Nuestro planeta es insano, se está volviendo loco y le queda muy poco tiempo de vida. Es un viejo tema de ficción pero con mucho filón. En la década de los 50 y los 60 atiborraban las librerías y los quioscos, eran las novelas apocalípticas de JG Ballard, Charles Eric Maine y John Christopher, reflejos de la paranoia reinante en la época de la guerra fría.
En estos tiempos de tensión ecológica este tipo de narraciones han cogido un segundo aire, barnizados con un toque de eco-thriller, y se han convertido en una apuesta sólida de las editoriales y de las grandes productoras de cine. En Hollywood no paran de insistir con el argumento, ya están cerca las películas 2012 y The Book of Eli que retratan catástrofes ecológicas y tecnológicas de la misma forma que lo hicieron en su momento El día de mañana (2004) y Soy Leyenda (2007). Al mismo tiempo, obras de teatro como Resilience y On the Beach, de éxito considerable en Inglaterra, examinan cuestiones ambientales, mientras que las próximas novelas de William Boyd, Margaret Atwood y Ian McEwan también exploran temas ecológicos.
Las historias sobre el medio ambiente proliferan e iluminan cada una a su manera el mundo editorial. Empezando por Sarah Moss con su nuevo relato de terror Cold Earth. Son una serie de relatos superpuestos contados por seis jóvenes arqueólogos que trabajan en un antiguo asentamiento en Groenlandia. La novela explora cuestiones ecológicas de una manera tangencial. El mal tiempo hizo que los vikingos, en el siglo 14, pusieran fin a su colonia de Groenlandia. Pero, ¿cómo podría llegar el fin de la sociedad moderna?
La respuesta es implícita. Un virus ha comenzado a propagarse en todo el planeta en el momento en que estos arqueólogos trabajan desenterrando esqueletos vikingos en el medio de la nada. Su único vínculo con el mundo exterior -un ordenador portátil conectado a una energía solar teléfono satelital- les informa sobre el gran cataclismo mundial.
En contraste con el enfoque de Moss, el escritor Matthew Glass toma una ruta directa hacia los peligros ecológicos en Ultimatum. Es el año 2032 y un nuevo presidente demócrata, Joe Benton, ha asumido sus funciones sólo para enterarse de que el calentamiento global es peor de lo que se imaginaban, extensas inundaciones y pérdidas de grandes hábitats y toda una espiral de abominaciones naturales que están fuera de control sumen al mundo en una gran crisis. Las negociaciones con la China, el más grande contaminador del mundo, fracasan. En la novela hay un sinfín de reuniones, encuentros diplomáticos y mucha verborrea política. Mientras tanto, el mundo avanza hacia su perdición. Es casi una versión actualizada de La guerra de los mundos.
Por último, el escritor de ciencia ficción británico Stephen Baxter ofrece un enfoque más tradicional del eco-thriller: el fin del mundo. En este caso, la trama se centra en los océanos, que comienzan a subir inundando los continentes. Aquí la culpa no es de la humanidad, sino de la inestabilidad geológica del planeta.
Vía | www.guardian.co.uk
Fotografía | Alvim Corréa
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