
Muy a menudo, los 17 millones de habitantes de Pekín se ven envueltos en una nube negra y, según ha advertido el alcalde de esta ciudad, Guo Jinlong, la capital china se enfrenta a una contaminación “extremadamente grave”.
Mucho me temo que los chinos han de volver a las bicicletas, al menos en la capital, pues la contaminación es un gigantesco problema en Pekín. Y las causas del fétido humo que envuelve la ciudad tiene causas muy concretas: aumento del parque automovilístico, el vertiginoso crecimiento económico, un rápido desarrollo de la industria alrededor de la ciudad, y una dependencia de carbón para generar electricidad.
En su discurso, pronunciado en un centro de conferencias en un suburbio del norte de la ciudad, Guo anunció que impulsará el transporte público mediante la construcción de carriles bus y nuevas líneas metro, y que aumentaría el uso de energía verde.
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2.100 coches nuevos ruedan por las calles de Beijing cada día. La cifra puede espantarnos de este lado del planeta, pero en China las dimensiones son otras, para todo. Así, los funcionarios medioambientales de la ciudad han dado la buena noticia de que la contaminación del aire no empeorará el próximo mes, cuando el número total de coches en la capital sea de cuatro millones. El raro cálculo se explica –o mejor dicho, lo explican las autoridades- porque este año se han retirado más de la mitad de los 200 mil coches altamente contaminantes.
¿200 mil coches contaminantes menos compensan 2.100 coches nuevos al día? Parece que sí: las cifras oficiales señalan una reducción de 25% de las emisiones totales de los coches. Aunque ayer el cielo de Beijing estaba cubierto por una capa gris y 25 de las 28 estaciones que monitorean la contaminación de la ciudad reportaron que el aire era poco sano.
Más sorprendente que la calidad del aire es que Li Kunsheng, director de la sección de gerencia de vehículos del departamento de medio ambiente, opine que, gracias a ese 25% menos de emisiones, en Beijing ahora hay espacio para más coches. El parque automotor de la ciudad llegó a 3,96 millones la semana pasada, lo que representa alrededor de 1 millón de toneladas de contaminantes al año.
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Para Zhang Guobao, quien lidera la administración nacional de energía de China, la existencia de centrales eléctricas en el área urbana de Beijing desmerita su imagen de metrópolis. Aquellas imágenes del cielo cenizo de contaminación sobre la capital china en los días previos a los juegos olímpicos dañaron la imagen del anfitrión y dieron leña para quemar a los críticos del gobierno. Nada que quiera repetir, así que está considerando trasladar las últimas cuatro centrales eléctricas de carbón que quedan en Beijing fuera del área municipal de la ciudad, en un esfuerzo por mejorar la calidad del aire.
Las cuatro centrales, propiedad de Huaneng Power International, Datang International Power Generation Co Ltd, China Shenhua Energy y Beijing Jingneng Thermal Power Co Ltd (para los que pensaban que en China no existe el capitalismo), tienen una capacidad total de generación de energía de cerca de 2,7 gigavatios.
Todavía no es momento de celebración, pues el plan no ha sido aprobado aún y no se ha dado fecha para la mudanza, por no decir que mudanza no es lo mismo que desaparición, así que esas centrales dejarán de contaminar Beijing para ir a contaminar a otra parte. Además, la aplicación del plan aumentaría la demanda de gas.
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¿Cómo? ¿Aún no sabes qué es COP15? ¿Crees que se trata de una nueva serie policíaca? ¿De un fármaco? ¿Las iniciales y dorsal de un futbolista al estilo CR9? No será porque no hemos tratado el tema en este blog. Pues se trata de la cumbre sobre el calentamiento global y el cambio climático que se celebrará en Copenhague (Dinamarca). La gente de Greenpeace está empeñada en que hasta el último humano esté al tanto de una cumbre en la que nos jugamos mucho. Así que, si de llamar la atención con ingenio se trata, nada como plantar cien esculturas de hielo que representen a niños y niñas.
Vamos por partes. Son figuras de niños porque simbolizan el futuro, son un centenar porque esos son los días que faltan para el comienzo de la Cumbre y Beijing ha sido la ciudad elegida porque Greenpeace prevé que, si nada cambia, millones de asiáticos se enfrentarán a una situación angustiosa pues la desaparición de los glaciares del Himalaya amenaza el abastecimiento de agua a quienes viven en sus cuencas. Todos los detalles han sido cuidados al extremo: Las esculturas han sido instaladas en el Templo de la Tierra, que era donde los emperadores chinos oraban por el bienestar del planeta y rogaban por buenas cosechas; Y el agua con la que han sido esculpidas fue recogida en ríos tan emblemáticos como son el Ganjes, el Amarillo y el Yangtze.
Pero el sol de Beijing no tiene clemencia y las esculturas comienzan a derretirse, un efecto previsto por los responsables de Greenpeace que quieren mostrar qué sucederá a las próximas generaciones si no se toman decisiones hoy mismo (y se cumplen) en torno al cambio climático. Naciones Unidas ya ha escrito su carta a los Magos de Oriente –en este caso, a las potencias- pidiendo que el dos por ciento de su P.I.B. se destine a ayudar a los más estados más pobres a limitar sus emisiones de CO2, un empeño que necesita de fuertes inversiones (adaptación tecnológica, desarrollo e implantación de energías alternativas, programas de disminución de los efectos del cambio climático).
Esculturas de hielo de Greenpeace en el Templo de la Tierra de Beijing





En Beijing todo el mundo ve el cielo gris. O mejor dicho, nadie puede ver el cielo debido al grueso manto de contaminación que se cierne sobre la ciudad. Las autoridades, no obstante, dicen que la visibilidad es tan buena –y la contaminación tan baja- que la capital nunca había estado tan cerca de disfrutar un día de cielo azul.
Puedo imaginarme lo que piensan los conductores de Beijing: el gobierno dice que la atmósfera está clara y limpia, pero yo necesito una linterna para ver la vía y apenas son las doce del mediodía. Ergo: estoy alucinando y mejor tiro para casa… si puedo distinguir el próximo cruce a la derecha.
Y se puede decir que ha habido una mejoría, porque hace dos días el cielo estaba completamente negro debido a una tormenta eléctrica inusualmente fuerte. Ahora sólo están gris oscuro, debido, según parece, a la acumulación de aerosoles peligrosos.
Continúa la lectura: Beijing: el gobierno habla de cielo azul, la gente sólo ve una capa gris
Mañana, 28 de marzo, está previsto que se realice un apagón a nivel mundial de una hora de duración para celebrar la Earth Hour (Hora de la Tierra), un evento organizado por WWF para luchar y sensibilizar contra el cambio climático. Pues bien, China se ha borrado de la convocatoria y no apagará las luces de sus edificios más emblemáticos ni pedirá a sus ciudadanos que lo hagan. El motivo es que coincide con el nuevo día festivo implantado por Beijing: el “Día de la Emancipación del Siervo”, aniversario de la disolución del antiguo gobierno tibetano por las fuerzas ocupantes chinas.
Pues resulta que las autoridades chinas han dicho a periodistas y estudiantes que no apaguen ni una bombilla. Que la imagen de ciudades y universidades sumidas en la oscuridad no encaja con el día de fiesta y celebración que tenían planeado. Que les da bastante lo mismo que el secretario general de Naciones Unidas, el señor Ban Ki-moon, haya pedido a la población mundial que se sume a la Earth Hour. Que a quién le importa que la Earth Hour se prevea que sea la mayor muestra de preocupación por el cambio climático a nivel global jamás acontecida. Que no.
La organización, como decíamos a cargo de WWF, espera que nada menos que mil millones de personas se sumen al apagón mundial que tendrá lugar a las 8:30 pm según hora local de cada sitio. Se sabe que el edificio de la ópera de Sydney, la torre Eiffel, el Empire State Building, la Sagrada Familia barcelonesa, o el Kremlin moscovita, quedarán a oscuras cuando llegue el momento. Desgraciadamente, en la Ciudad Prohibida, por poner un ejemplo, tendrán todas las luces, los aires acondicionados, los ordenadores, los hornos, la música, las teles, los gatitos eléctricos esos que saludan con el brazo, todo, todo, todo, estará encendido, oye, a tope, que para algo es día de fiesta.

Cuando hablamos de China, la verdad es que las cifras abruman. Su capital, Pekín o Beijing, llámenla como quieran, con más de 17 millones de habitantes, con unos problemas de contaminación del aire y de congestión circulatoria enormes, suma cada día desde que empezó el año 1.500 coches a su parque móvil. Todo ello, a pesar de la caída de las ventas y de los esfuerzos gubernamentales para limitar el tráfico o hacerlo más sostenible.
Llevamos 45 días del recién estrenado 2009. Pues en Beijing ya tienen 66.000 vehículos más. Durante el día de hoy, serán 1.500 más. Y sumando. ¿Se acuerdan de las noticias de este verano, cuando se celebraron en la ciudad las olimpiadas, que alertaban sobre la peligrosa contaminación del aire?
Pues la cosa va a peor, y no tiene pinta de que vaya a mejorar. Y eso que, con los datos en la mano, durante enero las ventas de coches cayeron casi un 8%. Pero la expansión de la clase media y la industrialización a todo tren que vive el país asiático parece no tener freno, y la motorización del país avanza imparable. Algo muy similar a lo que viene sucediendo en India, como ya mostramos al hablar de este fantástico documental.

China subvencionará la adquisición de vehículos de energía limpia para las flotas públicas de 13 ciudades del país, entre las que se cuentan Beijing y Shanghai. Coches y autobuses eléctricos, híbridos, y de pila de combustible, para los servicios de taxi, transportes públicos, correos y sanitarios. El Gobierno chino pretende así dar un espaldarazo a la industria del transporte verde.
Actualmente, este tipo de vehículos comportan una inversión mayor en el momento de la compra que el requerido para los tradicionales, más contaminantes, a pesar de que a largo plazo son más rentables por el ahorro en combustibles fósiles. Las subvenciones irán en esa dirección, cubriendo la diferencia entre ambos.
A las administraciones locales, el Gobierno central chino ha pedido que desarrollen puntos de distribución en las ciudades para los vehículos verdes. Con unos problemas gravísimos de polución del aire, las superpobladas ciudades del país están experimentado un grado de motorización espectacular.