Varias generaciones de periodistas y humoristas se han ganado el pan a costa de las declaraciones, decisiones y extravagancias de Carlos de Inglaterra. El sempiterno sucesor a la corona británica ha sido durante las últimas décadas (y sigue siendo) una fuente inagotable de noticias de toda índole, desde la alta política a la crónica social. Y, por supuesto, también de informaciones relacionadas con la ecología.
Al Príncipe de Gales le hemos visto en los últimos tiempos montado en automóviles que usan aceite vegetal reciclado, protagonizar un anuncio del Rainforest Project junto a famosos, pregonar las virtudes medioambientales del Airbus, refundar Poundbury, la ciudad ecológica situada en Cornualles, o crear una marca de productos orgánicos. Me refiero a Duchy Originals, que ha lanzado al mercado mermeladas, condimentos, embutidos, galletas, cosméticos o cerveza. Todos estos artículos se producen en una granja orgánica bautizada como Home Farm. Ese es el origen del conflicto de intereses que afecta al heredero.
Y es que de nuevo es actualidad debido a su discrepancia con un estudio (que se ha anunciado como definitivo) acerca de los supuestos beneficios para la salud de los alimentos ecológicos. Lo curioso es que éste ha sido promovido por el propio Gobierno Británico. La conclusión del estudio es clara: Los alimentos ecológicos, más caros que el resto, no son mejores que la producción procedente de las explotaciones intensivas de granjas y plantaciones.
Pero Carlos, designado como uno de los cien ingleses con mayor conciencia ecológica, planea cuestionar públicamente –ya lo hace de forma privada- a la institución responsable, la FSA (Food Standards Agency, la agencia de normas alimentarias). El Príncipe de Gales piensa que es absurdo sugerir que las hortalizas cultivadas con productos químicos o la carne tratada con antibióticos puede ser tan saludable como la ecológica.
Lord Melchett, director de Soil Association y amigo personal del príncipe, comparte su decepción por el hecho de que la FSA mantenga una posición anti-ecológica. Pero la postura de Carlos de Inglaterra no puede considerarse institucional porque sus intereses privados están por medio. Es buen conocedor del asunto pero su credibilidad decrece ante un hecho que no se puede ignorar: es parte interesada. Por lo menos lo es en teoría, si su empresa de alimentos ecológicos sufriera malos resultados económicos o cerrara no estaría en peligro de quedar arruinado precisamente.
Vía | www.telegraph.co.uk
Fotografía | www.princeofwales.gov.uk
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