
Los niños en edad escolar que viven cerca de vertederos de sustancias químicas y tóxicas (a una distancia de hasta 32 kilómetros) tienen más probabilidades de ser autistas que los que viven más lejos de estos lugares. En concreto, casi el doble. Un nuevo dato que apunta claramente a que la contaminación aumenta el riesgo de desarrollar autismo. Lo asegura un estudio elaborado por el departamento de Psicología de la Universidad de Iowa del Norte y que ha sido publicado en la revista Nuerotoxicology.
Los casos de autismo en los países industrializados llevan aumentando exponencialmente en las últimas décadas, y el hecho de existir hoy mejores sitemas de diagnóstico de la enfermedad no consigue explicar este fenómeno por sí solo. De un tiempo a esta parte, varios estudios han puesto su punto de mira en la contaminación por productos químicos en el medio ambiente. Ya hemos informado acerca de los que señalan la influencia de la contaminacion del aire en subdesarrollo del feto, de casos de niños nacidos con deformaciones congénitas por contaminación en China, o de que incluso los aparentemente inocuos suelos de vinilo tienen relación con la incidencia de esta enferemedad neuronal. Sí, yo me atrevo a decirlo alto y claro: la contaminación provoca autismo.
Pero volvamos al estudio en cuestión. Se estudiaron las tasas de autismo en los niños que viven lejos de vertederos con los que asisten a escuelas públicas que sí están ubicadas cerca de vertederos de productos químicos. En estos sitios van a parar residuos tóxicos calificados por la estadounidense Agencia de Protección Ambiental (EPA) como peligrosos para la salud humana. Entre los contaminantes que se encuentran con frecuencia se cuentan benceno o metales como plomo, mercurio, cadmio, cromo, arsénico).
Pues bien, resulta que la incidencia del autismo era una vez y media superior en los niños que acudían a escuelas dentro de un radio de 16 kilómetros respecto a los vertederos. Puesto en estadística, representa que, si lo normal en distritos más alejados de estos focos de contaminación es una tasa de autismo de un niño por cada 132, en los distritos más cercanos la cantidad la tasa porcentual aumentaba hasta situarse en un niño autista por cada 92.
El conocido como espectro autista abarca diferentes trastornos: desde el deterioro de la conducta social, al retraso en el habla, al rechazo a entablar contacto visual, pasando por comportamientos repetitivos. Se trata de una enfermedad que acostumbra a surgir o bien durante la gestación del feto, o bien en la primera infancia. Y, curiosamente, es más común en niños que en niñas.
Un par de datos me han sorprendido de este estudio. Por un lado, sus autores han calculado que la incidencia del autismo en niños es hoy ocho veces mayor en Minnesota (un estado con varios vertederos de productos tóxicos y químicos) que en el decencio de 1980. Por el otro, me ha dejado totalmente anonadado, patidifuso, leer que las tasas de autismo eran particularmente altas entre los inmigrantes somalíes. Dicen los investigadores que las razones que lo explican no están claras. En cambio, los fieles lectores de Ecologiablog sí conocen el motivo: es el mismo por el que los piratas somalíes atacan y secuestran barcos…
Vía | www.environmentalhealthnews.org
Fotografía | The Sierra Club
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