
En Hanford, Estados Unidos, una empresa contratistas ha pasado una semana identificando heces radioactivas de conejo con detectores instalados en un helicóptero que volaba a 50 metros sobre los matorrales del desierto. Un ordenador a bordo, utilizando tecnología GPS, ha registrado cada lugar en el que hubiera heces –insisto, radioactivas- para que unos trabajadores pudieran volver más tarde y recoger los excrementos, que serán eliminados como residuos radiactivos de bajo nivel.
Hanford, un lugar supervisado por el Departamento de Energía estadounidense, producía alrededor de dos tercios del plutonio utilizado en el arsenal nuclear de ese país a partir de la Segunda Guerra Mundial y hasta finales de la década de 1980. La zona también había sido usada por los conejos, que habían excavado en áreas que podían estar contaminadas.
Muchos de los contaminantes se presentan en forma de sales, que atraen a la fauna silvestre. Los conejos llevaban en sus cuerpos estroncio y cesio, que emiten rayos gamma. Sin embargo, los conejos en sí mismos no han sido un objetivo: la zona de la que tomaron la contaminación fue pavimentada hace años.
Los conejos no fueron los únicos vectores biológicos contaminados por los residuos nucleares. Los ratones y tejones que pulan por la zona también se contaminaron, así como los coyotes que se alimentan de estos animales más pequeños
Para los ecologistas, la prioridad es mantener a las especies amenazadas o en peligro de extinción, como la salamandra tigre de California y la rana de patas rojas, fuera de las zonas contaminadas.
Vía | www.nytimes.com
Fotografía | Joshua Davis
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