
En los meses de invierno, las manos suelen acabar siendo víctimas del frío. Pero del mismo modo que la naturaleza te las enrojece y reseca, también ella, y sólo ella, puede ser tu mejor bálsamo.
Evidentemente, quien previene no necesitar curar. En el caso de las manos, si hace frío, la mejor prevención es cubrirlas con buenos guantes y mantenerlas hidratadas, aunque esto no siempre es suficiente. Desgraciadamente, siempre llegan momentos en los que el mejor de los cuidados puede echarse a perder : el contacto con agua casi helada, no secarse las manos y dejarlas humedecidas en un día de viento, olvidar los guantes…
Así es, a veces el frío es tan cortante que un simple descuido puede provocar problemas en su epidermis, hasta llegar a hacer pequeñas heridas antiestéticas, molestas y dolorosas. Pero que no cunda el pánico, que aquí vengo con un par de trucos para restaurar nuestras manos hasta dejarlas perfectas.
Unos cuantos mimos son suficientes para volver a tener unas manos suaves. Además de mantenerlas correctamente hidratadas, tal y como ya explicamos en un post anterior, puedes seguir este pequeño consejo: Se trata de sumergirlas con regularidad en un baño de agua tibia y sal en un baño de agua fría dulce. Abstente si tus manos tienen heridas, pues la sal hará que te escuezan, así que primero has de curarlas. Además, cuando peles patatas utiliza alguna de ellas para frotar tus manos durante unos minutos. Luego enjuaga con agua tibia.
Un segundo consejo, éste especialmente indicado si sus manos están enrojecidas por el frío, consiste en remojarlas en un bol pequeño de agua caliente con sal y luego frotar suavemente con un poco de aceite de oliva o de almendras dulces.
Más información:
Vía | www.ecotruc.com
Fotografía | momöm
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