
EADS Astrium, la empresa espacial más grande de Europa, dice que ha desarrollado un sistema de satélites que recogería la energía del Sol y la transmitiría a la Tierra a través de un láser infrarrojo, para proporcionar electricidad. El sistema no está todavía en fase operativa, según ha dicho el jefe ejecutivo de la empresa, François Auque, a la BBC. La empresa necesita un socio inversor para desarrollar la fase final y probar el satélite.
La ventaja más evidente de un satélite con la capacidad de un panel solar es que la cantidad de energía que cae sobre las células fotovoltaicas en órbita es considerablemente mayor que la que cae sobre los mismos paneles solares colocados en la superficie de la Tierra. En el espacio, la incidencia de la luz no se ve afectada por los factores que sí la afectan en la tierra, tales como las nubes, el polvo o los efectos de filtrado de los gases atmosféricos.
Las críticas al sistema señalan, no obstante, el costo del lanzamiento del satélite, el montaje de las centrales solares en órbita y las dudas relativas a la seguridad en torno a los métodos de transmisión inalámbrica que utilizan microondas. Sin embargo, la BBC cita la respuesta de Astrium a estas cuestiones: el uso de láseres infrarrojos podría reducir el riesgo con respecto a la transmisión.

Un equipo de científicos ha presentado una propuesta a la NASA para poner un barco en el mar de Titán, una de las lunas de planeta Saturno. Según la BBC, el explorador se conocerá como Mare Titan Explorer (TIME).
El terreno a explorar sería Ligeia Mare, un vasto cuerpo de metano líquido situado en el extremo norte de la luna más grande de Saturno. El concepto se propuso a la agencia espacial de Estados Unidos para una futura misión que pondrá a prueba un nuevo sistema de energía. Sería la primera exploración de un mar más allá del planeta Tierra.
El proyecto está previsto como un esfuerzo relativamente de bajo coste, se situaría en la gama baja de los 400 millones de dólares para una misión espacial. Si la propuesta es aprobada, se podría iniciar en enero de 2016, y hacer pruebas de sobrevuelos en Júpiter para medir el impulso que tendría que tener el vehículo durante un Splash Down en la luna Titán, en junio de 2023.
Continuar la lectura: Un barco podría explorar los mares de la luna Titán de Saturno

Las agencias espaciales y Google están colaborando en un proyecto internacional para controlar los bosques mediante vigilancia por satélite. La NASA de los Estados Unidos, la Agencia Espacial Europea (ESA) y las agencias espaciales nacionales de Japón, Alemania, Italia, India y Brasil, se encuentran entre los participantes de esta iniciativa. Siete países actuarían como proyectos piloto en su primer año de funcionamiento: Australia, Brasil, Camerún, Guyana, Indonesia, México y Tanzania.
La deforestación que azota a los grandes pulmones del planeta es culpable de una quinta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero. La naturaleza nos retribuye el daño que le hacemos, porque mientras las plantas son benévolas en vida gracias a sus propiedades para absorber carbono, del mismo modo liberan este gas contaminante cuando se queman o se pudren.
Según José Achache, director del Group on Earth Observations (GEO), la única manera de medir el tamaño y la densidad de los bosques de forma eficaz es desde el espacio. Para que estas mediciones desde el espacio se realicen, es necesaria la colaboración de los gobiernos y organismos espaciales como la NASA.
Continuar la lectura: Agencias espaciales y Google colaboran para salvar los bosques

Kieran Cooke, de la columna Green and Confused del diario inglés The Times, ha recibido una pregunta que a todos debería habernos cruzado la cabeza alguna vez: ¿qué pasa con los satélites que los humanos lanzamos al espacio, una vez que ya no están en uso? Bueno, la buena noticia es que hay pocas posibilidades de que caigan sobre alguno de nosotros. La mala, que se están convirtiendo en un problema medio ambiental. Como que no tenemos suficiente espacio para contaminar aquí abajo, tenemos que ir a contaminar allí arriba.
Con respecto a la buena noticia, si alguno de los satélites fuera de servicio llegase a caer hacia la tierra se incendiaría al entrar en la atmósfera. Sin embargo, la cantidad de basura que hay en el espacio debe ser considerable, aunque la NASA no esté segura de cuánta exactamente se ha acumulado desde que los soviéticos lanzasen el primer satélite en 1957. No sólo hay piezas de satélites y otros aparatos, sino también lo que éstos dejan tras sí, fluidos humanos incluidos.
Naciones Unidas tiene una agencia, la Inter-Agency Debris Coordination Committee, que emplea sofisticados satélites para seguir el rastro de los desperdicios espaciales, y puede detectar objetos hasta del tamaño de una pelota de tenis. Pero los objetos más pequeños no se pueden detectar, y si alguno choca o se rompe, crea aún más basura. El vídeo que os dejo después del salto ilustra claramente la situación del espacio derivada de nuestra manía contaminadora.
Continuar la lectura: ¿Qué pasa con los satélites cuando están fuera de servicio?

La parte más estrecha del puente de hielo que unía la llamada plataforma Wilkins con la Antártida se ha roto, y su colapso definitivo parece inminente, a tenor de las imágenes por satélite captadas por el satélite Envisat de la Agencia Espacial Europea (ESA), que muestran el rápido avance de las brechas abiertas en hielo. Los científicos apuntan como causa al aumento de temperaturas debido al calentamiento global.
El Envisat registró importantes cambios en la barrera de hielo a lo largo de 2008. En febrero, 425 km2 de hielo se desprendieron dejando el puente de hielo en su parte más estrecha reducido a una anchura de sólo 6 km. A finales de mayo, otro pedazo de hielo (que medía 160 km2) se desgajó y la anchura del puente se vio limitada a sólo 900 m en su punto más estrecho. La semana pasado hubo nuevos desprendimientos, y desde entonces la alerta y atención se han disparado.
En palabras de la Dra. Angelika Humbert, del Instituto de Geofísica de la Universidad de Münster:
En los últimos meses, hemos observado que el puente de hielo se deformaba y que su punto más estrecho actuaba como una especie de bisagra. Durante el último año, la plataforma de hielo ha perdido aproximadamente 1.800 kilómetros cuadrados, o aproximadamente el 14% de su tamaño. Las rupturas acontecidas en febrero y mayo de 2008 en unas pocas horas, dejaron el resto del puente de hielo en una situación frágil. La evolución de las grietas durante el mes de octubre y noviembre es el resultado, presumiblemente, de la pérdida de 1.220 kilómetros cuadrados en la parte norte del hielo en junio y julio de 2008. (Traducción libre)
Continuar la lectura: Colapso inminente del puente de hielo de la plataforma Wilkins en la Antártida

Si hace unos días les narrábamos el fracaso en que acabó el proyecto de la NASA que pretendía estudiar el cambio climático mediante un satélite, hoy volvemos a tener nuestras esperanzas en un nuevo satélite espacial. Se trata de un proyecto de la Agencia Espacial Europea (ESA) conocido como GOCE (Explorador de la Circulación Oceánica y la Gravedad, siglas en inglés) que debería alcanzar la órbita terrestre esta mañana.
El mismo día que el Discovery de la NASA viaja hacia la estación internacional espacial, la ESA hará el lanzamiento del satélite en el cosmódromo ruso de Plesetsk, a menos de 1000 kilómetros de Moscú. El GOCE orbitará a 260 kilómetros de altura, la cuota más baja alcanzada por naves de este tipo -aunque no se descarta que hayan satélites espías que puedan reducir esta altura.
El GOCE tiene por objetivo estudiar los efectos de la gravedad en la superficie terrestre. Con sus potentes sensores, se pretende conseguir un gran mapa de la superficie actual del planeta. El satélite mide la gravedad según la fuerza que la Tierra intenta acercar el astro metálico hacia ella.
Continuar la lectura: Satélite europeo estudiará el cambio climático

La NASA y Cisco Systems Inc. (empresa multinacional estadounidense dedicada a la fabricación, venta, mantenimiento y consultoría de equipos de telecomunicaciones) anunciaron recientemente que pretenden aliarse para crear una plataforma de supervisión global en línea con el fin de registrar, reunir y recabar datos acerca de las condiciones ambientales mundiales y el cambio climático. Llevará por nombre Planterary Skin o Piel Planetaria.
La plataforma contará con sensores instalados en satélites pero también en el mar y en la tierra. Aseguran que toda la información que reúna será accesible para el público en general, y debería ser de gran utilidad para gobiernos y empresas: podrán conocer en tiempo real la situación ambiental mundial además de ayudarles a calibrar el alcance del cambio climático y qué medidas tendrán que tomar para adaptarse a él.
Está previsto que el año próximo empiecen a desarrollarse los diferentes proyectos piloto que formarán la plataforma Planetary Skin. Destacamos Rainforest Skin (algo así como Piel de la Selva), cuyo cometido será el de estudiar la deforestación que sufren las selvas tropicales de todo el mundo. Entre los previsibles hallazgos, no dudamos que se toparán con la ganadería como uno de los mayores problemas de este hábitat.

Finalmente no ha podido ser. La NASA no consiguió ayer poner en órbita el Observatorio Orbitador del Carbono (OCO) después de que éste sufriera un incidente a pocos minutos del despegue. Dicha nave espacial tenía como objetivo medir las concentraciones de CO2 de la atmósfera y descubrir qué sucede con el elevado porcentaje del gas que no es absorbido ni por los mares ni por los bosques. A falta de nueva información, la NASA está realizando las operaciones de búsqueda en el océano Pacífico, cerca de la Antártica.
En una rueda de prensa convocada ayer al mediodía, el director de lanzamientos de la agencia espacial norteamericana, Chuck Dovale, aseguró que el incidente se produjo cuando los revestimientos de protección que envolvían el satélite no se separaron apropiadamente. Lejos de lo que se especulaba a principio de la mañana de ayer, Dovale indicó que era imposible poner en orbita la nave y que ésta seguramente ya debería estar en el fondo del océano pacífico. Los responsables de la NASA calificaron lo ocurrido como un “grave revés” para la comunidad científica.
Así, 210 millones de euros invertidos en un proyecto que debía ayudar a explicar cómo funcionar el cambio climático han acabado en el fondo del mar. La nave, que debía orbitar cada 99 minutos y que pasaría por el mismo punto cada 16 días, tenía objetivo analizar que sucede con el dióxido de carbono -el principal gas que provoca el efecto invernadero- y señalar los principales puntos de concentración y qué sucede con las toneladas que no son absorbidas ni por océanos ni por ecosistemas terrestres.
El incidente del Observatorio Orbitador del Carbono se añade a la larga lista de fracasos de la NASA en los últimos años. Sin tomar los tintes catastróficos que tomaron otros accidentes (cómo no recordar aquellas imágenes de transbordadores espaciales abrasados), la agencia espacial norteamericana lleva ya una serie de sendos fracasos con pequeños satélites y sondas espaciales. Una auténtica pena ya que se pierden muchos recursos que podrían arrojar algo de luz en la lucha contra el cambio climático.
Vía | www.elmundo.es
Vía | www.msnbc.msn.com
Fotografía | Joe Hastings

El satélite que la NASA ha puesto en órbita esta mañana para observar qué sucede con el carbono en la atmósfera ha sufrido un incidente y puede ser que no cumpla su misión. El cohete Taurus, que transportaba el Observatorio Orbitador del Carbono, no ha conseguido desprenderse tal y como estaba previsto del escudo protector utilizado para el despegue. La NASA informará en breve de lo sucedido, de qué acciones tomarán y de todos los detalles de la misión.
Como adelantábamos ayer, la NASA pretendía estudiar que fenómenos acarrea el cambio climático y qué sucede con el CO2 en la atmósfera. Se calcula que 15 millones de toneladas de este gas permanece en la atmósfera sin tener muy claro lo que pasa con él. Estas 15 toneladas representan el 40% del total de emisiones globales. El 60% restante desaparece gracias al trabajo que realizan bosques y océanos.
El proyecto, que recordemos que en estos momentos corre un serio peligro, está valorado en 210 millones de euros. Pese al elevado coste, no se imaginen un trasto muy aparatoso. No es mayor que una cabina telefónica. Eso sí, si se sitúa en órbita correctamente, completará una órbita en 99 minutos. Esperemos que después de tanta inversión, los científicos de la NASA consigan remediar lo sucedido y así obtener los resultados necesarios para luchar contra el cambio climático.
Vía | www.elmundo.es
Fotografía | www.nasa.gov

La NASA enviará mañana un nuevo satélite al espacio. Se trata de un pequeño laboratorio que estudiará qué sucede con el dióxido de carbono que desaparece de nuestra atmósfera. Aunque hay varias teorías al respecto, aún no hay ninguna evidencia que explique qué pasa con las 15 millones de toneladas de este gas que desaparecen por arte de magia.
La nave será lanzada desde la base que la agencia espacial norteamericana tiene en California, con el objetivo de recopilar datos lo antes posible para ayudar a los científicos en su lucha contra el cambio climático. Hay muchas dudas sobre qué sucede con el CO2. De hecho, muchos científicos han sugerido que los bosques y los océanos que en principio absorben dicho gas, acaban por expulsarlo al tener una saturación de él.
La necesidad de este proyecto nace debido a que realmente no se tienen datos fidedignos de cuanto CO2 se expulsa a la atmósfera. Los datos con los que se juega se consiguen a partir del cálculo matemático que se hace sobre las energías consumidas y no propiamente sobre el gas. Aparte, no se tiene en cuenta la disminución de muchas superficies boscosas lo que puede significar un crecimiento de CO2 oculto. Esperamos los resultados.
Vía | www.nytimes.com
Fotografía | http2007

Una de las noticias del fin de semana: Google y la NASA se alían para ofrecer vía internet mapas mundiales interactivos de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera. De momento, sólo de EEUU. Se trata de un plug in o aplicación instalable en tu Google Earth. Recibe por nombre Proyecto Vulcan.
Pueden verse los niveles de polución de fábricas, plantas eléctricas, pero también las emisiones de pueblos, ciudades y estados. Y comparar, claro. Lo malo es que se basan en datos antiguos, concretamente de 2002. El proyecto es fruto de la colaboración de investigadores de la Universidad Purdue que, a su vez, se basaron en los datos recogidos por el satélite Landsat 5 de la NASA. También recibieron información de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) y el Departamento de Energía norteamericano.
Se da la circunstancia que la semana próxima la NASA lanzará el satélite “Observatorio Orbital de Carbono” (OCO), como ya avanzamos al hablar del GOSAT, cuya misión será la de realizar mediciones precisas sobre las emisinoes de CO2 a nivel global.
Al igual que hicimos cuando salió Google Ocean, celebramos este nuevo invento para poder usar Google Earth en la defensa medioambiental. Para descargaros esta nueva aplicación, seguid este enlace para descubrir el Proyecto Vulcan.
Vía | espanol.news.yahoo.com
Vía | latimesblogs.latimes.com
Fotografía | latimesblogs.latimes.com

El próximo 21 de enero, la agencia espacial japonesa JAXA lanzará el Satélite de Observación de Gases Invernadero (Greenhouse Gases Observing Satellite, o GOSAT, en inglés). Con un coste de 372 millones de dólares, su misión será la de registrar la densidad de dióxido de carbono (CO2) y de metano cerca de la superficie terrestre. Estos son los dos gases que más contribuyen al calentamiento global. El satélite tomará datos de unas 56.000 localizaciones alrededor del planeta y se prevé que esté en órbita durante 5 años. Se espera recibir los primeros datos del GOSAT en abril o mayo.
Si os estáis preguntando en qué se basaban hasta ahora los científicos para cuantificar la densidad de estos gases, la respuesta es sobre las emisiones de las centrales eléctricas e industrias pesadas. Pero se carecía de métodos fiables para saber cuánto contaminaban países en vías de desarrollo o zonas aisladas y remotas. En todo caso, este nuevo satélite y la tecnología asociada deberían ayudar a los investigadores conocer con más exactitud el alcance del problema, su distribución a nivel planetario, sus mayores causantes, el ciclo del carbono en general y, con todo ello, poder realizar predicciones más fidedignas sobre la evolución del cambio climático.
Y no sólo Japón, que se ha avanzado a todos, tiene este tipo de proyectos: en Estados Unidos, por ejemplo, la NASA tiene previsto lanzar un satélite similar, llamado Observatorio Orbital de Carbono (Orbiting Carbon Observatory), el próximo 23 de febrero. Asimismo, la Unión Europea también tiene proyectos en este sentido con el satélite A-SCOPE. Y es que, tanto Japón, como Estados Unidos, como nuestra vieja Europa, están viéndoselas para reducir sus excesos de emisiones…
A pesar de que el gobierno japonés ha asegurado que desea que la información recogida por el GOSAT se utilice para la elaboración del informe que el IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU) tiene que realizar para el 2014, yo no me fío un pelo. Tras aplaudir este avance y aportación científicos, dejadme que comparta con vosotros mi inquietud. Lo que me hace fruncir el ceño es que sospecho que existe otra poderosa motivación, aparte del amor a la ciencia, por recoger estos datos gracias al GOSAT: los intereses creados por el nuevo y polémico súper negocio mundial de la compraventa de derechos de emisión, de lo que ya hablamos en este post… Espero que, aún malpensando, por esta vez no tenga razón.
Vía │www.greentechmedia.com
Fotografía │www.nasa.gov