
En la Universidad de Cambridge están desarrollando un repelente de cucarachas y otros insectos que funciona por deslizamiento. Explico: un recubrimiento similar al plástico –no tóxico y respetuoso con el medio ambiente- que reduce el agarre de las patas de los insectos y les hace muy difícil trepar por las superficies que les llevan dentro de los recintos.
Francamente, ante la imagen de una cucaracha resbalando insistentemente por una pared, prefiero darle un zapatazo. Se ve que en Cambridge no, así que prefieren disuadirlas de entrar en una casa complicándoles la cosa. La sustancia ni siquiera daña al insecto, uno de los más feos y desagradables, en mi humilde opinión, que existen en el reino animal.
Los insectos son capaces de aferrarse a las superficies verticales porque éstas contienen una mezcla de aceite y agua que actúa como un pegamento para las almohadillas de sus patas. El nuevo repelente absorbe el agua, dejando sólo el aceite que es muy resbaladizo. Como resultado de las pruebas con el insecto palo, su control se redujo en un 40%.
¿Y es que acaso están en peligro de extinción? ¿No tenemos ya demasiados en las ciudades? ¿Qué beneficios reportan al ciclo de la naturaleza? ¿Para qué queremos cientos de cucarachas amontonadas en la puerta de casa esperando una pequeña abertura para entrar, si las podemos exterminar? Sé que esta idea no suena muy ecológica pero, seamos sinceros, ¿a quién le gustan estos bichos?
En todo caso, los investigadores están buscando una empresa que esté interesada en fabricar el producto a gran escala, que ha sido desarrollado a partir de polímeros químicos como aquellos que están en el nylon y el teflón, y podría usarse en líquido, pintado sobre una superficie.
Vía | www.telegraph.co.uk
Fotografía | sirtrentalot
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