
La sequía, que comenzó el otoño pasado, todavía azota una gran franja del sudoeste de China y está afectando a más de 50 millones de personas. La combinación de la disminución de las precipitaciones y unas temperaturas inusualmente altas, factores señalados por la agencia oficial de noticias Xinhua, han alimentado esta situación. Más de 16 millones de personas tienen dificultades para acceder a agua potable.
Algunas áreas han recibido 90% menos precipitaciones de las que normalmente hay en este momento del año. Las pérdidas económicas ascienden a 19 mil millones de yuanes, unos dos mil millones de euros. Las regiones más afectadas son Sichuan, Guizhou, Yunnan, la municipalidad de Chongqing y Guangxi, la provincia por la que transcurre el río Li, cuyo cauce disminuido ilustra este post.
La zona no experimentará precipitaciones significativas durante al menos los próximos 10 días, de acuerdo con un informe meteorológico citado por Reuters. La sequía es la peor de Yunnan en seis décadas y ha afectado 85% de las tierras agrícolas de la provincia.
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Ya se sabía, pero Alain Boinet, presidente y fundador de la ong Solidaridad Internacional, no se resigna a ello, por eso denuncia que el agua insalubre sigue provocando más de ocho millones de muertes al año. Se trata de la principal causa de muerte en el mundo, y resulta “inexplicable que ocurra algo así en el año 2010″, se lamenta Boinet. Pero esto no es todo, el ilustre activista afirma la situación podría empeorar: en el 2020, la mitad del planeta podría carecer de agua potable.
El agua insalubre, especialmente la contaminada por humanos y animales , provoca problemas de salud, transmisión de enfermedades, tipo diarrea o hepatitis, y muertes a muchas personas, sobre todo en los países menos desarrollados. Boinet detalla los pormenores de esta triste realidad en una entrevista concedida al periódico galo L’Express.
Con sus largas explicaciones, pretende que haya más conciencia social sobre este grave problema, que puede resumirse con una frase: la falta de acceso al agua potable en muchas partes del mundo. Además, la entrevista ha sido publicada precisamente ahora, en los días previos al 22 de marzo, el Día mundial del agua.

La escasez crónica de agua en la ciudad india de Mumbai parece que va a cambiar la manera de celebrar el popular festival de primavera Holi, dónde el agua y los polvos de pintura son los protagonistas. Las autoridades municipales de la capital financiera de la India han emitido un edicto para que los juerguistas no desperdicien el agua potable y prometió tomar medidas enérgicas a quienes sean sorprendidos abusando de este suministro precioso.
Holi, también llamado el festival de colores, es una celebración que marca el final del invierno y la llegada de la primavera. Es especialmente popular en el norte de India y otras partes del mundo con grandes poblaciones hindú como Guyana.
El alcalde de Mumbai, Shraddha Jadhav, ha pedido a la autoridad municipal formar equipos para llevar a cabo controles estrictos durante el Holi. Las autoridades han decidido no proporcionar tanques de agua para las danzas de la lluvia.
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Investigadores de la Universidad RMIT, en Australia, están desarrollando una nueva tecnología geotérmica que sueña con la cuadratura del círculo: conseguir electricidad limpia y agua potable, utilizando fuentes de energía renovable.
El objetivo es cumplir dos de los mayores desafíos que enfrenta hoy Australia y, en realidad, buena parte del planeta: combinar la producción de agua potable con la generación de una electricidad ecológica.
Pero no estamos hablando de un sueño inalcanzable. Lejos de la utopía, los investigadores australianos que han presentado su proyecto afirman que, muy pronto, éste será una realidad, pues ya han recibido 1.2 millones de dólares, la financiación que necesitaban para trasnsformar agua salada en potable, y de paso sacar electricidad de ella.
En este post vamos a hablar de algo muy preocupante: de la contaminación más insospechada, ésa que llega en el vaso de agua que nos llevamos a la boca. Probablemente, nos sorprenderíamos si supiéramos cuántos químicos disueltos hay en el agua del grifo. En EEUU, al menos, no pueden estar nada tranquilos al respecto. Según un estudio de Environmental Working Group (EWG) son cientos los contaminantes que contiene el agua potable de grandes áreas metropolitanas del país.
De ser cierto este estudio, va a ser un riesgo para la salud beber agua del grifo en Florida, Riverside, Pensacola, California o, por ejemplo, Las Vegas, algunas de las principales ciudades que encabezan la lista de lugares donde el líquido elemento no es muy de fiar, de acuerdo con este trabajo.
El informe asegura que el agua del grifo en muchas grandes áreas metropolitanas está contaminada con un cóctel de contaminantes químicos que no son vigilados por las autoridades porque no violan las normas legales, aunque sí plantean graves interrogantes sobre la seguridad sanitaria a largo plazo.
Continúa la lectura: Más de 130 millones de personas beben agua contaminada en USA
Espero que este hombre se equivoque cuando dice lo que dice, aunque me temo que no anda errado. Hablo de Al Gore, Premio Nobel de la Paz y gurú climático, que en su visita a la COP15 ha advertido que el deshielo de los glaciares en todo el mundo podría privar a más de mil millones de personas de acceso a agua potable.
La reunión danesa es el marco perfecto para hacer resonar las palabras de este apasionado ambientalista. Según advierte el informe que hizo público y también patrocinó, “hay más de mil millones de personas en el planeta que recibe más de la mitad de su agua potable a partir de la fusión estacional del derretimiento de la nieve y el hielo de los glaciares”.
Como era de esperar, Al Gore ha vuelto a dar un titular impactante, aunque sus palabras son más de lo mismo: su informe habla de las consecuencias del deshielo (desaparición de glaciares, del casquete polar ártico, del aumento del nivel del mar…).
Hablar del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT para los amigos) es hacer referencia a una de las instituciones más respetadas en el ámbito de la docencia y la investigación a nivel planetario. En este prestigioso enclave se programan durante el curso debates y conferencias que abordan “las cuestiones cruciales de nuestro tiempo, explorando el papel de la ciencia y la tecnología a la hora de promover el cambio social, ecológico y económico”. Es decir, huyen de la frialdad exclusivamente cientificista y adoptan un punto de vista “positivo y ético que estimule el debate sobre las implicaciones de los nuevos descubrimientos científicos y tecnológicos”. Estos encuentros reciben el nombre de The Technology and Culture Forum y son esperados “con expectación”, y no son palabras de un estudiante bisoño y fácilmente ilusionable sino del ensayista Noam Chomsky.
El próximo acto programado en este foro tecnológico se va a celebrar el próximo miércoles 21 de octubre pero su ponente rompe con el modelo de personalidad ilustre e influyente que suele protagonizar estos actos. Eso sí, expectación está levantando y mucha. Su nombre no dice nada a casi nadie, por eso han titulado el encuentro como El Niño que Aprovechó el Viento (como su libro autobiográfico). Se trata de William Kamkwamba, que ya tiene poco de niño –ni siquiera de adolescente- y sí de adulto pues cuenta con veintidós primaveras. Hace ocho años este vecino de un pequeño y remoto pueblo de Malawi creó un artefacto que aprovechaba el viento para proporcionar energía a sus vecinos. Para construirlo se sirvió de todo tipo de materiales que habían sido tirados a la basura, desde cañerías de PVC hasta piezas oxidadas de coches y bicicletas.
Muchas de ellas forman hora parte de su ingenio de energía eólica. Y todo comenzó porque William deseaba leer aunque ya hubiera anochecido en un país en el que la electricidad está lejos de llegar a todos los rincones. Ahora, gracias a su sorprendente talento, en su aldea disfrutan de lo que antes eran lujos inalcanzables como la luz de las bombillas, ver la televisión, bombas de agua con las que regar los campos o cargar los teléfonos móviles. Ya en la veintena, su próximo proyecto quiere combatir el otro gran problema que sufren sus compatriotas: el abastecimiento de agua potable, por ello trabaja en una máquina de perforación que les haga autosuficientes en este aspecto. Y es que este joven bien sabe que esperar ayuda de otros puede ser esperar en vano.

No siempre se logra la unanimidad en una sociedad tan compleja como la turca, que vive con un pie en cada continente. La conservación de su riqueza natural lo ha logrado en el caso del lago Burdur. Este paraje es como el aeropuerto de una gran ciudad… pero con aves. Su importancia es vital pues es el lugar escogido por miles de aves acuáticas para pasar el invierno o como lugar de paso hacia otras latitudes. Entre las especies que allí permanecen largos períodos están algunas amenazadas, como el Pato de cabeza blanca (Oxyura leucocephala).
A pesar de su importancia, los humedales se encuentran entre los ecosistemas más amenazados del planeta. Sin embargo, sobre el papel todo parece fácil y lógico: Las aves acuáticas necesitan de los humedales para completar su ciclo vital y estos benefician a las personas de la región pues aseguran el suministro de agua potable y ofrecen oportunidades para la pesca, la agricultura y el turismo. Esa es, ya digo, la teoría. En el caso del lago Burdur -y muchos otros- la realidad es otra bien distinta.
Los humedales de Burdur se han visto amenazados en los últimos años por la contaminación, el desarrollo urbanístico, las prácticas agrícolas insostenibles y el uso ilimitado de sus recursos hídricos. Esta degradación provoca un efecto dominó: El nivel del agua desciende, los cultivos son menos productivos,…. Dicho así, parece que la situación no tiene vuelta atrás posible. Falso, la tiene; Pero es necesaria la participación de toda la sociedad.
Continúa la lectura: La sociedad turca se conjura para la conservación del lago Burdur

Un nuevo estudio revela que la presencia de arsénico en el agua puede aumentar la posibilidad de contraer la nueva gripe A H1N1 o gripe porcina. Este contaminante reduciría la capacidad del sistema inmunológico para hacer frente a la enfermedad.
Para llegar a tales conclusiones se experimentó con ratones de laboratorio. Durante cinco semanas se les dio de bebe agua contaminada con arsénico y luego se les inoculó el virus. El resultado fue que estos ratones ofrecieron una débil y atrasada respuesta a la gripe A, en comparación a ejemplares que habían bebido agua no contaminada.
Es cierto que lo peor de la gripe ha pasado ya, a pesar de las advetencias de posibles rebrotes. Pero es interesante recalcar, como hemos venido haciendo en Ecologiablog, la relación existente entre la enfermedad y las condiciones de vida de los animales en las granjas industriales (como en las instalaciones de Smithfields Foods) y el abuso de antibióticos a los que se les somete. Ahora, se le suman indicios de que la contaminación ambiental también juega su papel en todo esto.
Continúa la lectura: Presencia de arsénico en el agua favorece posibilidad de contraer la gripe A

Llegó la crisis del agua, sea en India o el sudeste asiático, Las Vegas, Australia, California, el Sahel, México, o en China. Este bien común escasea por el uso insostenible que de ella hacemos y por el cambio climático. Aquí van algunas estadísticas para comprender mejor la gestión que hacemos del agua:
Continúa la lectura: Estadísticas y datos sobre el agua potable que consumimos
De acuerdo con una investigación de Associated Press, muchos fabricantes de Estados Unidos, incluidas importantes compañías farmacéuticas, han vertido legalmente al menos 122 millones de kilogramos de productos farmacéuticos en las vías navegables, muchas de cuales son fuente de agua potable. El gobierno federal parece haber pasado por alto esta contaminación.
Los funcionarios federales dicen no conocer la extensión en la cual los productos farmacéuticos son vertidos, porque nadie lleva seguimiento alguno sobre ellos. Pero un análisis detallado de los archivos federales de 20 años ha hallado que en realidad el gobierno involuntariamente sí que lleva un control de alguno de ellos, por lo que es posible tener una idea de los productos que salen de las fábricas.
La investigación AP se llama PharmaWater y su objeto de estudio son las concentraciones de productos farmacéuticos que se encuentran en el agua potable. Hasta ahora ha identificado 22 compuestos que están en dos listas: la Environmental Protection Agency los monitorea como químicos industriales que son vertidos en los ríos, lagos y otras masas de agua bajo las leyes federales de contaminación, mientras que la Food and Drug Administration los clasifica como ingredientes farmacéuticos activos.
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Que se acabará antes el agua que el petróleo es algo que cada día veo más claro. El río más grande de Australia, el Murray, tiene unos niveles de agua tan bajos que Adelaida, la quinta ciudad más grande del país y que se aprovecha del caudal de este río, podría quedarse sin agua en los próximos dos años. El río Murray forma parte de la cuenca hidrográfica del sureste de Australia y se está resintiendo gravemente de los 7 años de sequía que mantiene atenazada la región.
La cuenca Murray-Darling, el nombre de los dos principales ríos de la zona, sólo tiene a día de hoy el 18% de su capacidad. Los niveles de agua durante los tres primeros meses de este año son los más bajos jamás registrados. Y lo malo es que los meteorólogos no creen que la situación vaya a cambiar a corto plazo, que puede que lo peor está aún por venir, aunque parezca imposible tras la ola de calor y los terribles incendios sufridos por Australia hace bien poco.
Contradicciones de la vida, las inundaciones en Queensland y Nueva Gales del Sur que tuvieron lugar mientras se quemaba medio país no han servido de nada a la hora de revitalizar el seco río Murray. En vez de alcanzar el sur, el agua se perdió en la tierra plana, reseca, chamuscada por la larga sequía, y no sirvió para asegurar el suministro de agua en todo el sureste de Australia, donde los cortes y restricciones amenazan con convertirse en el pan de cada día.
Continúa la lectura: El río más grande de Australia, casi seco