
El secretario general de la Naciones Unidas, Ban Ki-moon, pidió a los estados de Asia Central que trabajaran juntos para hacer frente a los desastrosos efectos de la disminución del Mar de Aral.
Gran parte del antiguo cauce de lo que fue el cuarto lago más grande del mundo, el Mar de Aral, es ahora un desierto cubierto de maleza y salinas. Se redujo en un 70 por ciento después de que los planificadores soviéticos en la década de los 60 desviaran el agua para proyectos de riego del algodón en Uzbekistán.
La gente que vive alrededor del Mar de Aral son de los más pobres de la región y están permanentemente luchando contra el descenso de los suministros de agua dulce, sobreviviendo a la disminución de la población de peces (fuente principal de alimento), a la contaminación y a las violentas tormentas de arena. Por si los males de esta parte de Asia no fueran pocos, en 1990 el mar se dividió en una gran parte al sur de Uzbekistán y una pequeña porción en Kazajstán.
Las Naciones Unidas han decidido ver los problemas de la zona in-situ y su máximo representante, Ban Ki-moon, ya está de gira por las naciones de este territorio (Uzbekistan, Turkmenistán, Kirguistán, Tayikistán y Kazajstán). La agenda está marcada con discusiones sobre cooperación regional, no proliferación nuclear, cambio climático y desarrollo.
En Moynak, Uzbekistan, una vez en la costa del Mar de Aral, pero ahora rodeado de arena, Ban fue recibido por un grupo de ciudadanos que se quejaron por el posible impacto de la central hidroeléctrica Rogun que Tayikistán desea construir. Pero su parte, Tayikistán espera que la nueva planta de Rogun resuelva la falta crónica de energía del país al duplicar la producción nacional de electricidad. El secretario general de la Naciones Unidas ya ha declarado en reiteradas ocasiones durante esta gira, que las soluciones más inmediatas de los problemas de la zona pasan por la cooperación regional.
Vía | www.reuters.com
Fotografía | Staecker