de geoingeniería para bloquear el sol a través de la simulación de erupciones volcánicas sería 100 veces más barato que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. De acuerdo con los científicos autores de la propuesta, un plan mundial para poner partículas hechas por el hombre en la atmósfera para desviar el calor del sol, bajaría rápidamente la temperatura global hasta que los recortes en las emisiones de dióxido de carbono entren en vigor.
Los científicos medioambientales David Keith, de la Universidad de Calgary en Canadá; Eduardo Parson, de la Universidad de Michigan; y Granger Morgan, de la Universidad Carnegie Mellon, son los autores de este editorial publicado en la revista Nature. Los científicos señalan que es importante comenzar a probar la geoingeniería ahora en lugar de dejarla para una situación de emergencia.
Piden a los gobiernos establecer un fondo multimillonario para la investigación de los volcanes simulados y otras técnicas de gestión de la radiación solar para proteger a la Tierra de la luz solar. Los científicos sostienen que el costo de la gestión de la radiación solar es 100 veces menor que el costo de reducir las emisiones para lograr el mismo efecto.