La mayoría del aceite de palma que se utiliza como materia prima para producir biodiésel en Europa no es ecológico. Proviene de grandes plantaciones tropicales. Pero las prácticas de cultivo no son precisamente sostenibles, la deforestación para añadir más tierras y la sustitución de selva por grandes extensiones de monocultivo están haciendo estragos en los ecosistemas. Sirvan como ejemplo los orangutanes de Indonesia.
“Orangután” significa “hombre del bosque”. De los 50.000 o 60.000 orangutanes salvajes que quedan en el mundo, el 90% de ellos están en Indonesia, el mayor productor mundial de la lucrativa industria del aceite de palma. Bajo la presión de la demanda de “combustibles limpios” y la industria maderera, cada minuto se pierde en el país una superficie equivalente a 300 campos de fútbol. Perdiendo los bosques que los sustentan, la población de orangutanes está disminuyendo y está en peligro de extinción.
Birute Mary Galdikas, al igual que Jane Goodall (de quien hemos hablado) y Dian Fossey (Gorilas en la Niebla), fue discípula del antropólogo Louis Leakey y se dedica al estudio y la protección de los grandes simios. En colaboración con la Orangutan Foundation Internacional, Birute trabaja con los orangutanes del parque nacional de Tanjung Puting, en la Isla de Borneo. Sigue leyendo para ver cuál es la situación allí, acciones que se están tomando y un vídeo de una campaña de sensibilización al respecto.
Según explica Birute, las plantaciones de palma de aceite llegan ya hasta los límites del parque y talas ilegales en el interior, los orangutanes empiezan a estar amenazados incluso en las áreas protegidas. Las autoridades locales están intentando reducir el perímetro del refugio. Pero los orangutanes de Tanjung Puting son afortunados. Birute dirige un orfanato de crías de orangután que han perdido a sus madres porque al perderse los bosques que les alimentan recurren a adentrarse en las plantaciones a comerse los brotes de palmas jóvenes recién plantadas. Así mueren muchos a manos de los trabajadores. Las crías de orangután tienen un vínculo muy fuerte con sus madres, permanecen juntos unos 7 años, es por eso que en el orfanato las recogen y cuidan para liberarlas una vez adultos en la selva, aunque según las palabras de la científica canadiense, cada vez es más difícil encontrar zonas de selva donde es seguro liberar orangutanes de vuelta a la vida salvaje.
Aunque últimamente haya algunos intentos de producir aceites vegetales con certificación de producción sostenible, estos son solo hechos aislados. Utilizar biodiésel en nuestros coches puede tener un efecto positivo sobre el balance de carbono, pero los efectos sobre la biodiversidad son inasumibles. No es justo trasladar el coste de nuestra movilidad a los ecosistemas tropicales. Los biocombustibles de segunda generación se supone que arreglarán esta situación, porque utilizarán material de rechazo agrícola que no añadirá más presión al ya exhausto territorio. La única movilidad sostenible seguirá siendo ir a pie, en bicicleta, en transporte público, usar el viento, el sol, o los vehículos eléctricos (siempre y cuando la electricidad sea limpia). Como ya hemos visto anteriormente los biocombustibles no son una solución actualmente tan sostenible como nos intentan vender.
Vía | climate.weather.com
Fotografía | Film4Conservation