
La crisis financiera y económica está hundiendo las empresas que se dedican a la producción de etanol en EEUU y está provocando que no se alcancen los objetivos fijados hace sólo un año por la ley de energía promulgada por el Congreso para fomentar esta industria. No se salvan ni los criticados biocombustibles de primera generación (hechos de maíz) ni los de segunda de generación (provenientes de biomasa o desechos orgánicos).
El caso es que desde el verano pasado, al amparo de esta ley y gracias a que el barril de petróleo se pagaba a 145 dólares, las plantas de etanol de maíz se extendieron por todo el Medio Oeste como firme alternativa a los combustibles fósiles. Pero ahora, entre que el precio de la gasolina ha bajado mucho, y que los ciudadanos norteamericanos cogen el coche todo lo menos que pueden por la crisis, resulta que cada semana se cierran plantas de bioetanol por todo el país.
Además de que es más difícil encontrar inversores, a las refinerías ya no les sale a cuenta comprar etanol para mezclarlo con gasolina. Los precios de la gasolina se han hundido mientras que el del maíz se mantiene alto. Por ello, compran el mínimo indispensable para cumplir los mandatos federales, no más.
VeraSun Energy, una de los mayores productores de etanol, ha suspendido la producción en 12 de sus 16 plantas. Renew Energy, Cascade Grain Products y Northeast Biofuels están en situación de quiebra. Pacific Ethanol ha anunciado que suspende sus operaciones en su planta de California. En los últimos tres meses, 10 de las 150 empresas dedicadas al etanol, y 24 de las 180 plantas estadounidenses, han cerrado. Muchas otras están en dificultades, y proyectos para abrir nuevas se encuentran paralizados.
La ley de la que antes hablábamos llegó en un momento de fuerte dependencia del petróleo extranjero y de preocupación por las emisiones de gases de efecto invernadero. Por ello se decidió dar un espaldarazo a los biocarburantes de etanol de maíz. Paralelamente, y ante las críticas que la subida del precio del grano provocó en 2008, se decidió también apostar por los de segunda generación, los bioetanoles de celulosa, que no compiten con la alimentación humana al usar desperdicios agrícolas. El problema es el siguiente: mientras los de primera generación se desploman, los incipientes bioetanoles de segunda generación no encuentran ahora quién financie su investigación y expansión. Las inversiones privadas para su desarrollo han disminuido bruscamente.
Para salvar esta crisis que amenaza el sector, algunos apuestan por cambiar la ley del año pasado. A pesar de que no está claro si los motores de los vehículos existentes en la actualidad estarían capacitados para soportarlo, se plantearía aumentar el porcentaje de biocarburantes en la mezcla con la gasolina. Sólo así, aseguran, la demanda subiría y podría salvarse esta industria. Yo, personalmente, querría dejar mi opinión: si hay que hacerlo, háganlo bien, por favor. Es decir, fomentando los biocombustibles de segunda generación. ¿Que los de primera generación se irán al garete? Ayer se cumplieron 200 años del nacimiento de Charles Darwin: evolucionar o morir, chavales.
Vía | www.nytimes.com
Fotografía | antaean
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