El artista estadounidense Tom Deininger usa materiales desechados por nuestra sociedad para reciclarlos y reutilizarlos en sus obras de arte, de trash-art. No sólo se trata de collages, sino que, por ejemplo, reúne creaciones muy elaboradas a partir de colillas de cigarro encontradas por la playa a lo surfrider, o usa sus filtros para simular la save piel de un conejo, o, ya más punki y conceptual, sencillamente acumula y amontona la basura que genera en dos meses, a lo síndrome de Diogénes.
La verdad, tal y como está el mundo del arte, no nos atrevemos a asegurar que le muevan consideraciones medioambientales. Porque igual el artista quería expresar su complejo de Edipo o lo incómodo de un grano en el culo, por decir algo. Pero el caso es que ¿no deja el arte contemporáneo todo margen de interpretación a los espectadores? Pues hagamos la nuestra de forma ligerita, como toca en fin de semana.
La imagen que encabeza el post es la de un conejo que parece tener un suave pelo. Señores, ese conejo apesta. Literalmente. Colillas encontradas en playas fueron desmenuzadas, y su almohadilla interior, que debe ser la hostia de tóxica, se ha usado para simular el pelo del conejito. Me recuerda a la textura de los osos panda que me regalaban en el chino. Interpretación de Ecologiablog: los seres animales, incluso los entrañables conejitos, nacen ya llenos de tóxicos apestosos y, aunque parezcan sanos y tal, el polvo (eh, no voy a caer en el chiste fácil con conejo, que lo sepáis) que nos forma ya no es divino sino que está contaminado. Ay, qué profundo y sensible estoy, oye.

La obra de aquí arriba tiene un poco el efecto de ojo mágico.De lejos se ve una cosa; cuando te acercas. otra. Pues bien, formado de nuevo por colillas recicladas, esta vez sin desmenuzar, me ha gustado que el artista ha jugado con las diferentes tonalidades de las colillas por efecto de su exposición al sol y a los elementos, algunas descoloridas, otras conservando el color original, para formar una concha (argentinos, abstenerse de comentarios) marina. La interpretación iría en la misma dirección que el conejo.
He aquí una obra un pelín menos elaborada que las anteriores, para qué engañarnos. Pero al artista conceptual se le paga por pensar, ¿o qué? Pues ale, aquí tenéis la montaña de basura. Todos los guarros como yo hemos formado alguna vez montañas similares en algún rincón de nuestro cuarto, un poco esperando que alguien (gracias mamá) llevara toda esa ropa a la lavadora o que, mágicamente, se lavara sola. A Tom Deininger debía darle palo sacarse de encima toda la basura acumulada durante dos meses en su estudio, y se decidió convertirlo en una pieza artística sobre la desidia total o, sobre el alarmante ritmo de basura que genera el mundo desarrollado. Como blogger de Ecologiablog apuesto por la segunda interpretación. Como marranete, la primera. De hecho, el artista dice que es un autoretrato…
Y nada, para acabar os dejo con los nidos de playa. Hechos enteramente por material de vertedero. Desde bicis a trozos de ordenadores. De nuevo, elementos naturales, idealizados, entrañables, son imitados con basura. Otro buen ejemplo de trash-art. Pero bueno, después de que os contáramos acerca de la ropa hecha con colillas, y estando ya curado de espantos en el extraño mundo del arte, pues igual ya no os sorprende nada de todo esto. A saber.

Vía | greenupgrader.com
Fotografía | www.tomdeiningerart.com
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