Corte del suministro de gas ruso a Europa y seguridad energética

Escrito por: -

Operario trabaja en gasoductoEl año empieza movidito para la recién estrenada Presidencia checa de la Unión Europea: medio continente se ha quedado sin gas en pleno invierno tras cortar el gigante ruso Gazprom el suministro, como castigo al supuesto desvío de gas por parte de Ucrania. La lista de países afectados es larga: Bosnia-Herzegovina, Bulgaria, Croacia, Grecia, Hungría, Macedonia, Serbia y Rumanía no recibían gas desde anteayer, mientras que Alemania, Austria, Eslovaquia, Eslovenia, Francia, Italia, Polonia y la República Checa vieron reducido el suministro. Las últimas noticias indican que ayer por la mañana se cerró la espita. Del todo. Ya no llega ni gota de gas ruso a Europa.

Antes de lanzarme con lo que propiamente es el cuerpo de mi artículo de opinión, dejadme que me quede bien descansado con un párrafo geopolítico con los que tanto disfruto. Ucrania, como país de la órbita ex-soviética, se ha beneficiado durante décadas de precios subvencionados para el gas ruso, muy por debajo del de mercado. La madre Rusia amamantaba a sus pequeñas repúblicas centro-asiáticas, caucásicas y de Europa del Este con sus ubres repletas de gas. Lo que ha pasado es que muchas de estas repúblicas tienen hoy gobiernos pro occidentales y pro OTAN (desde Georgia que se muere por entrar en la OTAN, a República Checa y Polonia que quieren albergar el polémico escudo antimisiles estadounidense). En el caso de Ucrania, el eje geopolítico dio definitivamente la espalda al Kremlin para mirar hacia la Casa Blanca con la llamada Revolución Naranja de 2004, de la que salió victorioso el pro occidental Víktor Yúshchenko, que casi pierde la vida tras ser misteriosamente envenenado con dioxinas (de película, ¿os acordáis?).

Pues ya está dicho casi todo. A Rusia no le da la gana venderle el gas a precio regalado a una nación que coquetea con sus enemigos (normal), y Ucrania, muy lista, se resiste a que le suban los precios. Mi opinión personal es que Rusia debería entrar en la UE. Pero eso es harina de otro costal, no estoy escribiendo estas líneas para defender eso, sino para declarar a los cuatro vientos que la tan proclamada seguridad energética pasa necesariamente por la diversificación de las fuentes de energía, por un lado, y la auto-producción de energía por parte de los ciudadanos por otro.

Bosnia-Herzegovina, pongo este ejemplo porque ya hablé en una entrada anterior sobre este país, depende en un 100% del gas ruso y, en plena ola de frío, la situación amenaza con convertirse en “catástrofe humanitaria“. Imagino que los otros países mencionados al principio también estarán escarmentando de lo lindo, y querría pensar que aquéllos que no se han visto afectados, como España, estarán tomando buena nota de lo que siempre dijo la abuela: que no hay que poner todos los huevos en la misma cesta.

Y es que esto no puede ser. Como filósofo que soy, tengo especial aprecio por los conceptos. Y hoy me voy a inventar uno: el de grifo energético. Sí, igual es una mierda de concepto pero me da igual. Nuestro modelo energético actual se basa en enormes gasoductos o en potentísimas centrales (sean termoeléctricas, hidroeléctricas, nucleares, solares, eólicas o lo que sea, para el caso me sirven todas) que, como si de un grifo o manantial inagotable se tratara, distribuyen energía a la población. Y la población pues abre el grifo y aquello parece no tener fin: la energía mana y mana y mana, y nadie en su casa iluminada, y en mangas de camisa en pleno invierno, se pregunta acerca del coste ambiental del tinglado que tenemos montado. Total, la luz y el gas natural no son tan caros.

Pues no, señores, yo digo: muerte al grifo energético. Por los siguientes motivos: ser dependiente del petróleo, del gas o del uranio de otros nos deja vendidos a los caprichosos flujos del mercado, nos mete en el callejón sin salida de materias que tarde o temprano se agotarán, nos hace más vulnerables a eventuales ataques terroristas o accidentes (si es nuclear, apaga y vámonos) y, finalmente, nos impide a nosotros, el pueblo, la sociedad, el mundo, darnos cuenta de la mucha energía que consumimos inconscientemente. Por ello, si fuera el Presidente del Gobierno o si finalmente mi Revolución Mundial triunfara, dejaría el mínimo posible de centrales abiertas (todas serían de energía renovable, por supuesto) y subvencionaría a mis conciudadanos la instalación de módulos solares o eólicos de auto-producción de energía limpia (e interconectaría toda la red por si alguna unidad del sistema fallara). Así tomaríamos más conciencia de lo precioso de ahorrar energía, seríamos conscientes de nuestros excesos cotidianos, optimizaríamos lo que tenemos, a nivel nacional tendríamos una auténtica y verdadera serguridad energética y, finalmente y a nivel internacional, estaríamos más cerca de salvar el planeta. Nos conviene a todos.

Fotografía | jestebanm

Vota este artículo:
Ningún voto ¡Sé el primero!