
El gobierno de China está considerando implementar impuestos ecológicos ante la realidad que ha sido puesta en evidencia recientemente: la contaminación del aire y el agua en el enorme país alcanza niveles alarmantes. La culpa la tienen los sospechosos habituales: las prácticas agrícolas intensivas y las miles de empresas que han logrado el milagro del crecimiento económico, a costa, como se ha hecho evidente, del bienestar medioambiental.
Estos datos han resultado de una inspección nacional que han realizado 570 mil empleados públicos y que ha durado dos años. Al anunciar los resultados, el viceministro de protección medioambiental dijo que se está estudiando la posibilidad de aplicar impuestos medioambientales a los contaminadores. Y es que China podría estar alcanzando niveles pico de contaminación más rápido de lo que lo hicieron otros países en el mismo punto de desarrollo industrial.
Más de 200 millones de chinos no tienen acceso a agua potable segura para salud, de acuerdo con los datos publicados por el propio gobierno. Después de décadas de gobierno comunista, centralizado, omnipresente y todopoderoso, llama la atención que sea la contaminación la razón de muchas de las protestas que los ciudadanos chinos están realizando frente a edificios gubernamentales.
En noviembre de 2009, los habitantes de Guangzhou se manifestaron contra la construcción de una planta incineradora de basura, y lo hicieron justo frente a las oficinas del gobierno.
Poco antes se había sabido que más de 40% del dinero presupuestado para proyectos de protección medioambiental y saneamiento era desperdiciado por los cuadros del partido comunista, usados para aumentar su prestigio personal o invertidos ineficiente o incorrectamente.
Vía | www.telegraph.co.uk
Fotografía | Markus Sepperer
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