
El Programa 21 de Naciones Unidas tiene como objetivo principal promover el desarrollo sostenible. Como señala Michael G. Schechter en Pollution Issues, el programa aboga por la creación de la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible, cuyas funciones incluyen llevar a cabo negociaciones para un tratado sobre la desertificación, un problema que afecta a muchos países en desarrollo. El Rally Dakar, por ejemplo, fue señalado como contribuidor de la desertificación en los países de la costa occidental de África por los que pasaba.
El 20 de junio se realizará la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, así que el Programa 21, sus objetivos y aplicación actual, serán objeto de debate este año. El programa parece velar por el bienestar futuro de todos los que habitamos este planeta, el propio planeta incluido. Entonces, ¿por qué ha sido objeto de críticas por parte tanto de conservadores, ultracapitalistas, ecologistas y socialistas?
Para empezar, el Programa 21 no es jurídicamente vinculante, es decir, su cumplimiento no es obligatorio, lo que lo convierte en papel mojado en potencia. Además, según Schechter, también se critica que el programa presta excesiva atención al calentamiento global, el crecimiento demográfico y la extinción de especies, evidenciando así parcialidad hacia los intereses de las naciones desarrolladas. Otro frente de crítica, uno de los más controversiales, está representado por los liberales. Alex Newman, de The New American, lo explica:
La “Sostenibilidad” es a menudo promovida por los partidarios de la protección del medio ambiente para las generaciones futuras. Pero para los críticos -especialmente en Estados Unidos, donde las sospechas sobre el Programa 21 y el organismo mundial [ONU] son profundas- es un término utilizado por la ONU y sus aliados para ocultar una agenda mucho más siniestra: expandir perpetuamente el control del gobierno sobre los recursos naturales y el desarrollo económico, mientras que la libertad individual es reducida y el poder se consolida a nivel mundial.
Vía | www.thenewamerican.com
Vía | www.pollutionissues.com
Fotografía | United Nations Photo

Sabemos que el cambio climático amenaza la paz y la seguridad mundiales. Su potencial para provocar guerras y deteriorar ecosistemas vitales para la supervivencia de millones de personas preocupa a expertos, a organismos internacionales y, cómo no, a los países hegemónicos. Pero este tipo de amenaza no es nueva, pues según un nuevo estudio, ciclos climáticos como el de El Niño ya nos han traído conflictos en grandes zonas del planeta.
En este caso, se habla de conflictos armados que suelen derivar en guerras internas. En promedio, el estudio afirma que El Niño duplica las posibilidades de que se produzcan este tipo de enfrentamientos.
De acuerdo con el estudio, elaborada por científicos del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia (Estados Unidos), estos ciclos climáticos aumentan las temperaturas y favorecen que salte la chispa. “Es la primera demostración de que la estabilidad de las sociedades modernas depende en gran parte del clima global”, señalan.
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Cuando al gigante amarillo le van bien las cosas, elefantes y rinocerontes tienen mucho que perder. Y, desgraciadamente, así ha sido …y está siendo. Los cazadores y traficantes de marfil y cuerno de rinoceronte están haciendo el agosto como consecuencia del boom económico que vive China en los últimos años.
Según un estudio del comercio del marfil, la caza furtiva de estos animales en África y Asia está siendo impulsada por China, el mayor importador de marfil ilegal en el mundo. El comercio ilegal de sus restos, por ejemplo, se ha disparado en las ciudades de Guangzhou y Fuzhou y, en general, los artículos de marfil ilícitos se ha más que duplicado en el sur de China desde 2004, mientras el precio del cuerno de rinoceronte se ha disparado su precio.
El informe fue encargado por las ongs británicas Elephant Family y la Fundación Aspinall, así como por el Zoo Columbus de Ohio (Estados Unidos), y sus resultados se difunden la víspera de una reunión organizada por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites) en Ginebra sobre el comercio de especies amenazadas.
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Actualmente, en Sri Lanka cada vez son menos los elefantes condenados a trabajar en el campo, paseando a turistas, en ceremoniales o esclavizados en residencias privadas, pero los conservacionistas opinan que todavía sigue habiendo demasiados. Es más, denuncian que la cosa puede empeorar, porque según éstos el primer censo del país esconde la intención de capturar y domesticar a los animales más jóvenes.
¿Necesidad de ejemplares jóvenes o interés por proteger a la especie? Los defensores de los animales lo tienen claro, y hasta tal punto ha llegado el enfado que niegan su ayuda en el conteo y gritan al mundo la “verdadera razón” del censo.
Mucho se temen que eso de contar elefantes sólo sea una “cortina de humo” para maltratar a los animales, mientras el Departamento de Vida Silvestre niega las graves acusaciones y declara que seguirá adelante con su tarea, con o sin su ayuda.
Carros tirados por caballos funcionan como camiones de la basura en Schaerbeek, un barrio de la capital belga, Bruselas, donde la administración local ha decidido apostar por esta ecológica alternativa, que no tiene nada contentos a los defensores de los animales.
Este suburbio de Bruselas ha invertido 50.000 euros en dos caballos, establos y carros para la recogida de la basura, un gasto que esperan rentabilizar a largo plazo, ya que las autoridades están convencidos de que el nuevo servicio vale la pena por dos motivos principales: poluciona menos y, una vez amortizado, también resultará más económico.
La iniciativa forma parte de la vuelta a este medio tradicional de transporte que está haciendo furor en algunas ciudades francesas y belgas. Desde hace unos años, los ¿pobres? caballos tiran de taxis o ambulancias, y han vuelto a remolcar mini autobuses escolares, carros para la basura o, por ejemplo, para la recogida de ramas o césped recién cortado.
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Hace sólo cinco años atrás, Charles Monnett era conocido por sus estudios sobre como los osos polares se ahogaban en el océano Ártico y fue un gran impulsor del movimiento contra el calentamiento global. Ahora, el biólogo tiene en frente una suspensión de licencia y un caso abierto por supuesta mala conducta científica, presumiblemente por la veracidad de los artículos que publicó sobre sus observaciones en el Polo Norte.
La Oficina Nacional de Administración, Regulación y Aplicación de Energía Oceánica (BOEMRE por sus siglas en inglés), para la que trabaja Monnett, le dió una baja temporal esperando los resultados de la investigación que pesa sobre él. La BOEMRE, también conocida como la Oficina de Energía Oceánica, es una agencia estatal que gestiona la explotación de gas natural, petróleo y otros recursos minerales de la plataforma continental externa de Estados Unidos. Con sede en Washington, la Agencia recibe la mayor parte de sus ingresos por el arrendamiento a compañías petroleras y de gas natural. Es una de las fuentes de ingresos más importantes del gobierno y muchas veces ha sido cuestionada por estar muy cercana a los intereses de grupos privados.
Los investigadores aún no han dicho cuales son los cargos específicos que ponen en cuestionamiento la integridad del conocido científico y esa es una de las razones por la cual el representante legal que defiende casos de interferencia política a científicos en Estados Unidos, Jeff Ruch, quiere denunciar a la agencia argumentado que ha sido inhabilitado sin recibir cargos, ni ser interrogado.

Los congresistas del Partido Republicano en la Cámara de Representantes de Estados Unidos están preparando un proyecto de apropiación con 39 maneras de reducir significativamente la regulación ambiental. De acuerdo con The New York Times, una de esas vías impediría a la Oficina de Administración de Tierras designar nuevas zonas silvestres para su conservación. Otra podría restringir seriamente la capacidad del Departamento del Interior para vigilar la minería de remoción de cima de montaña (Mountaintop removal mining).
La naturaleza del planeta es patrimonio de todos. En el caso particular de Estados Unidos, este país tiene jurisdicción sobre algunos de los territorios más valiosos y sensibles de la Tierra. El ejemplo más emblemático es el estado de Alaska, flanqueado, entre otros, por el mar de Bering, el mar de Chukchi, el mar de Beaufort y el Océano Ártico. Es el reino del oso polar.
The New York Times también informa que el gobierno federal de los Estados Unidos ha suspendido de sus funciones a Charles Monnett, biólogo de fauna silvestre que en 2004 preparó un informe para la revista arbitrada Polar Biology después de ver cuatro osos polares ahogados durante un reconocimiento aéreo de ballenas de Groenlandia en el Mar de Beaufort. Su informe llamó la atención de conservacionistas y organizaciones ecologistas sobre el impacto del derretimiento del hielo ártico sobre la supervivencia de los osos polares.
El periódico dice que las regulaciones ambientales y la Agencia de Protección Ambiental han sido la perdición de los republicanos del famoso Tea Party casi desde el principio. Los republicanos han tratado de controlar a la EPA en todos los ámbitos, a través, por ejemplo, de una propuesta para quitarle la capacidad de decidir si las cenizas de carbón pueden ser designadas material tóxico.
Vía | www.nytimes.com
Fotografía | JW Randolph
¿Un porvenir sombrío para la actividad nuclear? Todo lo contrario. Optimismo y crecimiento son, más bien, las palabras que definen el futuro de la energía atómica, a juicio de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA). En su reciente visita a la accidentada planta de Fukushima, el director de este organismo estima que el número de reactores nucleares no cesará de aumentar en los próximos años en todo el mundo.
Como era de esperar, Yukiya Amano, director del AIEA, se distanció de planteamientos verdes como el de Alemania o Australia, que están dando la espalda a la energía nuclear y a la industria del carbón en favor de las energías renovables. Para Amano, la crisis nuclear nipona ni justifica ni debe conducir a un abandono de la energía atómica, cuyo impulso considera imparable.
Así de taxativo se mostró el jefe de la AIEA, coincidiendo con su inspección a la planta de Fukushima. Eso sí, no deja de advertir sobre la importancia de reforzar la seguridad de las plantas y, por otro lado, reconoce que el ritmo “no será tan rápido” como antes.
Como dice aquella frase, más vale perder, que más perder. En este caso, la quema de cinco toneladas de marfil por el gobierno keniata es poca pérdida comparado con lo que se pretende: luchar contra la caza de elefantes y el tráfico de marfil en África.
El material quemado (335 colmillos de elefante y más de 41.000 tallas) está valorado en 16 millones de dólares y estuvo almacenado durante casi una década en Kenia, esperando este insólito final. Sus dueños, miles de elefantes, fueron víctimas de los furtivos, pero su destino no sería alimentar el voraz mercado oriental. Tras ser confiscados en Singapur en el 2002, aguardaban ser convertidos en cenizas en la que ha sido la segunda gran incineración de marfil llevada a cabo por el gobierno.
Emulando la quema de un acopio de marfil de Zambia en 1992, Kenia ya quemó en 1989 unas 12 toneladas de colmillos como preludio de la prohibición del comercio de marfil en Kenia, pero la ley no ha sido obstáculo para las mafias que han diezmado su población en todo el continente.
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Si la nueva ley de Residuos fuera un vestido, a los ecologistas les parecería tan caro como estrecho, y demasiado largo a los fabricantes de bolsas de plástico. Para el portavoz de Medio Ambiente, sin embargo, el traje tiene una hechura muy favorecedora, y es perfecto para un plan que define como “el camino hacia la sociedad del reciclado”. La normativa obliga a llevar a cabo la recogida separada por materiales (papel, plástico, vidrio y metales) antes de 2015, así como la progresiva eliminación de las bolsas hasta 2018. También se abre la puerta a la devolución de envases usados, como se hacía antes.
Este buscar trajes a medida viene porque el Parlamento aprobó ayer la Ley de Residuos y Suelos Contaminados, que supuestamente actualiza la legislación para hacerla más “ambiciosa y eficaz”. Así, al menos, la define el Ministerio del Medio Ambiente en la nota de prensa difundida. Bonitas palabras, quizás demasiado, a juzgar por cómo ha sido recibida esta ¿benefactora? lluvia: cuatro gotas para el mundo ecologista y devastadora tormenta para los fabricantes de bolsas.
¿Pero, qué les molesta a unos y a otros? Las novedades que trae la normativa tienen una pinta estupenda. Igual opina Comisiones Obreras, que aplaude el texto por considerar que profesionalizará el sector y generará hasta 14.000 empleos verdes. Justo lo contrario que temen los fabricantes de bolsas biodegradables y de un sólo uso: pérdidas de empleo del que es un importante productor a nivel europeo.