
El agua, que sea potable, y las manitas, siempre bien limpitas. Ambas cosas sumadas proporcionan un buen escudo contra enfermedades de distinto pelaje que amenazan la salud de la población, sobre todo en los países más pobres. Es decir, el agua tratada vuelve a ser insalubre si acaba contaminándose con los gérmenes que viven en nuestras manos, informan los científicos. Sólo el lavado de manos puede prevenir la propagación de patologías transmitidas por el agua, advierte un nuevo estudio.
Lavarse las manos es una manera efectiva de ahuyentar a los gérmenes, como todos sabemos, pero ahora se ha descubierto el importante papel que esta acción tan sencilla puede jugar en la mejora de la calidad del agua potable almacenada, con la que se abastecen en las regiones del planeta que carecen de agua corriente.
Científicos de la Asociación Química Americana alertan de una dramática nueva evidencia: el agua potable almacenada está mucho más contaminada que la de su fuente (pozos, manantiales fuentes) a consecuencia de las bacterias fecales que se encuentran en las manos.