
Un grupo de turistas entusiastas de la vida salvaje se encontraba de visita en la Bahía Fortuna de la isla de Georgia del Sur, en la Antártica, cuando uno de ellos, Andrew Evans, distinguió a un pingüino raro entre toda la colonia. Un pingüino completamente negro, es decir, sin el característico cuerpo blanco que suelen exhibir sus congéneres.
Se cree que el pingüino en cuestión, que debe pertenecer a la especie Aptenodytes patagonicus, sufre de una enfermedad conocida como melanismo, un exceso de pigmentación oscura. Los biólogos dicen que como los pingüinos negros son tan raros hay muy poca investigación sobre el tema.
Aun así, se estima que aproximadamente uno de cada 250 mil pingüinos muestra evidencias de la enfermedad. Allan Baker, experto en biología evolutiva de la Universidad de Toronto citado por The Telegraph, explica que el pinguino es negro porque ha perdido el control de sus patrones de pigmentación.
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Un sólido iceberg de gran tamaño - 700 metros de largo y 350 metros de profundidad, según han calculado los científicos australianos que lo han divisado- ha sido visto cerca de la Isla Macquarie, a medio camino entre Nueva Zelanda y la Antártica. El único precedente de iceberg visto tan al Norte de la Antártica fue en noviembre de 2006.
Un oceanógrafo del instituto NIWA –National Institute of Water and Atmospheric Research- ha dicho que es raro ver un iceberg en esa parte del Océano Austral. Dependiendo de las corrientes oceánicas, podría ser empujado hacia el sur hasta la meseta de Campbell, al sureste de Nueva Zelanda. Pero es más probable que finalmente se funda en decenas de pequeñas piezas que podrían ser peligrosas para los buques en la zona.
Los glaciólogos estiman que el iceberg se desprendió de la Antártida hace casi 10 años. Varios témpanos de hielo se desprendieron de la plataforma Ross y de la plataforma de hielo de Ronne en 2000 y ahora se alejan de la Antártida. El primero fue alrededor de 190 kilómetros de largo y 23 millas de ancho. Después del salto, os dejo un vídeo en el que se puede ver el iceberg que se acercó a Nueva Zelanda en 2006.
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Un estudio realizado en la Antártica por expertos del Spanish Research Council ha revelado que en los lagos de este continente viven numerosas especies de virus, entre ellas algunas cuya existencia se desconocía. Los lagos de la Antártica se descongelan sólo durante tres meses cada año y contienen una cantidad muy baja de nutrientes, así que a los científicos que han realizado el estudio les ha sorprendido que haya tal variedad de seres vivos viviendo allí.
Los habitantes más numerosos del inhóspito hábitat que son estos lagos, son los microorganismos: virus, algas, bacterias y protozoarios. Es por ello que se cree que los microbios tienen un papel importante en el control de la cantidad de nutrientes. La hipótesis de los científicos es que estos microbios son los reyes del lugar porque no tienen depredadores naturales en semejante entorno.
Hasta ahora, había sido muy difícil para los científicos estudiar a los microorganismos de la Antártica debido a que necesitan condiciones muy específicas para crecer. Esta vez se ha podido estudiar a estos microbios in situ, sin tener que cultivarlos en un laboratorio, gracias a una tecnología vanguardista de secuenciación de genoma.

Retrocedemos en el tiempo unos millones de años, no tanto como para encontrarnos con Manny el mamut, Diego el de los dientes de sable y el perezoso Sid, pero sí como para situarnos en el Eoceno (hace 55 millones de años, cien arriba o abajo). En esta Era geológica se registró el conocido como Máximo Térmico en el que la temperatura media terrestre aumentó en seis grados y subió el nivel de los océanos. Y todo ello en apenas veinte mil años, léase lo de apenas desde un punto de vista geológico, claro.
Fue una Era de brusco cambio climático –aseguran que debido a la actividad volcánica y el gas metano almacenado en los sedimentos oceánicos- que provocó la extinción de muchas especies marinas y cambios en los mamíferos, que tomaron rumbo hacia su aspecto actual. Pero todo se acaba, incluso el Eoceno, y su fin llegó marcado por el fin de este efecto invernadero natural. Hace 34 millones de años la Tierra experimentó un enfriamiento gradual y fue entonces cuando el aspecto del planeta volvió a cambiar: El nivel de los mares bajó y los bosques templados comenzaron a desplazar a la vegetación tropical en muchas áreas.
Lo que se acaba de hacer público es una investigación que explora el efecto de este enfriamiento en la Antártida. Han descubierto que fue entonces cuando se formaron los glaciares y la capa de hielo que actualmente cubre el continente blanco. Sólo esperemos que no sea la ocasión que aguardan los negacionistas del cambio climático para hacernos creer que el proceso actual es también parte de una Era geológica y que la actividad humana nada tiene que ver con ello. Y menos cuando ya quedan pocas hojas del calendario por arrancar para llegar a la fecha de celebración de la Cumbre de Copenhague.
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Dos millas por debajo de la placa de hielo más grande del mundo, en la Antártica, ha sido descubierta una cordillera del tamaño de los Alpes. Se le ha llamado la cordillera Gamburtsev y de sus montañas se ha hecho un mapa detallado por primera vez gracias a señales de radar. El pico más alto está a 2.434 metros por encima del nivel del mar. Los investigadores volaron 75 mil millas durante seis semanas, con temperaturas de -30 grados centígrados.
Al principio, esperaban encontrar una meseta. En cambio, encontraron esta cordillera, con picos tan altos como el Mont Blanc. De hecho, es posible ver ríos y lagos entre valles, gracias a que la presión de la plataforma de hielo de la Antártica Oriental que está encima ha derretido el hielo. Uno de los lagos, Vostok, tiene 300 kilómetros de largo.
Los científicos esperan que este hallazgo ayude a predecir los efectos de los cambios climáticos sobre las capas de hielos que se han creado a lo largo de millones de años. La nueva investigación sugiere que estas capas se formaron en apenas una fracción de tiempo dejando grandes zonas libres de hielo en algunos puntos. Esto significa que cualquier fluctuación rápida en la temperatura global podría tener un efecto mucho más rápido en la formación de las capas de hielo de lo que se había pensado.
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Parece que la cosa no está tan mal después de todo. Un estudio ha evidenciado que el derretimiento del hielo del escudo oeste de la Antártica elevará el nivel del mar la mitad de lo que se había previsto. ¿Podemos despreocuparnos? Para nada, el escenario es sólo un poco menos malo de lo que nos habían advertido, pero malo al fin.
Un colapso en la placa de hielo Oeste en la Antártica elevaría el nivel del mar 3,3 metros en 100 años, en vez de los 5 o 6 metros que se habían estimado. Aún así, 17 millones de personas, tan sólo en Bangladesh, tendrán que desplazarse con un aumento de apenas 1,5 metros, de acuerdo con el estudio publicado por la revista Science.
Será el nivel del mar frente a América del Norte el que más se eleve de acuerdo con las nuevas proyecciones, establecidas por expertos de las universidades de Durham en Inglaterra y la Delft University of Technology en Holanda.

Como conclusión de una cumbre de dos semanas realizada en la ciudad estadounidense Baltimore, los países firmantes del Tratado Antártico –entre los que se encuentran Argentina, Australia, Chile, Francia, Noruega, Nueva Zelanda y el Reino Unido, países que tienen reclamos territoriales- acordaron imponer restricciones al tamaño de barcos de crucero que desembarcan pasajeros en la Antártica, así como también al número de personas que pueden llevar hasta la costa.
Este acuerdo convierte en obligatorios bajo la ley internacional unos límites que hasta ahora eran voluntarios. Quizá décadas atrás habría parecido innecesario limitar el turismo en una de las zonas más hostiles de la tierra para el ser humano en términos de clima, pero lo cierto es que en los últimos años el número de visitantes ha crecido de forma importante, y con estos el número de accidentes como el del barco MV Explorer, cuyo vídeo os dejo después del salto.
Sin embargo, las restricciones no contienen penalizaciones especificas para limitar las operaciones de las agencias de viaje. Se les requerirá, eso sí, que firmen el pacto de forma de asegurar que los barcos con más de 500 pasajeros se mantendrán lejos de la costa, sólo podrá desembarcar un velero a la vez y sólo podrá haber 100 pasajeros en la costa al mismo tiempo.

Entre 2007 y 2008, 13 mil personas observaron la costa de la Antártica desde barcos. Se espera que el número descienda en la temporada 2008-2009, pero las operadoras de estos cruceros dicen que el negocio va relativamente bien considerando el costo de estos viajes, 10 mil dólares por persona, un gasto que pocos pueden permitirse especialmente en esta coyuntura de crisis económica.
El diario The New York Times pregunta a sus lectores: ¿es la Antártica demasiado popular? Las operadoras turísticas de la región ciertamente creen que es beneficiosamente popular -beneficiosamente para el negocio, claro- dado el interés que el calentamiento global ha despertado en torno a los parajes helados.
Parece una contradicción, ¿no creéis? Después de todo, estos barcos cargados con 500 visitantes cada uno deben dejar su huella en el hielo. Si uno de ellos encalla o se hunde en la costa, lo que ya ha sucedido varias veces, ¿cuáles son las probabilidades de que no pierda combustible o dañe de alguna forma el ecosistema de la zona?
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