En una entrevista reciente, el que fuera líder de Izquierda Unida, Julio Anguita, declaró que la crisis “no sólo es económica”, sino que también es “financiera, alimentaria, energética, medioambiental, ética, internacional, de derecho y sobre todo moral”. También criticó que por parte de amplios sectores de la población, tanto de izquierdas como de derechas, se haya asumido “el atacar la naturaleza como algo inherente al crecimiento económico”.
Y es que la palabra crisis está en boca de todos estos días. Nos hablan hasta la saciedad de ella, nos advierten acerca de sus consecuencias terribles, nos la dibujan con líneas rojas que se despeñan en las gráficas, nos abruman con datos para demostrar que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina… Y claro, con la que está cayendo, pues parece que sí, que no hay duda, que la crisis es mala, rematadamente mala.
Pero parémonos un momento a analizar el origen etimológico de la palabrita de marras: proveniente del griego, su significado no es otro que el de “transformación”. Las crisis, así fue en el pasado, abren la puerta del cambio y albergan la posibilidad de desechar lo que no funciona.
La crisis ha llegado en un momento decisivo, y está provocando que el mundo, por primera vez en la Historia, se plantee cómo quiere crecer. Incluso si se puede seguir creciendo como hasta ahora.
¿Se puede seguir extrayendo el 80% de nuestra energía de unos combustibles fósiles que además de contaminar, se están agotando? ¿Se puede seguir este ritmo de deforestación? ¿De explotación del mar? ¿De consumo desmesurado? ¿De acumulación de residuos? ¿De querer crecer más, y más, y más?
Muchas voces alertaban desde hace tiempo de lo insostenible del sistema. Muchas eran las señales que indicaban que por ese camino no íbamos bien, que nuestro planeta no daba más de sí. Pero con el viento a favor, era fácil desoír esas alarmas. Ecologistas, decían con desprecio.
Pero el momento de las grandes decisiones ha llegado. El empujón que nos hacía falta para despertar de un largo sueño imposible está aquí, y todos le llaman crisis. A mí me gusta más llamarle cambio. Y ese cambio necesario lo liderará, porque no nos queda otra, el pensamiento verde, la ecología. Así que bienvenida, crisis.
Fotografía | Porrcano8
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