
Menudo susto debe ser salir al jardín de tu casa, ubicada a una distancia considerable del mar, y encontrarte entre el césped del invierno una cría de foca. Así, como si tal cosa. Tal y como le pasó a los Dwyer, en cuyo jardín en la villa inglesa de Benenden, en Kent, a casi treinta kilómetros del mar, apareció la cría en cuestión.
Harriet, la hija del matrimonio Dwyer, salió a pasear a su perro Jack, que tuvo el honor de ser el primero en ver a la foca. Sus ladridos atrajeron la atención de la niña, que al principio creyó que se trataba de un gato mojado sobredimensionado. Pero no, era una foca de menos de un año de edad, que debe haber llegado hasta el jardín arrastrándose sobre la nieve desde un arroyo cercano, a juzgar por las huellas que se encontraron.
Cómo llegó al arroyo es la pregunta del millón de euros. Se cree que llegó allí arrastrada por la corriente del Río Rother, que se conecta con el Canal de La Mancha en Rye. La Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals (RSPCA), que se ha hecho cargo de la foca y la ha llamado Gulliver, dice que tiene muy buen peso.
Quizá tenga algo con ver con la desaparición de algunos peces de colores que han desaperecido del estanque que los Dwyer tienen en el jardín.
La foca tiene una etiqueta de Bélgica, probablemente colocada por el centro de rehabilitación en Ostende. Una vez puesta en libertad, se sumergió en el Río Rother y terminó en el flujo que conducía al arroyo que pasa por detrás del jardín de Kent.
Vía | news.bbc.co.uk
Fotografía | Tambako The Jaguar
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