
Ya lo dice el viejo dicho: en baúl viejo, juguetes nuevos. Aunque no nos lo parezca, en casa tenemos todo un arsenal de cosas que pueden hacer un perfecto papel como regalos. Y, como guinda perfecta para este verde pastel, mejor envolverlo con material reciclado.
¿Y qué ventaja tiene regalar algo que tengamos por casa? La respuesta es triple: No gastar, no consumir y no contaminar. Y, a la vez, es un gesto medioambiental de primera, pues también seguimos la norma ecológica de las tres erres (Reducir, Reciclar y Reutilizar).
Además, los regalos que podemos llamar de segunda mano pueden tener un componente emotivo especial, del que carecen los recién comprados. Así, aprovechando que se acerca la Navidad, el tiempo de los regalos, no está de más barajar esta posibilidad para hacer nuestros regalos, o algunos de ellos.
Pero dar con algo que entregar como presente y acertar no es tarea sencilla. Encontrarlo, a menudo, requiere buscar y rebuscar. Buscar en el garaje, en el ático, debajo de la cama, en los altillos de los armarios. Y, sobre todo, volver a mirar lo que tenemos pensando si de veras lo queremos o si sería perfecto para alguien más.
He aquí algunas ideas que podemos regalar sin que nuestros amigos lo encuentren de mal gusto, sino todo lo contrario:
Si tenemos un vecino que suele pedir sal, harina, azúcar, levadura, huevos… Podemos hacer un pastel para él, por ejemplo. O si tu amigo es un buen lector, ya sabes, ese libro que tanto te gustó y que por ello imaginas que también le encantará, mejor con una buena dedicatoria. O esos libros de literatura clásica que tienes por ahí, y que nunca lees.
Otra idea es unir unas velas que tengas intactas con sales de baño, que puedes hacer caseros mezclando sal gruesa con aceites esenciales. Lo envuelves en papel de celofán transparente atado con un lacito y ya tienes un kit de spa.
Si tienes suficiente confianza con el destinatario del regalo, y éste es deportista o se ha propuesto hacer deporte a principio de año, puedes pasarle esas pesas, cuerdas para saltar… y un cd de música para acompañar su ejercicio. Pero ten cuidado, porque este regalo podría malinterpretarse. Ya me entiendes… a nadie le gusta que le insinuen su falta de forma.
Una opción interesante es rebuscar en el baúl de los recuerdos. ¿Un tocadiscos olvidado en un rincón, interesantes discos? O quizás bisutería, prendas de vestir (vestidos, jerseys, bufandas, guantes, sombreros, blusas…) que vuelven a estar de moda, juguetes antiguos en perfecto estado que sólo necesitan un buen lavado. Y un truco para entregar este tipo de cosas: envolver cada pieza en papel de seda de colores o colocarle un gran lazo pegado, directamente, sin envolverlo.
Ahora entremos en la cocina, donde seguramente tendremos algún pequeño electrodoméstico que compramos con mucha ilusión pero que luego apenas hemos utilizado. Quizás podamos darle un nuevo uso regalándolo a alguien que pueda apreciarlo. También podemos añadir un libro de cocina que permita sacarle más partido a la máquina, o un conjunto de tarjetas de recetas hechas a mano.
Y, por último, un regalo de lo más socorrido pero muy correcto: una botella de vino, un presente que quedará mejor si lo entregamos dentro de una bolsita hecha por nosotros mismos (como ésta, o como ésta). La frase que salga de tu boca cuando regales la botella es importante. ¿Una sugerencia? Sería perfecto decir algo así como: Me gusta tanto este vino que también quería que disfrutaras de él.
Vía | www.thedailygreen.com
Fotografía | Claudia Assad
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