
Hablar del festival de Sitges es, desde hace varias décadas, hablar de cine fantástico y de ciencia-ficción. Pero pertenecer a este segundo género no le resta ni un punto de interés y realismo a Moon, que supone el debut en la dirección de Duncan Jones. El cineasta británico no puede ni quiere ocultar algunas de sus referencias fílmicas, es el caso de Stanley Kubrick y una de sus obras maestras: 2001, Una odisea espacial. De Kubrick toma su ritmo pausado, diálogos minimalistas –las experiencias espaciales parece que así lo exigen- y su esfuerzo para dotar de verismo todo lo relacionado con el aspecto técnico y el planteamiento argumental. Y es en ese punto donde vamos a alunizar.
Más allá de las referencias a la robótica que presenta (GERTY es un HAL 9000 de nuevo cuño que transmite su estado de ánimo a través emoticones y de la voz de Kevin Spacey) y las referidas a la clonación que apunta está el retrato de un futuro oscuro. No sólo para el personaje que interpreta Sam Rockwell sino para toda la Humanidad. Este ingeniero especializado en minería llamado Sam Bell ha firmado un contrato de tres años durante los que será el máximo (y único) responsable de una solitaria base lunar durante los que se dedicará a extraer gas y minerales. Pero, ¿se trata de alguna investigación científica quizás?
No, la compañía Lunar Industries Ltd. inicia el expolio de la riqueza mineral de nuestro satélite en un intento por paliar la crisis energética que está sufriendo la Tierra. En la base Selene se obtiene Helio-3, del cual se obtienen tres cuartas partes de la energía consumida por la Tierra. Menuda responsabilidad la que depositan en los hombros de este hombre, en mitad de la nada, como en La Quimera del Oro (el relato de Jack London, no la divertida y libérrima versión de Chaplin). Tampoco quiero destripar nada del argumento, pero la película comienza cuando a Sam sólo le restan dos semanas para dejar la base lunar y volver a casa. ¿Quién será su sustituto? Los planes de Lunar Industries no dejarán frío a ningún espectador. ¿A qué ahora ya no suena tanto a ciencia-ficción?
Eso es porque la buena ciencia-ficción (ya sea en cine, literatura, cómic, televisión,…) no hace sino reflexionar acerca de la realidad de una forma más libre y potente. Ejemplos hay muchos, Alien 3 era una gran alegoría del SIDA y Star Trek pudo hablar de la Guerra de Vietnam cuando la censura catódica campaba a sus anchas en Estados Unidos. Incluso ahora Álex de la Iglesia trata en su serie Plutón Verbenero un tema similar al elegido por Duncan Jones: Un planeta Tierra condenado a tomar medidas desesperadas ante la obra irresponsable del ser humano. Pero en el caso de Moon lo hace, como ha escrito la crítica, desde “el humanismo, la reflexión y la serenidad”. Cualquier aportación (y desde cualquier género y soporte) es bienvenida. Por cierto, el próximo proyecto de Jones se titulará Mute y “tendrá una base artística parecida a Blade Runner” que, traducido, quiere decir que, en lugar de las calles de un Los Ángeles de 2019, recreará un Berlín alternativo y futurista.
Tres detalles que no quiero pasar por alto: El Centro Espacial de la NASA en Houston está trabajando realmente con el citado Helio-3. Segundo detalle, tras ser estrenada en su país de origen y triunfar en los festivales de Edimburgo, Tribeca y Sundance ahora Moon remata su palmarés con los tres premios que ha cosechado en Sitges (mejor actor, diseño de producción y película). Premios merecidos para una película que, como mínimo, hay que reconocer que es valiente. Y el tercero: Creo ser el único ser vivo de todo el Sistema Solar que ha sido capaz de escribir acerca de Moon sin contar que el padre de Jones es el compositor de la canción Space Oddity. Los paralelismos con el argumento del filem son sorprendentes, ¿será inspiración paterna o casualidad subconsciente?
Vía | sitgesfilmfestival.com
Fotografía | www.sonypictures.com
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