
Aunque sería muy bonito, los nómadas no siguen el camino de las estrellas. Su existencia es mucho más prosaica. En Kenia, como en muchos otros lugares, su estilo de vida tradicional consiste en ir moviéndose tras los pastos que alimentan el ganado. Pero algo ha detenido su camino: la sequía. Así es, tres millones de nómadas están desapareciendo en Kenia como resultado de sequías cada vez más frecuentes, a lo que se suma un rápido aumento de la población, que aumenta la presión sobre los recursos de agua y de los pastos.
Los viejos del lugar aseguran que los pastos no son ni sombra de lo que eran. Jimale Irob, de 64 años, recuerda que en su juventud el ganado tenía hierba abundante y alta. Nada que ver con lo que ocurre ahora. Desde hace unos meses, Kenia padece una de las crisis de agua más severas de su historia, con consecuencias que no sólo afectan a los nómadas, sino a todo lo que se mueve.
Ya contamos cómo estaba diezmándose la población de elefantes, almas en pena vagando sin rumbo fijo, muriendo a decenas de pura sed y hambre. Cómo estaba amenazada la supervivencia de otros muchos animales, llegando a ser tan duro que muchos no podrían sobrevivirla.
Sus víctimas se cuentan por miles, no sólo elefantes, tambien han muerto vacas, cabras o camellos, y se han perdido hectáreas y hectáreas de cultivos, amenazando la vida de las personas que dependían de ellos para comer. Además, la ONU advirtió recientemente que 3,8 millones de kenianos están en situación de emergencia alimentaria.
En este trágico contexto se encuentran los nómadas, que dependen de un ganado que no encuentra qué comer. ¿Y qué hacen ante esta situación? Pues poco pueden hacer los que perdieron su ganado y se vieron obligados a asentarse. Algunos sobreviven vendiendo carbón vegetal producido por la quema de maleza, pero no dejan de mirar al cielo, en busca de las deseadas lluvias.
En Dela, en el norte, unos 3.000 nómadas malviven en tiendas cubiertas con lona y plástico. Allí dependen de la ayuda humanitaria internacional para los alimentos. Pero el agua no llega, su única salida. Son ya muchos los meses de sequía, demasiados para mantener un rebaño con vida.
Según Martin Karimi, trabajador de proyectos de desarrollo de la Unión Europea, explica cómo afecta el cambio climático:
Las lluvias pueden estabilizar la situación, pero no duran el tiempo suficiente para recuperarse. Cuando las lluvias caen, finalmente, son cortas y más fuertes. Y el suelo arenoso tampoco absorbe el exceso de agua que queda en la superficie antes de evaporarse. (Traducción libre)
Vía | Asociated Press
Fotografía | Robin Hutton
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