Las palomas discriminan entre los humanos que las alimentarían y los que no

Publicado el 24 jun 2011 por Me

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Palomas

Las palomas urbanas pueden aprender a identificar cuáles personas estarán dispuestas a alimentarlas y cuáles las espantarán sin piedad. Esto señala un artículo publicado en la revista Animal Cognition, titulado Pigeons discriminate between human feeders –las palomas discriminan entre humanos “alimentadores”- y realizado por un grupo de científicos de varios institutos franceses. En el abstracto, los autores señalan:

Consideradas plagas en muchas ciudades, las palomas en las zonas urbanas viven cerca de las actividades humanas y aprovechan esta proximidad para encontrar comida que a menudo es entregada directamente por las personas. En este estudio, se analizó la capacidad de las palomas para aprovechar esta fuente de alimento de origen humano y de discriminar entre la gente amistosa y hostil.

El estudio fue realizado en un parque urbano, donde las palomas fueron alimentadas por dos personas de aproximadamente la misma edad y color de piel, pero vestidas de forma distinta. Durante las sesiones de entrenamiento, una persona se mostró neutral y la otra hostil hacia las palomas. Se realizaron dos experimentos, uno con un hombre y una mujeres como alimentadores, y el segundo con dos alimentadores mujeres.

En ambos experimentos, las palomas evitaron al alimentador hostil, aun cuando los dos alimentadores intercambiaron su ropa, lo que sugiere que las aves usan características individuales estables de los humanos para diferenciar entre ellos. Por lo tanto, las palomas son capaces de aprender rápidamente de sus interacciones con los alimentadores humanos y usar este conocimiento para maximizar la rentabilidad del medio ambiente urbano.

Puede que las palomas puedan aprender a hacer dicha distinción pero, en mi humilde opinión, no ponen en práctica tal capacidad. Al menos no las que se me acercan en las plazas y los bancos, incapaces de notar que yo las espantaré a manotazos. Soy incapaz de infligir daño a una paloma, pero alimentarlas, jamás. Ni confraternizar con ellas de ninguna manera. Sin embargo, siguen acercándoseme, insistentes. Será que mi cara expresa otra cosa, quién sabe. Probaré a fruncir el seño cuando las vea venir.

Vía | www.springerlink.com
Fotografía | Seidenstud

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