
El Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas (ISAAA), el único con datos globales sobre el cultivo de transgénicos, ha dado hoy a conocer los datos de 2008: España, con 100.000 hectáreas de maíz modificado genéticamente (el Bt, resistente a la plaga del taladro), es el mayor productor de la Unión Europea y se sitúa en catorceavo lugar en el ránking mundial. Esto sucede un día después de que el Parlament de Catalunya aceptara estudiar a trámite la iniciativa legislativa popular (ILP) promovida por el grupo antitransgénicos “Som lo que sembrem“. Se abre así oficialmente el debate sobre los transgénicos en nuestro país.
Es un hecho que los transgénicos se expanden por el mundo. Según el informe del ISAAA, 1,3 millones de agricultores se pasaron a los cultivos trangénicos en 2008, lo que hace un total de más de 13 millones en 25 países. En todo el mundo habría hoy 125 millones de hectáreas de cultivos de este tipo, 72 veces más que en 1996. Por primera vez empiezan a desarrollarse en África (Burkina Faso y Egipto), y mientras en siete países de la Unión Europea (entre los que se cuenta España) se ha incrementado su cultivo alrededor de un 20%, el estudio también refleja que países como Francia, por ejemplo, no sembró transgénicos en 2008.
Entre Aragón y Cataluña se reparte el 80% de la superficie agrícola destinada a este tipo de cultivos biotecnológicos. Por ello, no es de extrañar que en esta última comunidad haya nacido un pujante movimiento que pide su prohibición.
En palabras de Albert Puy, de “Som lo que sembrem”, en referencia a la noticia del primer éxito de la iniciativa de legislación popular que han promovido (ha sido respaldada por más de 100.000 adhesiones), se trata de “un acto de democracia participativa del todo necesaria, porque ya hace diez años que los transgénicos están aquí y con total impunidad”, por lo que espera que la Mesa “acepte a trámite la proposición de ley y se cree una comisión multidisciplinaria en el Parlament porque los transgénicos afectan tanto la salud como el medio ambiente o la agricultura”.
El objetivo sería “prohibir el cultivo de productos modificados genéticamente, identificar los productos, transformados o no, que los contengan, establecer los efectos sobre la salud y el medio ambiente” y declarar Cataluña “territorio libre de cultivos transgénicos”.
La gran crítica que se les ha hecho a este tipo de alimentos es que se están extendiendo sin que se hayan estudiado previamente los efectos que pueden tener sobre la salud de las personas y del planeta. Por lo pronto, se sabe ya que pueden producir alergias, intoxicaciones y resistencia a los antibióticos. Además, alteran la cadena trófica y, debido a que favorecen el monocultivo, también son perjudiciales para la biodiversidad. Y a pesar de tener Monsanto y otros gigantes las patentes de las semillas y de producirlas estériles para obligar así a su compra en cada cosecha, hay pruebas de que, en ocasiones, se propagan a cultivos aledaños, con lo que pueden colonizar cultivos no modificados. Queda abierto el debate.
Vía | www.abc.es
Vía | www.consumer.es
Fotografía | danielaparra
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