
El tema se puede resumir brevemente: El Gobierno de Gran Bretaña multará para evitar ser multado. Un resumen breve pero incomprensible, lo sé. Lo que ya tienen claro a estas alturas los británicos es que se enfrentarán a multas si no cumplen la nueva legislación de residuos de alimentos. Las autoridades quieren que todas las cocinas de Gran Bretaña cuenten con un cubo específico para los desechos alimentarios. Luego su gestión –por no decir su marrón- es competencia de los municipios.
Uno de cada cuatro ya recoge este tipo de basura por separado a fin de reducir la cantidad de residuos biodegradables pero lo depositan en los vertederos. Ahora estarán obligados a seguir las directrices marcadas por el nuevo sistema, calificado por algunos detractores de radical pero que cuenta con el respaldo por Hilary Benn, Secretario de Medio Ambiente nombrado por Gordon Brown hace dos años. En un esfuerzo por crear en todos los hogares el hábito de tirar los desechos de alimentos en el contenedor adecuado, las autoridades municipales podrán imponer multas de entre ciento cincuenta y mil euros. Un buen pellizco que a poca gente dejará indiferente.
Benn asegura que es ridículo seguir vertiendo residuos biodegradables cuando estos podrían ser quemados para producir energía o tratados para dar lugar a biocombustibles. La idea no surgió tanto de una preocupación medioambiental como de la amenaza de multas millonarias por parte de la Unión Europea, pues Gran Bretaña está a punto de superar los niveles permitidos de acumulación de residuos.
Así que los municipios –denominados por allá council- estarán en breve obligados a introducir una nueva opción a la hora de reciclar y habrán de lograr que estos residuos sean incinerados o dedicados al compostaje. ¿De verdad piensan que la incineración es una solución mejor que la acumulación?
El Departamento británico para Asuntos Medioambientales, Alimentarios y Rurales ya está estudiando la experiencia de otros países que han demostrado cómo se puede reducir con éxito la cantidad de basura enterrándola en grandes fosas cavadas en el suelo. Pero es que eso no es reducir, es esconder. Igual que el avestruz oculta la cabeza ante el peligro, el ser humano cree que no viendo la basura esta deja de existir. Lo más curioso es que entre los planes del Gobierno británico no está –que me conste- la puesta en marcha de campañas de sensibilización para lograr que la cantidad de residuos producidos por los y las ciudadanas sea menor. ¿Creen que sería en balde?
Vía | www.telegraph.co.uk
Fotografía | Tal Bright
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