Las vacaciones traen novedades, imprevistos y trasiego, pero no son una excusa para dejar de pensar en el medio ambiente. También en verano debemos cuidar el entorno, y podemos hacerlo de forma simple siguiendo las recomendaciones de la Agencia de Medio Ambiente y Gestión de la Energía (ADEME) de nuestro país vecino.
Las sugerencias que nos hace este organismo galo sirven para el día a día en esta época estival, tanto si somos turistas como si no nos movemos de casa. Y no sólo miran por el medio ambiente, sino que también lo hacen por nuestra salud, cosa que está muy bien.
¿Que cerramos la puerta? Uno de sus consejos es preferir los establecimientos turísticos (hoteles, comercios y demás intalaciones) con la famosa ecoetiqueta. No sólo por ofrecer servicios más ecológicos, sino porque suele ser más fácil que también tengan alimentos orgánicos para una dieta saludable.
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A partir de agosto, los balleneros islandeses invitarán a los turistas a salir de caza con ellos, brindándoles la oportunidad de divisar a las ballenas minke, ver y oír los arpones cuando son lanzados, revisar sus órganos internos y compartir una comida consistente, por supuesto, en carne y grasa de ballena con el capitán. Este giro hacia el turismo tiene, según The Guardian, el objetivo de que el público cambie su punto de vista negativo con respecto a la caza de ballenas.
Uno diría que la estrategia no está bien enfocada. Compartir una jornada ballenera implica no sólo marearse en el barco sino también ver –y oír- a la ballenas cuando son heridas por los arpones, ser testigo de su muerte y su desguace. Ah, pero es que hay trampa: no se matará a ninguna ballena. La idea, según los organizadores, es darle a la gente una idea más bien cultural del oficio de la caza de estos mamíferos. La parte de la sangre, clave en todo el asunto, se obviará.
El grupo organizador de estos viajes, la Asociación de Balleneros Minke de Islandia, espera cobrar a los turistas entre 200 dólares y 300 dólares por llevarlos, en grupos de 15 a 20 personas, a “experimentar” una parte de la labor, según señala el diario inglés. Mientras tanto, la asociación islandesa de observación de ballenas no está contenta con esta oferta. Curiosamente, a medida que ha aumento el turismo de observación de ballenas, ha aumentado también el consumo de su carne.
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Por espectacular que sea el hall y dulce la voz de las azafatas, por mucho que el avión tenga un lugar idílico como destino, casi la mitad de los británicos considera el aeropuerto una experiencia estresante. La culpa la tienen los precios, las colas interminables, los cambios de horarios y los controles de seguridad.
Cuatro de cada diez británicos tienen esta percepción negativa. Lejos de relajarse, viven la situación con una ansiedad que dispara sus alertas y no les permite bajar la guardia. Hasta tal punto consideran que pasar por el aeropuerto (no hablamos sólo del vuelo) es una auténtica pesadilla, que incluso muchos de ellos han renunciado a volar, según revela un nuevo informe.
En última instancia, todo depende de cómo sea cada cuál, me parece a mí, y de las circunstancias que te toquen, pero sin duda la encuesta refleja un malestar general del que deberían tomar buena nota las compañías aéreas. No en vano, casi la mitad de los viajeros creen que las verdaderas vacaciones no empiezan hasta que ponen un pie fuera del aeropuerto.
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Situada en Sarasota, Florida, Siesta Beach es una playa de ensueño, ideal no sólo para echar una cabezadita después de comer, como sugiere su nombre, sino sobre todo, para admirar su arena brillante y disfrutar de sus aguas mansas, de un azul increíble. No en vano, la playa encabeza la última lista publicada sobre las mejores playas de todo Estados Unidos.
Su liderato se veía venir, pues en el 2010 Siesta Beach ya ocupaba el segundo lugar en este listado anual, elaborado desde hace más de dos décadas por Stephen Leatherman, director del Laboratorio Internacional de la Florida de la Universidad de Investigación Costera en Miami, también conocido como Doctor Beach.
Atesorar la arena más blanca y sedosa del mundo, un agua azul de temperatura agradabilísima, limpia, con pequeñas olas y un fondo con pendiente suave ha sido definitivo para catapultarla al primer puesto de las mejores playas del país, desbancando a la Coopers Beach, en Southampton, Nueva York, que este año ni siquiera entró entre las diez mejores.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, siglas de su nombre en inglés), ha publicado una lista de consejos para realizar ecoturismo en algunos de los lugares con mayor valor ecológico del mundo. Los consejos forman parte del informe Turismo sostenible en el Patrimonio Mundial natural, el cual señala que, gestionado correctamente, el turismo puede contribuir a la conservación y el desarrollo de los lugares considerados Patrimonio Mundial por su valor natural. He aquí tres de estos consejos:
Vía | www.iucn.org
Fotografía | Yoo Chung

¿Cuál es el precio de la conservación de una especie? Por ejemplo, 120 mil euros, el valor anual que tiene para la industria turística de Palau cada uno de los aproximadamente cien tiburones que nadan en los arrecifes del archipiélago. En cambio, muertos y vendidos en partes como ingrediente principal de la infame sopa de aleta, esos cien tiburones tendrían un valor total estimado en poco más de 7 mil euros.
La joven República de Palau –fue creada en 1994 a partir de una administración fiduciaria de Naciones Unidas- está en el Océano Pacífico, unos 800 kilómetros al este de Filipinas. En 2009, el gobierno declaró sus aguas un santuario de tiburones. Desde entonces, Hawai, la Comunidad de las Islas Marianas del Norte, Guam y las Islas Marshall han prohibido la posesión, venta o distribución de aletas de tiburón. También lo ha hecho el estado de California, en Estados Unidos.
Un estudio elaborado por el Australian Institute of Marine Science sobre los gastos de los buceadores que visitan anualmente Palau encontró que este sector turístico representa casi 39% del producto interno bruto del país y que 21% de los buceadores van expresamente por los tiburones. Otros resultados destacados del estudio, de acuerdo con el Pew Environment Group, son:
Vía | www.nytimes.com
Fotografía | aSIMULAtor
En la lista de las ciudades más amigables, receptivas, cómodas, abiertas o tolerantes con los perros, elaborada por el site How To Travel With Pets, no hay ninguna española. Uno puede disentir en algunos detalles, pero lo cierto es que en la mayoría de las ciudades españolas, los propietarios de perros sentimos que nuestros conciudadanos no nos reconocen el derecho a compartir nuestra vida con un can. Que podamos sentarnos con ellos en una terraza viene a ser un gesto de tolerancia, un favor, por parte de los demás.
En primer lugar, el site coloca a París. Sin embargo, y aunque los perros suelen ser admitidos en muchos sitios públicos, deben viajar en el transporte público dentro de receptáculos, una medida muy excluyente sobre la que ya hemos discutido en un post anterior. También lo es que deben ir atados en la mayoría de los parques públicos, lo que reduce considerablemente las posibilidades de esparcimiento a muchos parisinos que no pueden salir de la ciudad.
En segundo lugar, Hamburgo. De acuerdo con el site, mientras que las iglesias y otros sitios turísticos no permiten mascotas, sí que son muy bienvenidas en el resto de los lugares públicos. Yo añadiría otras ciudades alemanas: Frankfurt am Main y Berlín, en cuyos parques he visto a perros correr libremente. Además, el transporte público de ambas ciudades permite el acceso de perros siempre que vayan atados.
En tercer y cuarto lugar están Ámsterdam y Roma. De acuerdo con el site, en la primera los perros son bienvenidos incluso en algunos museos. En el blog And A Small Dog (la frase típica de quienes viajamos con perros), cuentan que en esta ciudad hay varios parques en los que los perros son bienvenidos, como Vondelpark, Westerpark, Oosterpark y Flevopark, que incluso tiene una zona de baño para perros en el verano.
Vía | howtotravelwithpets.com
Fotografía | Donna
Fotografía | Aart van Bezooyen
Fotografía | Photocapy
Fotografía | Jason Yanowitz

Acercarse a la naturaleza de forma respetuosa y agradable siempre es positivo para un niño. ¿Pero, cómo hacer que la experiencia, además, sea divertida y llene buena parte de su tiempo libre?
Con la llegada del buen tiempo, la diversión al aire libre es una interesante opción tanto para la muchachada como para, en el extremo opuesto, un sólo niño que comparta sus días de vacaciones con adultos. Pero no siempre es fácil lograr que los pequeños se interesen en el entorno. A menudo hay que ayudarles a descubrir la magia que nos regalan los distintos ecosistemas y fomentar el el contacto con elementos naturales.
No es necesario salir al campo para pasarlo bien. Una opción interesante sin salir de casa es facilitar a los niños un montón de tierra, un cubo y una pala. Los niños pueden hacer todo tipo de construcciones, dejar volar la imaginación y jugar de forma creativa, mientras disfrutan del aire, del sol, del suave clima primaveral.
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Los colores de la primavera brillan por doquier, y se acerca la Pascua, una festividad que invita a disfrutar del aire libre, y en la que es tradición decorar los típicos huevos. ¿Pero, qué tal si esta vez les damos color de un modo ecoamigable?
Como ya sabrás, antes de decorar los huevos (mejor todavía si son ecológicos) hay que hervirlos. Es justo entonces cuando se le añaden al agua los colorantes alimentarios artificiales o, si nos va lo natural, podemos experimentar con frutas y vegetales para conseguir distintas tonalidades.
Son muchos los ingredientes naturales que funcionan como colorantes, pero antes veamos cómo y cuándo debemos añadirlos para lograr nuestro objetivo. Lo primero es mezclar el producto que queramos utilizar como tintura con media cucharada de vinagre como fijador del color y agua fría suficiente para cubrir los huevos en una cazuela. A continuación añadiremos los huevos crudos y llevaremos todo a ebullición. Cuando empiece a hervir, bajaremos el fuego y lo dejaremos cocer suavemente un cuarto de hora.
Continuar la lectura: Ideas ecoamigables para colorear los huevos de Pascua
A la gente, en general, le gustan los jardines. Hay muestras perfectas, como los jardines de Versalles, a las afueras de París, o los del Generalife, en Granada. Es así, nos gusta el verde bien organizado. Pero, sin restar mérito al arte de dar forma a las plantas, yo prefiero los jardines que parecen una sublevación de la naturaleza, esos con la pizca suficiente de salvajismo como para hacerme creer que el hombre no ha metido la mano. De esos os sugiero aquí cuatro, dignos de ver si estáis por la zona.
La fachada vegetal que aparece en la foto que abre este post pertenece al Musée du quai Branly, en París. No es un jardín como suele entenderse, es aún mejor: una forma ecológica, natural, refrescante, práctica, de cubrir la fachada de un edificio. Sé de algunos edificios en Barcelona, España, a los que cubrir de esta forma haría un gran favor a los viandantes.
De los Lost Gardens of Heligan, en Cornwall, Inglaterra, la foto más frecuente muestra a alguna figura cubierta por las hierbas. Un gnomo de ojos saltones, una mujer de piedra que yace sobre la hierba. Pero esta alfombra de flores lilas parece la ilustración de un cuento precisamente sobre gnomos, mujeres de piedra, hadas y bosques mágicos. La finca en la que se encuentra este jardín es productiva y perteneció a la misma familia por más de 400 años.
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