En la australiana ciudad de Melbourne, las mariposas salen de sus capullos diez días antes que hace 65 años. Se trata de una observación científica que, según un nuevo estudio, revela la presión humana sobre el clima.
La Universidad de Melbourne ha dado una noticia que supone un aldabonazo a la conciencia de la humanidad. Que las mariposas salgan antes o después de sus capullos ha servido a los científicos para establecer una relación causal entre este episodio de la naturaleza, el aumento de los gases de efecto invernadero y el aumento de las temperaturas.
Así, según este trabajo, que se publica en la revista Biology Letters, el calentamiento global explicaría el adelantamiento de la fecha en la que las orugas abandonan sus crisálidas convertidas en bellas mariposas.

Un grupo de científicos australianos y franceses han presentado evidencias de que los volcanes submarinos -como el West Mata, cuya erupción podéis ver en el vídeo- son una gran fuente de hierro para el fitoplancton, plantas unicelulares que lo necesitan para florecer y, en el proceso, absorben CO2.
Así, una gran red de volcanes en el sur de los océanos tiene un papel importante en la absorción de grandes cantidades de dióxido de carbono, uno de los principales gases de efecto invernadero. La región del océano entre Australia y la Antártica es una de las más activas en absorción de CO2, una capacidad del océano en general, que puede absorber un cuarto del CO2 que produce el hombre con la quema de combustibles fósiles y la deforestación.
Aunque hay otros estudios que muestran que el hierro es liberado por los volcanes submarinos, los autores de éste en particular sostienen que ningún otro ha considerado ese efecto a un nivel global y ha considerado su importancia en el almacenamiento de carbón del sur del océano.
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La imagen que ilustra este post no está sacada de un cómic futurista, y podría hacerse realidad en cuatro décadas. Es del Instituto australiano de arquitectura, y recrea, de forma optimisma, cómo será la vida en aquel país en el 2050 a consecuencia del cambio climático.
Eso, en el mejor de los casos, es decir, si Australia sabe adaptarse a las muchas e importantes transformaciones que le esperan. Hablamos de inmigración, lo que conllevará un importante aumento poblacional (hasta los 35 millones de habitantes) y de una mayor contaminación, así como de inundaciones costeras, pérdida de playas, incluso desaparecerá la región turística conocida como Costa de Oro.
Habrá, también, una drástica disminución de la tierra cultivable, que disparará su valor, y se tendrá que usar el espacio que hay junto a los edificios para cultivar alimentos e, intentando ganar espacio al invasivo océano, las personas vivirán en casas construidas en islas flotantes y viajarán en vehículos monorail sobre el mar.
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Donde dijimos muerte, decimos vida. Allí donde se habló de extinción, ahora ponemos unas gotitas de esperanza. Si hace poco más de dos meses supimos que el cáncer facial podría acabar con el demonio de Tasmania, hoy científicos australianos anuncian el descubrimiento de una colonia con rasgos genéticos especiales, que podrían salvar a la especie.
Amenazado por un terrible cáncer, el demonio de Tasmania padecía unos tumores mortales causados por las células que protegen a los nervios. Para la especie, lo grave del problema era que se trataba de un cáncer que se transmitía por contacto físico, causando la muerte del 60% de estos animales en la última década.
Este ritmo significaba el final de la especie en tan sólo unas décadas. Pero los cosas podrían cambiar a mejor. Según explican los científicos, hasta el momento, una colonia en el estado noroeste de Tasmania ha demostrado ser inmune a este cáncer. En palabras del investigador principal, Kathy Belov:
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En la Australia rural se ha descubierto una colonia de una especie de rana que se creía extinta desde hacía treinta años. En estos tiempos de sequía y tormentas de arena que corren, la noticia es tan buena en la gran isla de Oceanía que hasta la ha comentado el señor ministro de medio ambiente y cambio climático, Frank Sartor, quien ha recordado la importancia de proteger los hábitat naturales.
Luke Pearce, un funcionario local de conservación de pesca, se tropezó con una de las ranas en octubre de 2008 mientras investigaba una especie de pez en peligro de extinción en las mesetas del sur del estado de Nueva Gales del Sur. Pearce regresó a la zona en la misma temporada en 2009 con expertos que confirmaron que era una colonia de alrededor de 100 ranas Bell de lunares amarillos (Litoria castanea, la de la foto es una litoria aurea).
Dave Hunter, funcionario de especies amenazadas del Departamento de Cambio Climático y Agua, aclaró que el hallazgo no se había hecho público hasta ahora para esperar a que se establecieran medidas de conservación para proteger a la especie de la caza. Siete de las 216 especies de ranas conocidas en Australia han desaparecido en los últimos 30 años.
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Buenas noticias desde la madre naturaleza: la fauna y vida coralina de una tercera parte de la Gran Barrera de Coral, que no sólo es el sistema coralino más grande del planeta sino también la estructura única conformada por organismos vivos más grande del mundo, está regenerándose gracias a las estrictas prohibiciones de pesca que se establecieron en la zona, en la costa noreste de Australia, en 2004.
Así lo señala un informe del Centro Australiano de Investigación del Centro de Excelencia para Estudios de Arrecifes de Coral y la Autoridad del Parque Marino Gran Barrera de Coral. Crece la esperanza de que tanto años de desaparición de vida puedan ser revertidos. El estudio, publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (Proceedings of the US National Academy of Sciences), muestra que esta tercera parte tiene más peces y más grandes, y se evidencia menos daños en los corales.
Los investigadores australianos dicen que sus resultados demuestran que las zonas de no pesca en lo absoluto han tenido un beneficio significativo. Laurence Cook, autor principal del informe, advirtió sin embargo que los corales continúan estando amenazados por el cambio climático, pues el aumento de las temperaturas del agua y su acidificación blanquea el coral e impide su crecimiento.

En la víspera de recibir la visita del Ministro de Relaciones Exteriores de Japón, Katsuya Okada, el primer ministro de Australia, Kevin Rudd, ha pedido al país asiático que se comprometa a detener la caza de ballenas -de la que dice tener pruebas fotográficas y en vídeo- o de lo contrario enfrentará una acción judicial internacional este mismo año.
La flota ballenera de Japón ha estado involucrada en fuertes enfrentamientos con activistas de los derechos de los animales en las últimas semanas. El penúltimo de estos encuentros terminó con el bote de alta velocidad de la Asociación Conservacionista Sea Shepherd partida en dos tras ser embestida por un ballenero japonés. Rudd declaró a la estación de televisión Canal 7 que Australia está dispuesta a trabajar con los japoneses para reducir, mediante la negociación, las capturas actuales a cero. Pero añadió:
Si eso no funciona - y lo digo sin rodeos y muy claramente en su programa hoy - si eso no funciona, entonces tendremos que iniciar una acción judicial antes del comienzo de la temporada de caza de ballenas en noviembre de 2010. (Traducción propia)

En Australia nadie quiere a los sapos de caña. Son tóxicos, se reproducen con asombrosa rapidez y están acabando con la fauna nativa. Después de estrategias varias, los conservacionistas pueden haber dado con la solución: la comida para gatos y una pizca de crueldad.
Unos científicos de la Universidad de Sydney han sugerido que colocar comida para gatos cerca de los estanques habitados por los sapos, especie invasora, atraerá a las hormigas carnívoras, que además son inmunes a la piel venenosa de los sapos. Las hormigas atacarán y se comerán a los renacuajos.
Si la propuesta no ha causado desagrado será porque, como ya dije, a los sapos caña nadie les tiene mucho aprecio. Y porque es una medida desesperada, ya que los científicos han intentado durante años hallar una manera de librarse de la tóxica plaga.
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Por divertido que parezca, mejor no te metas entre los cañaverales por donde sospeches que corren las ratas. No es broma, un inocente paseo puede convertirse en una pesadilla si coges la leptospirosis, enfermedad común entre agricultores y ganaderos, y cada vez más contraída por ecoturistas y excursionistas.
El creciente contagio de leptospirosis por personas ajenas a la agricultura y la ganadería ha sido la conclusión de un reciente estudio realizado por la Universidad de Queensland, y que considera la enfermedad como un problema cada vez más peligroso para los viajeros.
El equipo de científicos, dirigido por Colleen Lau, ha descubierto la enfermedad, conocida popularmente como la enfermedad de las ratas de cañaveral, está propagándose durante la última década a consecuencia del ecoturismo y los viajes internacionales.

No imagino cómo reaccionaría yo si tuviera a un cacho tiburón delante. O, mejor dicho, lo raro sería poder reaccionar ante semejante fila de estiletes, perdón, de dientes. Patricia Trumbull no sólo lo hizo, sino que además logró espantarlo. Defenderse del escualo con “puñetazos, golpes y puñetazos” le salvó la vida, relata esta mujer australiana de 60 años de edad.
Aunque acabes lleno de mordeduras, sobrevivir al ataque de un tiburón es casi un milagro, en este caso ocurrido gracias a unos contundentes puñetazos. Y no, Patricia no es la hija de Mazinguer Z, sus puños fuera han dado resultado como podrían no haberlo hecho: hay quien aconseja hacer movimientos bruscos para evitar que un tiburón se te zampe, pero esta acción también puede atraer más tiburones hacia la presa.
El ataque se produjo mientras Patricia buceaba cual sirena en las paradisíacas Islas Whitsunday, un lugar muy popular para el sumarinismo, situado en Queensland (Australia).

Unos helicópteros rociarán 42 toneladas de veneno para ratas sobre la isla Lord Howe, a 800 millas de la costa de Sydney, Australia, una pequeña isla considerada por muchos como uno de los lugares más bellos del mundo,. La razón es evidente: tiene un problema de ratas. De tal magnitud, que las autoridades de la isla están dispuestas a llevar a cabo este exterminio a gran escala, esperando poder evitar muertes colaterales de vida silvestre.
El exterminio, que aún tiene que ser aprobado pero al que nadie parece haber encontrado opción, está previsto para agosto de 2012. Se cree que las ratas fueron introducidas en la isla en barco en 1918, y desde entonces se han multiplicado hasta alcanzar un número inmanejable. Según el Fondo Mundial para la Naturaleza, son responsables de la desaparición de cinco especies de aves, así que son la mayor amenaza para la vida silvestre en la isla.
También son una amenaza para la industria del turismo de una pequeña isla que se enorgullece de su imagen impecable y cuenta con una población de sólo 350 residentes permanentes. Los helicópteros rociarán el veneno en zonas despobladas, mientras que en las regiones pobladas será dispersado a mano.

El cambio climático reseca más de la cuenta unos lugares o hace todo lo contrario en otros, dandoles ración extra de nieve. Pero la cosa no acaba aquí, porque además de hacernos sufrir estos extremos, existe una relación entre la sequía y aumento de nevadas, asegura un estudio.
De acuerdo con este reciente estudio, el aumento de las nevadas en la Antártida está relacionado con la terrible sequía que viene padeciendo el sur-oeste de Australia Occidental, ambos fenómenos provocados por la acción del ser humano.
Tas van Ommen, científico de la División Australiana Antártica sostiene que ello es consecuencia de que hay un modelo de circulación atmosférica que mueve el aire caliente y húmedo desde el mar de Tasmania, cerca de Nueva Zelanda, al este de la Antártida. Es decir, un viento frío y seco se dirigiría a Australia, mientras el aire húmedo y cálido llegaría a la zona antártica.