
Los iraquíes están viviendo una de las peores crisis de agua que recuerden hasta los mayores. De hecho, algunos califican la escasez de agua actual en el país como la más crítica desde los albores de la civilización iraquí. Las viviendas de más de dos millones de personas en el sur del país podrían quedarse sin suministro eléctrico ni de agua potable. En ciudades como Nasiriyah, la cuarta más grande, el suministro se ha reducido a la mitad durante las últimas tres semanas.
La causa reside en un problema aún mayor, del que ya os hemos hablado: la dramática reducción del nivel del agua del río Eufrates, la cual ha provocado que sólo dos de las cuatro turbinas generadoras de electricidad que funciona con la fuerza de su cauce estén en funcionamiento. Si, como ya ha sido predicho, el nivel del río se reduce otros veinte centímetros, estas dos turbinas también dejarán de funcionar.
La ciudad, pues, quedará a oscuras. Río abajo, donde el Eufrates se une con la corriente del Shatt al-Arab, la falta de agua fresca ha elevado tanto los niveles de salinidad que dos pueblos han sido evacuados. Y es que, en los dos últimos inviernos, las lluvias han sido excepcionalmente escasas. Además, a lo largo de los últimos cinco años, muchas represas han sido construidas en Turquía, Siria e Irán, que comparten con Irak el Eufrates.
Al mismo tiempo, muchos sistemas de irrigación han sido instalados en las adyacencias del río, explotados al máximo para lograr cultivos rápidos en tierras poco fértiles.
En ninguna parte es la escasez de agua más dura que en lo que solían ser las marismas de Iraq. Hacia la frontera con Irán y al sur hasta el Golfo, juncos rígidos y amarillentos sobresalen de un paisaje que asemeja un horno de barro agrietado. Las lanchas que una vez que surcaban las aguas de las tierras bajas se encuentran varadas en el lecho y los patos se revuelcan en fétidas lagunas verdes que forman el laberinto de afluentes.
Vía | www.guardian.co.uk
Fotografía | Jayel Aheram
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