
El croar de las ranas es un asunto muy serio. Tanto que, al estar ahogando sus llamadas de apareamiento, el ruido del tráfico podría ser una de las razones de la drástica reducción de anfibios en Melbourne.
Digo, también, que es un asunto muy serio porque su baja reproducción está dejando sin ranas los estanques de esta ciudad australiana. Y yo, como muchos de vosotros, estoy con la bióloga Kirsten Parris cuando dice que el sonido de las ranas “hace feliz a mucha gente, y nos conecta con la naturaleza, algo muy valioso para cualquier persona que viva en una gran ciudad.”
Pero volvamos al origen del desastre: el tráfico que cruza las autopistas, tan poco amigo de las ranas. Y no sólo porque puedan aplastarlas, sino por el ruido. Sí, el continuo trajín de la autopista está apagando su llamada sexual. Lo que significa que las hembras no pueden escucharla y, esto medio en broma, medio en serio, deja a los machos roncos y exhaustos, sin comerse un colín. Consecuencia: resulta mucho más difícil conseguir pareja para aparearse y la reproducción se resiente.
Para que os hagáis una idea: el sonido que oían las hembras desde unos 800 metros de distancia ahora sólo lo oyen a 14 metros. Un asunto grave, pues las llamadas de estos anfibios son de baja frecuencia, y se ven especialmente afectados por el ruido urbano.
Y en respuesta a esta amenaza, incluso, algunas ranas están cambiando sus llamadas, según Kirsten Parris, una bióloga de la Universidad de Melbourne.
En concreto, la rana marrón el árbol, la Bleating Tree Frog (Litoria dentata) se adapta al ruido urbano mediante la producción de una llamada de tono chillona y superior. Esta nueva convocatoria les ayuda a ser oídas, pero no acaban de compensar el efecto del ruido del tráfico.(Traducción libre)
Parris lleva una década estudiando las ranas en Melbourne y ha constatado cómo durante este periodo las poblaciones que ella visitó hace unos años han desaparecido actualmente: “Esto es lo que se conoce como la extinción local, y es posible que el ruido urbano es contribuir a este proceso “, se lamenta.
Pero el ruido no es la única amenaza. Las ranas también están padeciendo la sequía que afecta a Melbourne, consecuencia del cambio climático. Así, entre el ruido de las carreteras, la falta de agua y otras barreras del entorno urbano, las ranas están de capacaída.
Precisamente para evitar que la situació empeore, Parris y sus colegas han iniciado un programa piloto con el zoológico de Melbourne y el Royal Botanic Gardens Melbourne que aspira a poner ranas de nuevo en las zonas urbanas en las que han desaparecido. Un objetivo, necesariamente, que pasa por remediar o minimizar el problema del ruido en las autopistas.
Además de todo esto, el declive de las ranas podría ser un mensaje en una botella:
Las ranas son una parte muy importante del ecosistema, y algunas especies son también muy sensibles a los cambios ambientales. A menudo se dice que las ranas son un indicador del estado medioambiental. Pues bien, ellas lo están pasando verdaderamente mal, así que tal vez sea hora de que empecemos hacer caso de la advertencia. (Traducción libre)
Vía | www.sciencealert.com.au
Fotografía | Benimoto
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