
La gallina Turuleca era un caso singular pero, como nos cantaba Miliki, al menos podía poner los huevos en la sala, la cocina o el corral…, y seguir vivita y coleando. La historia que traigo hoy, sin embargo, también es muy particular, pero mucho más triste. Sucedió en una pequeña granja de Nueva York: una pobre gallina llamada Roberta puso un huevo que le costó mucho más que eso, porque perdió la vida horas después de traerlo al mundo con un increible peso de 138 gramos.
Para que os hagáis una idea, un huevo de este tamaño no está lejos los records mundiales en huevos, con cifras que rondan entre los 170 y los 201 gramos, cuatro veces más de lo normal. Pues bien, este señor huevazo fue el que acabó con la vida del ave neoyorkina, que dio sus últimos suspiros en presencia del granjero, Chris Schauerman:
No podía creerlo. Abrí el gallinero y en el nidal, junto a otros cinco huevos, había uno monstruoso. Estaba muy emocionado cuando lo vi, pero al mismo tiempo triste, porque sabía que mi gallina había hecho su último esfuerzo para darnos ese huevo. Cuando la vi estaba muy mal, ya no podía ni sostener la cabeza ni mantenerse en pie. (Traducción libre)
En cuantito el granjero se despidió de su ave, la pena que dijo sentir no le impidió telefonear a toda prisa a la cadena ABC, que divulgó la insólita historia de Roberta y el huevo extragrande.
A pesar de que el huevo responde al nombre de Robertita, el legado de Roberta no será pollito, sino que se convertirá en una tortilla gigante. Aunque si la vida que iba a darle el granjero era como la que tuvo Roberta, casi es mejor este destino. Y si no que se lo pregunten a los de la Sanctuary Farm, por ejemplo.
Vía | www.dailymail.co.uk
Fotografía | miketually
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