Un barco de Greenpeace patrulla el Pacífico en defensa del atún

Publicado el 16 sep 2009 por Henrio

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Buque Esperanza de Greenpeace
En mayo de este año los países del Pacífico propusieron que todos los caladeros situados en aguas internacionales de este océano se cerraran a la actividad pesquera. Y es que esta área es, precisamente, el último refugio para el atún, especie que ha visto gravemente mermada su existencia en otros puntos del globo. Así que todo parece indicar que el próximo año esta región de alta mar será cerrada a los buques que practican la pesca de cerco. Pero los grupos ecologistas van más allá y exigen que la prohibición se extienda a cualquier técnica pesquera y piden al resto de naciones que respeten los deseos de las naciones del Pacífico.

La exigencia está justificada pues ante el agotamiento de otros caladeros y la necesidad de seguir faenando, los pesqueros tanto de Estados Unidos como de países asiáticos o de la Unión Europea se están dirigiendo cada vez en mayor número al único lugar del planeta donde el botín de atunes aún es abundante: el Pacífico. No son tontos, se dan perfecta cuenta de que, al igual que sucedió en las latitudes de donde provienen, aquí también terminará sucediendo lo mismo, pero a las empresas les aprieta la cuenta de resultados y los pescadores tienen familias que cuentan con sus ingresos ¿Confían ciegamente en que las poblaciones de atunes se habrán renovado en los lugares que han dejado atrás cuando se agoten las del Pacífico?

Así que, visto lo visto, el Esperanza, uno de los barcos de la flotilla de Greenpeace, zarpó hacia aguas internacionales del Pacífico para descubrir que las sospechas eran fundadas. El pesquero surcoreano Oryong 717, que cuenta con licencia para pescar en las aguas de Kiribati, estaba faenando fuera de su zona. El Esperanza se acercó a la línea de anzuelos que había lanzado al océano confiscándolos y devolviendo al agua la pesca del día. La acción dio paso a una negociación tras la que los activistas de Greenpeace devolvieron el instrumental de pesca requisado a los coreanos y estos detuvieron su pesca en aguas internacionales.

Ahí no acabaron las sorpresas para la tripulación coreana pues la gente del Esperanza había sustituido los peces por figuras de madera con forma de tortuga o atún. En todas las figuras se podía leer: “¡Reservas Marinas ya!”. Con el fin de asegurarse de que cumplirán su palabra el Esperanza –siguiendo la máxima que Risto ha puesto de actualidad: “Sed buenos pero no idiotas”- se ha convertido en las últimas jornadas en su sombra. Mientras el Oryong 717 regresa a aguas de Kiribati marcado tan estrechamente como un delantero centro en un saque de esquina, la gente de Greenpeace insiste en que una tercera parte de las capturas realizadas con la técnica de palangre es de especies que no son objetivo de la pesca, incluidos ejemplares de especies de tiburones, rayas y tortugas en peligro de extinción.

Vía | www.islandsbusiness.com
Fotografía | greenpeace_esperanza

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