
Lo comentábamos ayer: a pesar del aumento generalizado de cultivos modificados genéticamente alrededor del mundo, en Francia impera la moratoria y no se cultivan transgénicos. Vamos a ver por qué.
Dos estudios se llevan la contraria. Mientras que la Agencia Francesa de Seguridad Sanitaria de los Alimentos (AFSSA) publicaba ayer en Le Figaro un estudio según el cual el maíz transgénicos Mon810 es totalmente seguro para la salud, otro estudio anterior, efectuado por el profesor Yvon Le Maho (de la Alta Autoridad sobre los transgénicos) a petición del mismo Gobierno, concluía que potencialmente sí habría peligro para la salud de las personas y del medio ambiente, por lo que sería recomenable seguir con el principio de precaución. Por este motivo, el Gobierno francés mantiene la moratoria.
Básicamente, los responsables de la AFSSA han querido tumbar el estudio precedente del profesor Le Maho. Para conseguirlo, han realizado pruebas sometiendo a ratones a una dieta transgénica durante 90 días, lo que no ha reportado ningún problema para su salud. A este estudio se aferran para desautorizar el estudio de este miembro de la Academia de Ciencias, e intentar así subvertir la moratoria francesa contra este maíz de Monsanto. Señalando que se basan en estudios de sólo 90 días, investigadores como Pierre Henri Gouyon, del CNRS, acusan a la AFSSA de que “no está cumpliendo su papel de prevención”.
Y es que lo que preocupa, y lo que no se ha estudiado como se debe, son los riesgos que el Mon810 y otros transgénicos pueden tener a largo plazo en la fauna y la flora. Ese es el motivo por el que el Ministerio francés de Medio Ambiente mantendrá la moratoria y defenderá en Bruselas el próximo lunes que se mantenga la cláusula de salvaguardia de la UE.
¿Qué otros países aparte de la Francia han optado por la prudencia? Hungría, Austria y Grecia también han abrazado esa cláusula de salvaguardia contra el Mon810, que prohibe importarlo. De todas formas, desde instancias europeas superiores como la Comisión Europea se apoyan maíces como el Mon810, el T25 de Bayer, y otros. Se basa para ello en un informe de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) que les es favorable. Pero dos países, Francia y Austria, se mantienen firmes y lideran, por ahora, el grupo de los que, sencillamente, reclaman los estudios en profundidad (que nunca se han llegado a hacer) sobre los efectos a largo plazo de los transgénicos.
Vía | www.publico.es
Fotografía | Esparta
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