Ayer se votaba en el seno de la Unión Europea si se obligaba a Austria y a Hungría a levantar las cláusulas de salvaguarda que mantienen sobre el maíz genéticamente modificado MON 810 de Monsanto. Así lo deseaba la Comisión Europea, pero la mayoría de ministros de Medio Ambiente de los países de la Unión se pronunciaron en contra, lo que supone un mazazo importante a las aspiraciones de la multinacional americana.
Sólo votaron a favor de esta votación los siguientes países: Holanda, Suecia, Reino Unido, Estonia y Finlandia. Los demás, en contra. Algo que sienta un precedente para un futuro no muy lejano, cuando la misma cuestión saldrá a palestra en los casos de Francia y Grecia, que también aplican el principio de precaución sobre el cultivo de los OGM (Organismos Genéticamente Modificados).
Parece ser que es la Comisión Europea la que anda detrás de levantar las moratorias sobre los transgénicos. De hecho, la citada votación fue impulsada por el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. Y una portavoz de la misma dio a entender que, a pesar de “tomar nota del voto de los Estados miembros”, continuarán intentando que los países que los rechazan acaben levantando las prohibiciones sobre su cultivo. ¿Por qué? Porque, según ellos, no existen evidencias de que los transgénicos sean peligrosos, por lo que “no hay razón” para empecinarse en su contra.
En cambio, como ya dejamos claro al relatar la aceptación a trámite de una iniciativa de legislación popular contra los transgénicos en el Parlament de Catalunya, hay muchos que sí creen que hay evidencias científicas que demuestran que tienen efectos negativos sobre la salud y el medio ambiente.
Greenpeace, sin ir más lejos, se congratuló del resultado de la votación por considerarla “una victoria para el medio ambiente, los granjeros y los consumidores”. Además, subrayó en un comunicado que “las autoridades científicas austríacas y húngaras proporcionaron recientemente nueva evidencia para justificar prohibiciones nacionales, mostrando que el maíz MON810 (…) probablemente tenga efectos perjudiciales para el medio ambiente“.
Este hecho llega en un momento importante: la semilla MON 810, homolagada y autorizada por la UE en 1998, se encuentra actualmente en fase de renovar su autorización y permisos. Algo que evalúa la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria, que, con la mosca tras la oreja, ha solicitado a Monsanto “informaciones adicionales sobre el impacto medioambiental” de la citada semilla.
Vía | www.google.com/hostednews
Fotografía | alter1fo
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