
Ni millonarias campañas de concienciación ni las más modernas tecnologías. Para evitar incendios forestales y luchar contra la deforestación, nada como dejar el asunto a los más sabios del lugar . En este caso, son los aborígenes australianos quienes han demostrado su maestría en prevenir los incendios trabajando como guardabosques.
Y no, no hablamos de un modestro trabajo de guardabosques. Resulta que los aborígenes australianos están generando millones de dólares para sus comunidades gracias a su conocimiento tradicional contra los devastadores incendios, una exitosa experiencia que científicos de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU) dijeron que podría aplicarse en África.
Esta labor, lógicamente, supone una disminución del CO2 emitido a la atmósfera, por lo que también estamos hablando de una ayuda en la lucha contra el cambio climático. Una contribución medioambiental que está enriqueciendo a los aborígenes a través de la venta de bonos o créditos de carbono obtenidos gracias a los éxitos cosechados en los últimos tres años por aborígenes de West Arnhem, norte de Australia. No en vano, su sabiduría ancestral logró reducir las emisiones del territorio al equivalente de 488.000 toneladas de dióxido de carbono (CO2), empleando técnicas propias para la lucha contra incendios durante la temporada de sequía.
Pero, ¿cuál es el misterio de sus técnicas? Sencillo. Según Sam Jonhston, profesor del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU), los aborígenes combaten el fuego con el fuego. Así lo han hecho con éxito durante generaciones, previniendo incendios incontrolados durante la época seca austral con pequeños fuegos provocados bajo control.
El resultado es la creación de un área de cortafuegos con la suma de todos estos terrenos quemados. De este modo, en el momento de los incendios logran minimizar su impacto y proteger la biodiversidad.
El programa piloto de West Arnhem es conocido con el nombre de Walfa, y está patrocinado por la multinacional ConocoPhillips, que opera una planta de gas natural licuado en Puerto Darwin. Ésta es la que compra los créditos de carbono generados por el proyecto, por valor de unas 100.000 toneladas de CO2 al año. A cambio, los aborígenes recibirán 1 millón de dólares australianos anuales durante los próximos 17 años.
Vía | www.reuters.com
Fotografía | denn
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