Hay compañías que anuncian a bombo y platillo eso de ser empresas eco-responsables, hay plantillas que deciden donar en bloque un 0’7 por ciento de su sueldo a alguna ONG, hay pluses, hay incentivos,… Y si cogemos todo lo citado, lo metemos en una coctelera, lo agitamos suavemente y lo servimos en este blog da como resultado esta interesante iniciativa. Eso sí, llegar a tu mesa de trabajo y encontrarte de sopetón con un sobre sobresalta en estos tiempos que corren hasta a ese compañero imperturbable que hay en toda oficina.
En este caso, el sobre en cuestión llevaba el membrete de E-Oppenheimer & Son. Las empresas de servicios financieros han visto como su imagen se deterioraba en los últimos tiempos por el caso Madoff y similares. Pero este sector también se encarga de proporcionar buenas noticias, aunque merezcan un eco inmensamente menor. La citada E-Oppenheimer & Son ha sorprendido a su personal convirtiéndoles en socios de BirdLife Sudáfrica (la cuota de socio fue a costa de la empresa, claro). La plantilla de la empresa en Johannesburgo, un centenar de personas, se suma así de la noche a la mañana a los seis mil sudafricanos que ya son miembros de la organización medioambiental y que se reparten por sus cuarenta delegaciones a lo largo y ancho del país.
A estas alturas, si alguno de estos cien empleados –cuya edad media es menor a los cuarenta años- andaba despistado, ya sabe que la rama sudafricana de la ONG BirdLife centra sus esfuerzos en la conservación del hábitat de las aves y el uso sostenible de los recursos naturales por parte de las poblaciones con las que comparten el espacio. Mark Anderson, el director ejecutivo de BirdLife, está encantado de la vida, como no, y anima a otras empresas a seguir el ejemplo. No sé yo si la situación económica hace que éste sea un buen momento… pero por dar ideas que no quede.
En cualquier caso, toda aportación a BirdLife Sudáfrica será bienvenida pues andan con importantes campañas en marcha como las de conservación de albatros y petreles, perjudicados por la pesca de arrastre en el Océano Atlántico, o la de los pingüinos de la zona de Ciudad del Cabo, que van camino de la extinción debido a la pesca indiscriminada en la zona. Hace menos de un siglo la población de pingüinos africanos era de dos millones, ahora apenas alcanza los treinta mil ejemplares. Su alimento, la sardina, escasea pero la presión a las compañías pesqueras aumenta, ahora, con cien pares de ojos más.
Vía | www.birdlife.org
Fotografía | www.nsf.gov
Fotografía | JaulaDeArdilla
Fotografía | kaltroutes
Fotografía | Chantal Steyn
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