
Las fiestas navideñas que dejamos atrás nos han llenado los cajones de papel de regalo, donde duermen esperando un segundo uso. Si se te está acumulando, reciclarlo puede ser una interesante opción para hacer manualidades ecológicas en estos fríos días de mantita y chimenea.
Darle un segundo uso al papel de regalo suele rimar con el verbo forrar. Allí donde puedas poner un papel de colores para proteger o para lucir, será bienvenido. Ya hablamos de la posibilidad de forrar libros, entre otras posibilidades. Pero aún hay más: podemos forrar latas de comida vacías, y tendremos un original lapicero. Otra cosa que queda bonito forrar son las cajas de cerillas, o incluso puedes darle forma estrecha y rectangular, en forma de marcador de libros, para señalar el punto de lectura o para incluirlo como un obsequio añadido a un libro que regalemos.
Por supuesto, podemos forrar cajas de zapatos u otras cajas feuchas para conseguir lindas cajas de regalo y, hablando de cajas, un uso menos glamouroso pero muy útil es colocarlas debajo de la litera para gatos, así facilitaremos su limpieza.
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Lo medioambiental tiene tirón actualmente, y todo el mundo se está subiendo al carro, la industria cinematográfica a la cabeza. 2012 ha recaudado más de 160 millones de dólares en Estados Unidos (cifras de Rotten Tomatoes) –incomprensiblemente para algunos, entre los que me cuento- con su mitológica trama. Avatar, mejor recibida por la crítica -tampoco lo entiendo-, ya ha superado esa cifra apenas en su segunda semana. En febrero de 2010 se estrena otra películas de corte apocalíptico climático: La Carretera (The Road). Ya os aviso que pese al reciclaje y la reducción de las emisiones, el ser humano ha llevado al planeta a la catástrofe medioambiental y ecológica.
En otras películas apocalípticas suele haber animales salvajes en las calles de las metrópolis, o mejor aún: las metrópolis cubiertas por un manto de grueso musgo. En La Carretera –basada en una novela del mismo nombre, escrita por Cormac McCarthy y galardonada con el Premio Pulitzer en 2007-no hay animales, ni árboles, ni bichos. Apenas hay gente. Porque, no sabemos cómo, hemos eliminado casi toda forma de vida de la faz de la tierra. En la novela tampoco se explica, pero podemos hacer algunas suposiciones.
Por ejemplo: el aire está tan cargado con una suerte de ceniza, que no sólo es casi irrespirable para los pocos humanos supervivientes sino que evita que crezca la vegetación. Es el mismo panorama que debieron temer los habitantes de las grandes ciudades europeas al comienzo de la revolución industrial, con todas esas chimeneas escupiendo carbón quemado. El mismo panorama que deben temer los habitantes de muchas ciudades chinas actualmente, y por la misma razón.
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De acuerdo con un estudio respaldado por Naciones Unidas, llamado The Economics of Ecosystems and Biodiversity (TEEB, la economía de los ecosistemas y la biodiversidad), invertir en la protección de los humedales, los arrecifes de coral y los bosques, podría reportar buenas ganancias. Este es el primer estudio que evalúa el valor económico de los servicios ecosistémicos, es decir, las cosas que algunas partes del mundo natural hacen gratis y de forma sistemática y global, como la purificación del agua potable o la protección de las costas de las tormentas.
Para elaborar el TEEB, los investigadores han evaluado más de mil estudios sobre los ecosistemas que hay e el mundo y analizado los servicios ecosistémicos que ofrecen. Los resultados señalan que, al menos en el caso de las áreas protegidas, se puede obtener un ratio de beneficios de entre 25 y 100 a uno.
El proyecto señala que la pérdida constante de bosques implica en términos económicos la pérdida de entre dos y cinco mil millones de dólares anuales. En cuanto a los ecosistemas marinos, establecer reservas y leyes para protegerlas costaría cerca de 50 mil millones de dólares al año, y el beneficio sería de entre cuatro y cinco trillones de dólares.
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El Informe de los Lugares Más Contaminados del Mundo realizado por el Instituto Blacksmith y la Cruz Verde de Suiza parece haber cambiado de enfoque este año. En vez de resaltar los problemas de contaminación, se enfoca en las soluciones que ya se están poniendo en marcha en doce casos de contaminación en el mundo.
La búsqueda inicial del Instituto Blacksmith identificó 45 posibles ejemplos de éxito potencial, pero de ellos sólo doce aportaron pruebas verificables y confiables de éxito. También ha habido progreso en áreas sin especificación geográfica: la eliminación del plomo de la gasolina y los esfuerzos diplomáticos para eliminar armas químicas.
Entre los lugares listados el año pasado como altamente contaminados, y en los que actualmente se han encontrado evidencias de limpieza y mejora de la calidad medioambiental, están las áreas afectadas por el accidente nuclear de Chernóbil. Allí se han llevado a cabo intervenciones en medicina y educación para mejorar la vida de las personas.

De acuerdo con un estudio realizado por Brenda and Robert Vale, de la Universidad de Victoria, la huella de carbono de un perro es dos veces la producida por un Land Cruiser de 4,6 litros que sea conducido diez mil kilómetros al año. Los profesores en cuestión deben tener como mascota una planta, o quizá un pollo, pues opinan que, para llevar una vida sostenible, los seres humanos sólo deben cuidar de criaturas que se pueden comer.
Esta y otras ideas por el estilo están contenidas en el libro Time to Eat the Dog: The real guide to sustainable living –Tiempo de comerse al perro: la verdadera guía para una vida sostenible- del que los Vale son autores. La pareja ha evaluado las emisiones de carbono generadas por las mascotas, teniendo en cuenta los ingredientes de sus alimentos y el terreno necesario para criarlos.
Propietarios de perros, atentos: un pastor alemán, o cualquier raza de tamaño similar, deja un impacto anual en el medio ambiente similar al de un coche grande. Así, supongo que si cambiase a mi Samo, un teckel de pelo duro, por un sedán mediano, no habría ninguna diferencia.
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Desde vegetales creciendo en la carretera hasta mercados de fruta fresca en plaza central de la ciudad, muchos urbanitas están volviendo a la idea del consumo de producción local. Aunque el cambio vienen impulsándose desde hace muchos años, ha tomado un nuevo matiz con la desaceleración de la economía mundial. Y esta es la razón del nacimiento de una nueva revista: Urban Farm.
Detrás de la revista está un grupo editorial con mucha experiencia en temas ecológicos: Hobby Farms. El enfoque principal de la revista es cómo los habitantes de las megalópolis están convirtiendo estos bosques de cemento y hormigón en lugares en los que crecen los alimentos, más sostenibles y verdes.
La revista analizará las distintas formas de vida sostenible, el crecimiento de la tendencia a producir cultivos orgánicos y al consumo de alimentos locales. En una economía donde las empresas están reduciendo y analizando cada decisión de negocio, siempre pasando por el filtro de la recesión, estos editores están tomando una decisión muy valiente con el lanzamiento de una revista de estas características.
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Hablar del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT para los amigos) es hacer referencia a una de las instituciones más respetadas en el ámbito de la docencia y la investigación a nivel planetario. En este prestigioso enclave se programan durante el curso debates y conferencias que abordan “las cuestiones cruciales de nuestro tiempo, explorando el papel de la ciencia y la tecnología a la hora de promover el cambio social, ecológico y económico”. Es decir, huyen de la frialdad exclusivamente cientificista y adoptan un punto de vista “positivo y ético que estimule el debate sobre las implicaciones de los nuevos descubrimientos científicos y tecnológicos”. Estos encuentros reciben el nombre de The Technology and Culture Forum y son esperados “con expectación”, y no son palabras de un estudiante bisoño y fácilmente ilusionable sino del ensayista Noam Chomsky.
El próximo acto programado en este foro tecnológico se va a celebrar el próximo miércoles 21 de octubre pero su ponente rompe con el modelo de personalidad ilustre e influyente que suele protagonizar estos actos. Eso sí, expectación está levantando y mucha. Su nombre no dice nada a casi nadie, por eso han titulado el encuentro como El Niño que Aprovechó el Viento (como su libro autobiográfico). Se trata de William Kamkwamba, que ya tiene poco de niño –ni siquiera de adolescente- y sí de adulto pues cuenta con veintidós primaveras. Hace ocho años este vecino de un pequeño y remoto pueblo de Malawi creó un artefacto que aprovechaba el viento para proporcionar energía a sus vecinos. Para construirlo se sirvió de todo tipo de materiales que habían sido tirados a la basura, desde cañerías de PVC hasta piezas oxidadas de coches y bicicletas.
Muchas de ellas forman hora parte de su ingenio de energía eólica. Y todo comenzó porque William deseaba leer aunque ya hubiera anochecido en un país en el que la electricidad está lejos de llegar a todos los rincones. Ahora, gracias a su sorprendente talento, en su aldea disfrutan de lo que antes eran lujos inalcanzables como la luz de las bombillas, ver la televisión, bombas de agua con las que regar los campos o cargar los teléfonos móviles. Ya en la veintena, su próximo proyecto quiere combatir el otro gran problema que sufren sus compatriotas: el abastecimiento de agua potable, por ello trabaja en una máquina de perforación que les haga autosuficientes en este aspecto. Y es que este joven bien sabe que esperar ayuda de otros puede ser esperar en vano.

Seguro que el popular osezno regordete y goloso forma parte de tu infancia… como de la de millones de personas. Ahora a su historia se añade un nuevo capítulo, pero para conocer el origen del personaje nos hemos de remontar hasta el verano de 1914, año en que se movilizaron las tropas canadienses con motivo de la Primera Guerra Mundial. Cosas del efecto mariposa: El tren que transportaba al teniente veterinario Colebourn hizo una parada en un pequeño pueblo de Ontario donde descubrió a una pequeña osezna huérfana que compró al asesino de su madre, un cazador de la zona. A la hora de ponerle nombre pensó en la ciudad donde vivía, Winnipeg, y con Winnie se quedó.
Pero aún estamos lejos del nacimiento del personaje: El cachorro se convirtió en la mascota de la brigada, cruzó el Atlántico y, camino del frente, fue dejada –que no abandonada- en el Zoo de Londres. Allí se convirtió pronto en la favorita de los visitantes, así que el veterinario canadiense decidió donarla de forma definitiva. Chris, un niño de cinco años, fue uno de los londinenses que quedó prendado del animal. Su relación fue más allá hasta el punto que la visitaba de forma habitual y los cuidadores terminaron por dejarle pasar dentro del recinto para jugar con ella. Mientras su padre observaba la escena le llegó la inspiración, el padre de Chris no era otro que el escritor Alan A. Milne.
En la década de los treinta la familia Milne se trasladó a Cotchford Farm, en el bosque de Ashdown, rebautizado como el bosque de los Cien Acres en las aventuras de Winnie the Pooh. En ese lugar ambientó Alan las aventuras del oso de peluche de su hijo, que fue la forma que Chris encontró de estar siempre acompañado por su amiga del zoológico. A su lado, el resto de peluches cobraron vida: Tigger, Kanga, el burro Eeyore y el cerdo Piglet (algunos de ellos aparecen en la imagen que ilustra este post). El resto ya es historia conocida por todos: libros, la película de animación de Disney (que añadió a la pandilla al topo Gopher) y el fallecimiento de Alan A. Milne a mediados de los años cincuenta y, con él, las aventuras del osezno amante de la miel (curiosamente, la Winnie real prefería la leche condensada).
Continuar la lectura: Winnie the Pooh regresa al bosque de los Cien Acres tras hibernar ochenta años

Entre las 100 especies aparecen en los primeros lugares: las ascidias, la abeja de la miel, la pimienta negra y los escarabajos de estiércol. También se incluyen especies muy repudiadas pero que no dejan de ser formas de vida, como el virus del VIH, los mosquitos y el herpes.
Christopher Lloyd, el autor del libro, dijo que quería mostrar la vida en la Tierra de una manera fría y técnica, atando hilos sueltos en la historia de la Evolución, recorriendo miles de millones de años desde la ameba hasta los elefantes, terminando con la última cepa de la gripe. Para evaluar las especies tomo en cuenta la longevidad, el impacto que han tenido en el planeta, el éxito de su evolución y su distribución geográfica.
La lombriz de tierra, que ha estado presente en la tierra durante 600 millones de años, es el campeón de los campeones. Ha proporcionado un modelo biológico que es fundamental para muchas otras especies, incluidos los seres humanos. El Sr. Lloyd señaló que las lombrices de tierra han sobrevivido cinco grandes cataclismos y, gracias a ellas, podemos cultivar nuestras tierras.

El paso de niño prodigio de la pantalla a adulto no es tarea fácil. Seguro que te vienen a la cabeza un buen puñado de ejemplos de muy diferentes épocas: Las agitadas vidas de Mickey Rooney o Liz Taylor, el giro ideológico de Pepa Flores (alias Marisol), el descenso a los infiernos de Judy Garland o Joselito, la precocidad para la mala vida de Macaulay Culkin y Drew Barrymore o esas grotescas fashion-victim que son las gemelas Olsen,… Cada loco con su tema, que cantaba Serrat. Nuestro protagonista formó parte del reparto de la serie norteamericana Growing Pains (en España, Los Problemas Crecen) en la década de los ochenta y toda una generación de adolescentes forraron sus carpetas y las paredes de su habitación con sus pósters y fotos recortadas.
Pero su imagen de joven rebelde y ocurrente –su personaje cumplía todos los tópicos del caradura simpático- ha dado paso a un adulto (38 años de edad y seis hijos) que presume de integrismo católico y de creacionismo militante. Tan militante como para convertirse en la imagen pública de una campaña que intenta desacreditar la teoría de la evolución de Darwin, universalmente aceptada por la comunidad científica, en favor de la historia bíblica tomada de forma literal. No deja de ser curioso que la campaña se centre en las cincuenta universidades más importantes de Estados Unidos, precisamente el centro del saber y la racionalidad. El día D será el próximo 19 de noviembre, jornada en la que organizaciones religiosas de todo el país repartirán cincuenta mil libros “entre los futuros médicos y políticos del país”. Es decir, precisamente aquellos que ocuparán los cargos dirigentes en unos años. El libro que distribuirán es una versión comentada de El Origen de las Especies, de cuya publicación se celebran en 2009 ciento cincuenta años.
Este libro concentra los odios de los creacionistas pues, como Cameron sentencia: “El ateísmo va en aumento y la Biblia de los ateos es El Origen de las Especies”. Cierto, no está mal como libro de cabecera. Como apoyo a la campaña, ya viaja por la red un vídeo en el que el actor asegura que “el ateísmo evolucionista está lavando el cerebro a una generación entera cambiando así radicalmente la cultura de nuestra nación”. Todo un ejemplo de visión sesgada. Como ya habrás podido deducir, no se trata de una iniciativa individual de Kirk Cameron sino de una campaña orquestada que se vale de la antigua popularidad del actor para hacerse notar. El autor de esa revisión desde una mirada medieval del ensayo de Charles Darwin es Ray Comfort, verdadero ideólogo de la campaña, el discurso creacionista y el sitio web Livingwaters.
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Cuanto más tarde se vacíe tu caja de pañuelos de papel, mejor que mejor para el medio ambiente, para tu salud y para tu bolsillo. Para cuando se acaben, porque todo en esta vida tiene un final, en EcologíaBlog te damos algunas ideas de reciclaje para que la caja no acabe en la basura.
Ahora que se acercan las gripes de todo pelaje (porcinas y tradicionales), el ahh-chu! va a hacernos echar mano de todo tipo de pañuelos. Si eres un ecologista activo sabrás que el pañuelo de tela es mucho más respetuoso con el medio ambiente, pero si aún sabiéndolo sucumbes a los pañuelos de papel en cajas o los utilizas para usos cosméticos, te conviene conocer maneras de reciclar el bonito cartón decorado de sus cajas.
Sacar el máximo provecho a las cajas de pañuelos es sencillo. Con un poco de imaginación y unas tijeritas podemos hacer cosas interesantes. Incluso sin ellas, pues una simple caja abierta puede ser un divertido juguete para que tu mascota se cuele dentro de ella (el gato de la fotografía se ha dormido después de mucho jugar).
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Hace mucho tiempo leí un libro que me provocó varios días de ansiedad. Se llamaba La isla de los ciegos al color –Oliver Sacks, 1997- y describía con una excelente combinación de narrativa y ensayo científico la –complicada- vida de los habitantes de una isla de Micronesia, Pingelap, cuyos habitantes sufrían de acromatopsia (os juro que he recordado el nombre de la enfermedad sin ayuda de Internet), es decir, no podían ver los colores. Ha sido lo primero en lo que he pensado cuando he leído la noticia de que unos monos que sufrían de lo mismo pueden ahora ver en technicolor gracias a una terapia genética.
Si Sacks lo hubiera sabido, la de gafas de sol que se habrían ahorrado en Pingelap. Porque recuerdo que, entre otras muchas desventajas, la acromatopsia hacía a los isleños muy sensibles a la luz solar. Lo mismo les pasaba a Dalton y Sam, dos monos ardilla machos y adultos, que eran ciegos al color rojo. Al igual que los ojos humanos, los ojos de los monos contienen conos que a su vez contienen fotopigmentos que puede detectar longitudes de onda de luz específicas. En Dalton y Sam, había conos incapaces de detectar la luz roja.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Washington inyectaron genes humanos en los ojos de los monos. Cinco meses después, ambos podían ver el color rojo. Dado que los ojos y el cerebro de los monos son similares a los humanos, al menos en términos de visión de color, los investigadores creen que el mismo procedimiento podría funcionar en seres humanos.
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