
Es cierto, no todos los estudios concluyen que la radiación que emite el teléfono móvil sea peligrosa. Aún así, hay suficientes datos preocupantes como para no bajar la guardia. En este post resumimos el reportaje de advertencia que ha publicado la web The daily green para los usuarios de estos aparatos, es decir, para casi todo el mundo.
Estoy con la filosofía del post publicado en esta web ecológica: lo mejor es curarse en salud con esto de la telefonía móvil. Así, sea cual sea su nivel de peligro, y mientras se investiga más y, sobre todo, hasta que los científicos se pongan de acuerdo, vamos a ir previniendo, es decir, reduciendo nuestra exposición a su radiación.
Comencemos con algunas ideas útiles: el concepto de tasa de absorción o SAR, una medida de la cantidad de radiación absorbida por el cuerpo, en este caso por nuestro propio body. Pues bien, este tema es complejo, pero a nosotros nos basta con saber que a mayor radiación, mayor SAR, pero sus valores pueden variar mucho en función del modelo de teléfono y de las circunstancias en las que hablemos (red, frecuencia, cercanía corporal hasta el aparato, distancia del teléfono hasta la antena más cercana, etc). Y otro dato importante: la absorción de la radiación no es la misma en distintas partes del cuerpo ni, pongamos por caso, entre distintas edades.
Por ejemplo, ahora que el móvil se ha alejado de la cabeza con el uso de los auriculares y manos libres, esto significa menos radiación al cerebro, pero ésta se traslada a otras partes del cuerpo. Si a esto le unimos que la investigación ha demostrado que la piel y los músculos absorben más radiación que la grasa y los huesos, la cintura se convierte en un punto débil, especialmente los órganos reproductivos, sin huesos que los protejan, como sí ocurre con el cerebro, blindado por el craneo.
Así, nuestro objetivo es reducir la exposición a las radiaciones y el gasto de energía del móvil, por lo que la señal de voz siempre será más radioactiva que un mensaje de texto. Pero hay más consejos o, mejor llamémoslos trucos, que nos permiten absorber menor energía radioactiva.
¿Y los niños? Los cerebros de los niños tienen más iones que los de los adultos y sus huesos son más finos, por lo que su protección es menor. Un reciente estudio concluyó que la cabeza de un niño podría absorber el doble de radiación que un adulto. Razón más que suficiente para limitarles el uso del teléfono a llamadas de emergencia.
¿Qué podemos hacer nosotros? Hay unos consejos básicos que podemos seguir para seguir conectados y, a la vez, reducir posibles riesgos:
Mejor el auricular o el altavoz (hay modelos que lo llevan incorporado) a pegarnos el móvil a la oreja, aunque si los auriculares son inalámbricos podrían seguir emitiendo radiaciones mientras sigan conectados. Aunque ya hemos dicho que son preferibles los mensajes de texto que las llamadas, y no sólo porque se usa menos energía, lo que equivale a una mayor radiación, sino porque el msm no nos acerca el aparato a la cabeza.
En caso de hacer llamadas, hacerlas cortas, y durante las mismas, intentar mantener el teléfono lejos del cuerpo, no contra la oreja, en un bolsillo, sobre las piernas o el cinturón, pues ya dijimos que los tejidos blandos absorben mayor radiación. Además, si se puede elegir el momento, hacer la llamada cuando la cobertura sea mayor, pues una cobertura débil lo hace trabajar más, aumentando la radiación.
Por supuesto, podemos adquirir un modelo de móvil de baja radiación (consultar su tasa de absorción o SAR): aquí tienes una guía. Y cuidado con las fundas y otros obstáculos que obliguen al aparato a hacer mayor esfuerzo para conectar, lo que de nuevo derivará en una mayor radiación.
Vía | www.thedailygreen.com
Vía | www.thedailygreen.com
Fotografía | Samantha Celera
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