
La Comisión Europea ha anunciado que está considerando medidas adicionales y más estrictas con respecto al uso y producción de biocombustibles, con el objetivo de minimizar los efectos dañinos que la producción de éstos conlleva. Los resultados de este debate, que está en la agenda de la UE al menos desde principios de este año, podrían estar listos para julio de 2011.
En marzo de este año, la agencia de noticias Reuters tuvo acceso a varios borradores elaborados por la UE, en los que se señalaba que los biocombustibles utilizados en Europa tienen consecuencias negativas no intencionadas en los bosques tropicales y los humedales. Un informe realizado por el grupo ActionAid señala que las compañías de la Unión Europea han cambiado el uso de millones de acres de tierra en África, América central y Asia, del cultivo destinado a la alimentación al cultivo destinado a la fabricación de biocombustibles.
Cualquier nuevo proyecto de ley para endurecer los controles ambientales sobre los biocombustibles, sobre todo aquellos que se extraen de cultivos como la colza, el trigo, el maíz y el azúcar, dependerá de una detallada evaluación del cambio indirecto del uso de la tierra, afirma la Comisión. El problema es que no hay una forma de medir directamente este impacto. Una opción que se está considerando es la de atribuir una cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero a la producción de biocombustibles para que pueda servir como regulador en los cambios indirectos del uso del suelo.
Una de las metas de la UE es que al menos un 10 por ciento de la energía para el transporte por carretera y ferrocarril en el 2020 proceda de fuentes renovables. Los biocombustibles como el etanol y el biodiesel son la principal fuente de energía renovable pero aunque son los sustitutos más directos de los combustibles fósiles, su uso también puede generar un gran impacto en el medio ambiente.
La cuestión con el cambio indirecto del uso de la tierra es que, en una producción a gran escala, el uso de tierras para cultivos destinados a biocombustibles podría desplazar a los terrenos para la producción de alimentos. La situación crítica es el espacio necesario para puedan convivir estos dos cultivos: el destinado a nuestras mesas y el destinado a nuestros coches. Ya existen problemas de espacio para cultivos, los chinos y algunos países europeos están comprando o arrendando tierras en África y Brasil para poder suplir a la demanda europea. Si la meta de consumo y producción sube exponencialmente, tendremos que inventarnos hectáreas donde no las hay.
Vía | www.bloomberg.com
Fotografía | Tartaruga