
Se calcula que cada mujer utiliza alrededor de 17.000 compresas desechables y tampones a lo largo de su etapa fértil. Por no hablar de protege slips… Multiplíquese por la de mujeres en el mundo que las usan y la cifra da algo de miedo. Además de la contaminación ambiental que generan como desecho, hay que sumarle el impacto de su proceso de fabricación y los efectos nocivos que, como el síndrome de shock tóxico (SST), puede tener su uso reiterado durante décadas.
Problemas de compresas y tampones: el cultivo del algodón con que están hechos requiere, como ya advertimos anteriormente, de cantidades enormes de pesticidas, y no está claro hasta qué punto su presencia acaba en las compresas y tampones; en la fabricación de las mismas se usan tipos de plástico derivados del petróleo como el polietileno o polipropileno, los cuales, además, impiden una correcta transpiración; el blanqueo y esterilización de la celulosa y fibras de algodón puede ser tóxico si se hace mediante cloro, siendo menos nocivo mediante oxigenación; estos materiales blanqueantes acaban contaminando el agua; compresas y tampones, asumidos por casi todos como imprescindibles y como única alternativa (lo cual es falso, leer siguiente post), son, definitivamente, caros; finalmente, aunque no hemos sido capaces de encontrar cifras sobre las toneladas de compresas y tampones desechados cada año, parece evidente que son enormes.
Extendiéndonos un poco más en el caso de los tampones, el plástico de los aplicadores no es reciclable. Muchas mujeres se quejan de que los tampones resecan la vagina. Además, el hecho de que a menudo quedan fibras en su interior, visto de qué están hechas, no es muy tranquilizador. Finalmente, los tampones, tal y como se advierte en los prospectos con que vienen, están relacionados con el síndrome de shock tóxico (SST), una afección rara pero que puede resultar letal; en general, no es seguro que los tampones sean del todo inocuos.
Hay que decir que varios bulos han surcado la red. Básicamente, que compresas y tamponen llevan amianto o asbesto, y dioxinas en altas dosis, lo que sería cancerígeno. Ni eso es cierto ni tampoco lo es la muy peliculera y conspiradora teoría de que esos materiales aumentan el sangrado y, por lo tanto, el consumo de compresas y tampones. Algunos derivados del estaño, como el tributilestaño (TBT), que podría alterar el sistema hormonal y que ha estado presente en pañales, compresas, tampones, productos de higiene, pero también camisetas, durante años, por lo visto ya no son usados.
Vía │www.mujeractual.com
Vía │pensamientosdeunanaq.mforos.com
Vía │eco21.com.ar
Fotografía │ecastro
Comentario anterior