
El Plan de Recuperación del águila imperial ibérica (Aquila adalberti) constata que ya son 32 las parejas que anidan en los montes de Segovia y Ávila. Además, están ampliando su territorio hacia Valladolid y Salamanca. Ello supone un gran éxito desde que en los años 70 del siglo XX el naturalista vallisoletano José Antonio Valverde cifrara el total de la población mundial en 50 parejas reproductoras. Las medidas de conservación, que evitaron su extinción, están teniendo éxito, como lo demuestra que en 2006 ya se contaban 217 parejas reproductoras, repartidas entre Castilla y León, Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura y Madrid.
Sin embargo, el futuro de este ave no está asegurado, motivo por el cual sigue estando estrictamente protegida. Está catalogada como especie en peligro en el Libro Rojo de las Aves de España y en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. Se da la circunstancia que justamente este año finaliza el Plan regional de Recuperación del Águila Imperial Ibérica puesto en marcha 6 años atrás. Javier Ezquerra, jefe del Servicio de Espacios Naturales, asegura que los resultados “no pueden ser más alentadores”. Especialmente en Castilla y León, donde el crecimiento de número de parejas reproductoras y de crías es de los más altos de la península Ibérica.
Por todo ello, se ha cumplido sobradamente con uno de los objetivos principales del Plan de Recuperación, que no era otro que el de conseguir un crecimiento mínimo anual de parejas reproductoras del 7%. Ello ha conllevado que se ampliara notoriamente el área de distribución de este ave rapaz hacia provincias colindantes como Valladolid hacia el norte, y Salamanca hacia el oeste. Por todo ello, José Ángel Arranz, director general del Medio Natural, considera “que vamos por el buen camino y nuestras medidas protectoras son acertadas”
Resulta interesante una medida que se ha revelado como fuente de mucho éxito. La introducción de conejos en las zonas donde anida el águila imperial supuso una alimentación suplementaria, con lo que se evita el cainismo entre crías. Es decir, que las más fuertes maten a las más débiles en la competencia por una diponibilidad limitada de alimento. Igualmente de interés es el siguiente dato: la mixomatosis que se extendió en los años 70 entre las poblaciones de conejos, y la epizootia que una década después diezmó igualmente esta especie, tuvieron consecuencias catastróficas para el águila imperial.
Sorprende que el 80% de los ejemplares jóvenes de águila imperial ibérica no llega a reproducirse nunca. Mueren antes, y todo indica que esta mortalidad se debe a actividades humanas. La principal es la electrocución al posarse las aves sobre los postes de los tendidos eléctricos. 120 han muerto así desde 1990 y 2006. Por ello, en los años noventa, en el marco del proyecto LIFE, se modificaron 1.300 kilómetros de tendidos eléctricos considerados peligrosos.
La segunda causa de mortalidad no natural es el veneno. De todas formas, según la Sociedad Española de Ornitología, en la actualidad las amenazas más importantes que enfrentan las poblaciones de águila imperial ibérica son las grandes infraestructuras y obras públicas que no sólo destruyen su hábitat natural sino que, al facilitar el acceso del hombre en zonas de nidificación, perturba y disminuye el éxito reproductivo de la especie.
Vía | www.heraldodesoria.es
Fotografía | es.wikipedia.org
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