
El abono conseguido a través de un proceso de descomposición de materia orgánica, conocido como compost, es sencillo de hacer, pero lograr un resultado óptimo ya no lo es tanto. Tener en cuenta unos sencillos consejos nos asegurarán un éxito rápido …y sin malos olores.
Si hacemos compostaje del llamado frío, utilizaremos hojas y el césped recortado (no las malezas), lo apilaremos e iremos vigilando los resultados una vez por mes. Se trata de un proceso lento, cuya descomposición puede superar el año, por lo que no interesa si no tenemos un jardín espacioso donde apilarlo o si nos urge su uso para antes.
En caso de no poder esperar, podemos hacer compost de proceso caliente, y tenerlo listo en alrededor de un mes, aunque hay que vigilarlo mucho más, y controlar algunos elementos clave: ubicación, aireación, niveles de carbono y nitrógeno, el contenido, la profundidad suficiente, y la humedad.
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¿Alguna vez te has preguntado qué tipo de arroz es más verde, el blanco o el negro? Una agricultura sostenible tiene mucho que ver con el procesamiento de sus productos. Y, hablando del arroz, lo sostenible es lo menos tratado: el integral está sometido a una menor transformación, por lo que resulta más ecológico.
Un alimento natural que pasa por un proceso de transformación va añadiendo gasto energético y uso de recursos al producto final. Así, hablando en términos ecológicos, la huella del carbono del arroz integral sería inferior que la del arroz blanco.
Conseguir arroz integral supone dejarlo libre de las cáscaras. Y ahí se detiene el proceso, en este primer u único paso. Por contra, el arroz blanco necesita tres pasos: quitar la cáscara, el salvado (que es la cáscara interior y, por cierto, una parte del arroz saludable), y pulir los granos utilizando glucosa o talco .

De acuerdo con Urs Niggli, director del centro para la investigación de la agricultura orgánica más grande de Europa, situado en Suiza, las evaluaciones del ciclo de vida han demostrado que la agricultura orgánica tiene ventajas en comparación con la agricultura convencional, en lo referido a producir la misma cantidad de alimentos con menos energía, agua y producción de gases de efecto invernadero. Sin embargo, tiene un punto débil: utiliza más tierra.
Así, el desafío es encontrar la manera de producir más alimentos orgánicos en cada hectárea de tierra, sin que por ello se pierdan las ventajas medioambientales. Niggli dice que los estudios que datan de la década de 1970 sugieren que existe potencial para reducir las emisiones mediante reducción de la labranza y otros métodos de agricultura ecológica.
Además, tanto en Estados Unidos como en Suiza y Alemania se han comparado métodos orgánicos con los métodos de cultivo convencional más de vanguardia, y la conclusión es que, en dos o tres décadas, la agricultura ecológica podría almacenar hasta 590 kilogramos de más carbono en el suelo al año por cada hectárea de tierra.
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Hay hierbas y especias que sirven para un sinfín de cosas: ponen sabor a la comida, decoran los balcones, son terapéuticas, perfuman con sus intensos aromas, y hasta inspiran canciones. Además, ahora, en un alarde del más difícil todavía, conocemos que pueden utilizarse como plaguicidas para proteger los cultivos contra las plagas.
Pero hablemos con nombres y apellidos. Según aseguran científicos de USA, las hierbas que prometen beneficios ambientales como alternativa a los plaguicidas convencionales son, entre otras, hierbas y especias tan archiconocidas como el tomillo (Thymus vulgaris), el romero (Rosmarinus officinalis), el clavo (Syzygium aromaticum) o la menta (Mentha).
Aunque los plaguicidas convencionales son más eficaces para el control de orugas, saltamontes, escarabajos y otros insectos en grandes cultivos comerciales de alimentos, los científicos están probando las propiedades insecticidas de las hierbas y especias comunes, especialmente como un arma contra las plagas de insectos en la agricultura orgánica.
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