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Psicología de los negacionistas o escépticos del cambio climático

pulicado el martes 10 marzo 2009 por Valjean en: Clima Naturaleza Combustible Ahorro energético EcoComunicados Información Política Internacional Efecto invernadero Empresa

Cartel de negacionistas del cambio climático
Coincidiendo con la conferencia de negacionistas o escépticos del cambio climático en Nueva York, en la ciudad británica de Bristol se ha celebrado este fin de semana la primera conferencia sobre la psicología aplicada a los negacionistas o escépticos del cambio climático. Se ha subrayado que más allá de motivos técnicos, económicos o políticos, las estrategias mentales de negación del problema del cambio climático, una forma de protegernos de información indeseada, es lo que impide una acción resuelta.

Vayamos con las estadísticas: por un lado, es cierto que casi el 80% de las personas dicen estar preocupados por el cambio climático. Sin embargo, lo describen como un problema mundial (pero no local) y futuro (sin incidencia durante su vida) y se eximen de su responsabilidad tanto como causantes parciales del problema como por neustro compromiso por resolverlo. Paralelamente, el 60% cree que muchos científicos todavía no tienen claro si seres humanos contribuyen al cambio climático, el 30% piensa que el cambio climático se debe en gran parte a causas naturales, y el 7% se niega a aceptar que el clima está cambiando.

Sí, es cierto, son ya muchos años alertando de este problema, aportándose datos ámpliamente consensuados dentro de la comunidad científica, explicándolo en escuelas, en la tele, en documentales, saliendo los políticos a exponer sus políticas para hacerle frente… pero resulta que el mayor impedimento es que, como humanos, aceptamos y asumimos nueva información contrastándola siempre con nuestra experiencia vital, nuestras estructuras mentales, y con los puntos de vista de la gente que nos rodea.

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El lingüista George Lakoff, autor del superventas “No pienses en un elefante” y profesor de la Universidad de California, sostiene que en el lenguaje, y por extensión en nuestra mente, solemos utilizar metáforas para elevar el significado de experiencias simples o concretas a dominios más amplios, es decir, para dotar de un significado vital o de forma de ver el mundo englobador todo aquéllo que hacemos. Es algo que los políticos saben muy bien al usar conceptos, y marcos de pensamiento y de identificación, que son universalmente aceptables como la libertad, la independencia, el liderazgo o el crecimiento.

¿Cuál es el problema de la ecología, o, más concretamente, del cambio climático? Que invariablemente se presenta como una amenaza sin precedentes que requiere cambios en nuestra forma de vida, sacrificios, y la intervención del gobierno. Este tipo de metáforas crean una visión del mundo en nuestras mentes que provoca alergia a los defensores del libre mercado y de la no interferencia gubernamental. Por ejemplo, en EEUU, en proporción, los votantes del conservador Partido Republicano opinan que se está exagerando con el cambio climático tres veces más que sus conciudadanos Demócratas.

Otro foco de rechazo, más allá del mensaje, es el mensajero. Así, se relaciona el mensaje alarmista sobre el cambio climático con los medios de comunicación con tendencias más de izquierda que los recogen, con los políticos generalmente también de izquierdas que se hacen eco de ello como Al Gore, y, obviamente con ecologistas. ¡Y también con los hippies! Pandilla de perroflautas…

Vale, me diréis, ¿y qué hay de los científicos? Pues depende de a cuál escuches. Los medios de comunicación conservadores dan cancha a científicos negacionistas o escépticos y a primos célebres como el de Rajoy. Es interesante el acercamiento de la antrópologa cultural Myanna Lahsen de la Univesidad de Colorado, que se ha especializado (hay gente para todo) en comprender cómo los científicos, algunos de ellos con carreras prestigiosas y contrastadas, se convierten en escépticos acerca del cambio climático. El factor común encontrado era la sensación de haber perdido prestigio y autoridad ante campañas hechas por ecologistas y gente de izquierdas.

De alguna forma, como hace todo ser humano, estas personas se habrían aferrado a sus convicciones culturales mentales inherentes en su forma de ver el mundo. Como reacción, habrían creado una cultura científica disidente alrededor del cambio climático en la que se presentarían como víctimas, siendo ellos los defensores de la verdad. Algo que entroncaría con una noción del individuo individualista, romántico, defensor de la verdad y azote de la manipulación, que se promueve desde think tanks de derechas, com la Fundación FAES de Aznar donde se presentan los libros del checo Václav Klaus, o el Heartland Institute que acaba de organizar la reunión de negacionistas de Nueva York.

Para ponerle datos a estas afirmacions: un estudio académico que revisó 192 libros e informes negacionistas o escépticos con el cambio climático, concluyó que el 92% estaban directamente asociados a, y financiados por, think tanks neoliberales. Por ello, con un poco de valentía puede afirmarse que la negación del cambio climático responde a una táctica impulsada por cierta élites económicas y políticas para combatir el ecologismo. Es decir, que importa más la ideología subyaciente que los datos científicos.

¿Qué hacer para luchar contra el escepticismo y el negacionismo? Pues crear nuevas metáforas o marcos de pensamiento en positivo para que la población y esas élites se sientan identificadas con ellos. Dejar dejar de lado los chichés verdes y los osos polares y las cantinelas de salvar el planeta y, en cambio, hablarles de la independencia energética y el potencial inmenso que se abre ante las tecnologías verdes. Y luego, claro está, importa el acercamiento cara a cara: en vez de entrar a saco a por la confrontación, tengamos más mano izquierda para plantear la gravedad del problema del cambio climático, señalando cuántas personas respetadas y cuyas opiniones destacan por su moderación y mesura la piensan igual.

Vía | www.guardian.co.uk
Fotografía | genetew

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