
El edificio del Capitolio, sede de las dos cámaras del Congreso de los Estados Unidos de América en Washington, ya no se iluminará gracias a la quema de carbón. Lo anunciaron este pasado fin de semana Nancy Pelosi, presidenta del Congreso, y Harry Reid, líder del partido mayoritario en el Senado, que indicaron que la Capitol Power Plant, la planta energética del Capitolio, se ha pasado al gas natural como combustible, abandonando el carbón definitivamente.
La iniciativa forma parte de esfuerzos destinados a reducir la huella de carbono y el impacto medioambiental del Congreso de los Estados Unidos en la capital. Justamente, los dos políticos mencionados, del partido Demócrata ambos, han sido los máximos impulsores de medidas ecológicas los últimos años para lavarle la cara a estas instalaciones gubernamentales. De hecho, la Capitol Power Plant ya había levantado ampollas en el mismo Ayuntamiento de Washington, que se quejaba de que empeoraba la calidad del aire en el centro (el año pasado, la planta operaba con un 65% de gas natural y un 35% de carbón).
Se da la circunstancia que la Capitol Power Plant, que cuenta con nada más y nada menos que 99 años de historia a sus espaldas, contaba con el dudoso honor de ser la única que funcionaba con carbón en todo el distrito de Columbia. Esta planta ya vio no hace mucho, en concreto, el 2 de marzo, una demostración pública de rechazo en forma de masiva manifestación ecologista para que la cerraran o la reformaran.
Pues si bien la solución no es la mejor, por lo menos es un tímido avance. En efecto, el gas natural sigue siendo un combustible fósil que libera apreciables cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera con su quema. Pero, sin lugar a dudas, mejor eso que seguir con el carbón. El más contaminante, con diferencia, de todos los combustibles de este tipo. Ello no impide que desde diferentes sectores de la sociedad americana se siga reclamando un cambio más significativo: que cierren de una vez la Capitol Power Plant, se cierre de una vez por todas el grifo del gas y se instalen paneles fotovoltaicos u otras formas de energías renovables en el Capitolio mismo. Eso sería dar ejemplo.
Mientras eso no sucede, sólo falta que el Capitolio, considerado el mejor ejemplo del neoclasicismo arquitectónico estadounidense, sede del Senado y de la Cámara de Representantes, implemente otras medidas verdes. A saber, cosas tan sencillas como sustituir las bombillas incasdecentes por otras de bajo consumo o más eficientes, usar menos papel, o renovar su flota de vehículos con nuevos modelos más eficientes energéticamente.
Vía | www.boston.com
Fotografía | cloudsoup
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