
El atún de tu sushi podría provenir de una especie en peligro de extinción. Lo denuncia Jacob Lowenstein, licenciado afiliado al Museo Americano de Historia Natural en Nueva York y a la Universidad de Columbia, tras haber analizado genéticamente el atún servido en 30 restaurantes de Nueva York y uno de Colorado. El estudio ha sido publicado en en el periódico PLoS ONE.
En concreto, estamos hablando de tres especies de atún de aleta azul, todas ellas de gran tamaño y muy codiciadas por los pescadores. El problema es que la sobrepesca las ha llevado al borde de la extinción en pocos años. Tanto es así, que en la reunión de marzo próximo de la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas deberá decidirse si se aplica una prohibición total sobre el comercio de estas especies de atún.
¿Cómo descubrió Lowenstein que en un tercio de los restaurantes analizados se servía atún de aleta azul? Pues gracias a una técnica que en inglés llaman DNA barcoding y que en castellano no sé muy bien como traducir (¿algo así como codificación genética, o código de barras genético?). Básicamente, consiste en tomar un marcador genético particular de una muestra para identificarlo.
Continúa la lectura: El atún de tu sushi podría ser de una especie en peligro de extinción

En mayo de este año los países del Pacífico propusieron que todos los caladeros situados en aguas internacionales de este océano se cerraran a la actividad pesquera. Y es que esta área es, precisamente, el último refugio para el atún, especie que ha visto gravemente mermada su existencia en otros puntos del globo. Así que todo parece indicar que el próximo año esta región de alta mar será cerrada a los buques que practican la pesca de cerco. Pero los grupos ecologistas van más allá y exigen que la prohibición se extienda a cualquier técnica pesquera y piden al resto de naciones que respeten los deseos de las naciones del Pacífico.
La exigencia está justificada pues ante el agotamiento de otros caladeros y la necesidad de seguir faenando, los pesqueros tanto de Estados Unidos como de países asiáticos o de la Unión Europea se están dirigiendo cada vez en mayor número al único lugar del planeta donde el botín de atunes aún es abundante: el Pacífico. No son tontos, se dan perfecta cuenta de que, al igual que sucedió en las latitudes de donde provienen, aquí también terminará sucediendo lo mismo, pero a las empresas les aprieta la cuenta de resultados y los pescadores tienen familias que cuentan con sus ingresos ¿Confían ciegamente en que las poblaciones de atunes se habrán renovado en los lugares que han dejado atrás cuando se agoten las del Pacífico?
Así que, visto lo visto, el Esperanza, uno de los barcos de la flotilla de Greenpeace, zarpó hacia aguas internacionales del Pacífico para descubrir que las sospechas eran fundadas. El pesquero surcoreano Oryong 717, que cuenta con licencia para pescar en las aguas de Kiribati, estaba faenando fuera de su zona. El Esperanza se acercó a la línea de anzuelos que había lanzado al océano confiscándolos y devolviendo al agua la pesca del día. La acción dio paso a una negociación tras la que los activistas de Greenpeace devolvieron el instrumental de pesca requisado a los coreanos y estos detuvieron su pesca en aguas internacionales.
Continúa la lectura: Un barco de Greenpeace patrulla el Pacífico en defensa del atún

Como ya os contamos, Indonesia, Malasia, Timor Oriental, Filipinas, Papua Nueva Guinea y las Islas Salomón han firmado un pacto en el marco de la World Ocean Conference para proteger la zona conocida como el Triangulo de Coral, que contiene 76% de todas las especies de coral conocidas. Además, esta zona es un campo vital de desove para el atún, que el pacto también pretende proteger.
De allí que el pacto incluya el compromiso de reprimir la pesca ilegal y hacer cumplir nuevas regulaciones sobre la pesca del atún, precisamente para proteger estas zonas de desove. El pacto indica que la pesca comercial del atún podría ser reducida en los sitios de desove. A cambio, los países podrían recibir compensaciones ya por los Estados que compran mucho atún, como Estados Unidos, o a través de permisos para pescar más en otras partes del Triángulo de Coral.
Un representante del Banco Asiático de Desarrollo -Asian Development Bank, ADB- ha dicho que se han prometido más de 350 millones de dólares para este proyecto, y el propio banco ayudará a los países a tener acceso a fondos. Después del salto os dejo precisamente un vídeo que ha preparado el ADB para dar a conocer al público la importancia del Triángulo de Coral.
Continúa la lectura: Pacto asiático para proteger las zonas de desove del atún

En el blog de Umbra Fisk, un lector plantea la siguiente pregunta: ¿es preferible comer atún capturado cuando está plenamente desarrollado y en edad adulta o, por el contrario, es mejor optar por los ejemplares más jóvenes y pequeños? Una u otra opción tienen sus pros y sus contras, pero en realidad lo mejor sería dejar de comer atún. Veamos por qué.
El atún es uno de los peces de mayor tamaño de nuestros océanos. Un ejemplar de atún rojo que tenga la suerte de alcanzar la edad madura puede llegar a pesar la friolera de 450 kilogramos y medir 2,7 metros. Medidas que le hacen comparable al oso polar, pero que no le han servido para ganarse tantas simpatías proteccionistas como éste.
El problema para el consumidor es que estos atunes gigantes, al encontrarse en lo más alto de la cadena alimentaria, han acumulado mucho mercurio en sus cuerpos a lo largo de su vida. Mercurio, huelga decirlo, de origen industrial que acabó contaminando los mares. El mercurio puede tener efectos muy negativos en los sistemas inmunológico y nervioso central de fetos, bebés y niños, habiéndose encontrado, sin ir más lejos, relación entre este metal pesado y la incidencia del autismo.
Continúa la lectura: Problemas medioambientales de la pesca y el consumo de atún