
La Asociación Internacional para el Transporte Aéreo (IATA según sus siglas en inglés) anunció hoy en Nueva Delhi, India, que aprobará el uso de agrocombustibles o biocarburantes en vuelos comerciales el año que viene, en 2010. El objetivo, reducir las emisiones de CO2 de la industria aeronáutica, una de las más contaminantes del mundo y cuyas emisiones son las que más crecen anualmente en la actualidad.
A nivel burocrático, según Paul Steele, responsable máximo de las inciativas ambientales de la IATA, se empezará con la certificación de los agrocombustibles para la aviación comercial a finales del año que viene. Esta certificación será el primer paso para que, a nivel financiero y de inversiones, se asegure la viabilidad y futuro de los agrocarburantes de alta calidad para la aeronáutia. Lo cual, se espera, animará a las empresas a desarrollarlos.
La IATA calcula que el uso de biocombustibles en la aviación podría reducir las emisiones de dióxido de carbono en un 80% (cifra que personalmente me parece una exageración) y ahorrar 600 kilogramos de emisiones por vuelo en un avión Boeing 747-400. La idea es, según Steele, separar el crecimiento del tráfico aéreo del aumento proporcional asociado a ello de emisiones de CO2.
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La organización internacional Christian Aid, que está presente en más de 60 países, ha engrosado la lista de organizaciones y personalidades preocupadas por el efecto que la producción de biocombustible tiene en la disponibilidad de alimento en las zonas más pobres del planeta. Growing Pains, nombre de un informe realizado por la organización, dice específicamente que la producción de biocombustibles está alimentando incrementando la pobreza, el abuso contra los derechos humanos y el daño al medio ambiente.
De acuerdo con el reporte, los subsidios entregados a la industria del biocombustible y los objetivos para impulsar su producción a partir de plantas como el maíz o la palma están exacerbando los problemas medioambientales y sociales en los países pobres. Añade el informe que, contrariamente a su objetivo, las emisiones de CO2 de algunos de estos combustibles son mayores que las de los combustibles fósiles, pues para plantar estos cultivos es necesario deforestar grandes parcelas de tierra.
Así, la producción a escala industrial de biocombustible está empeorando problemas ya presentes, tales como la escalada en el precio de los alimentos en América Central, lo que ha forzado el desplazamiento de pequeños agricultores debido a la contaminación de las fuentes de agua locales. Sin embargo, Christian Aid reconoce que, gerenciados correctamente, los combustibles renovables tienen el potencial de ayudar a las comunidades más pobres del planeta.
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Acaba de publicarse un estudio, con un nombre tan largo como “Energy & Water: Preliminary Observations on the Links between Water and Biofuels and Electricity Production”, y que ha sido realizado por la Government Accounting Office, según el cual se desconoce todavía la cantidad de agua requerida (y las consecuencias en su calidad) para la producción de los biocarburantes de segunda generación, tales como el etanol de celulosa y el biodiésel hecho de algas.
El entusiasmo por los biocombustibles de primera generación quedó enterrado con la crisis alimentaria de 2008, al subir el precio del grano en todo el mundo por la competencia de los biofueles. También bajó enteros al saberse cuánta agua requiere el etanol. Muchos trasladaron pues el entusiasmo a los biocarburantes de segunda generación, que supuestamente no competirían con los cultivos para consumo humano y animal. Pero se nos había olvidado el agua…
Y es que, según el citado estudio, sencillamente no se conoce el efecto acumulativo del uso de agua, fertilizantes y pesticidas en la producción comercial de estos biocarburantes, ni cuánta cantidad puede producirse sin impactar negativamente en el agua disponible y la calidad de la tierra.

Tal vez el mayor problema que presentan los agrocombustibles o biocombustibles provenientes del maíz no sea que, al competir por tierras hasta entonces productoras de alimentos, suba el precio del grano. No, tal vez el mayor inconveniente del etanol sea que requiere de demasiada agua para su producción. Es lo que se desprende de un estudio elaborado por la Universidad de Minnesotala producción de etanol de maíz requiere aproximadamente tres veces más agua que se había pensado anteriormente.
Recordando la situación dramática en cuanto a escasez de agua que atraviesa California, donde se ha declarado el estado de excepción por la sequía y donde se vive una situación desesperada en el Valle Central, podremos atisbar mejor los peligros de destinar tanta agua destinada al etanol. En efecto, la falta de agua está detrás de algunos de los problemas de producción alimentaria que se han vivido en Estados Unidos los últimos años.
Para producir 3,7 litros de etanol pueden llegar necesitarse 8.000 litros de agua, dependiendo del tipo de explotación agrícola y los sistemas de producción del biocarburante. Se da la circunstancia que, entre 2005 y 2008, el uso del agua para la producción de etanol aumentó en un 246%, mientras que EEUU ha aumentado la producción de bioetanol sólo en un 133%.
Resumiendo: tal vez, lo que debe preocuparnos más de la alternativa supuestamente ecológica de los agrocombustibles sea el hecho de estar acabando con el agua de las generaciones venideras. Probablemente eso sea lo que se ajuste más a la realidad, más que tener la sensación de estar quemando la comida de los pobres del Sur en el tanque de combustible de nuestros vehículos. Ojalá que el etanol celulósico, o etanol de segunda generación, mejore las limitaciones e inconvenientes del maíz.
Vía | www.ecogeek.org
Fotografía | ximenacab
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El ministro de Industria, Miguel Sebastián, trabaja sobre el primer borrador de la Ley de Eficiencia Energética y Energías Renovables, que debería presentarse antes del verano. Se prepara, según informaciones reveladas por elEconomista, un paquete de medidas fiscales para impulsar y promover los vehículos eléctricos y aquéllos que funcionen con, al menos, un 20% de agrocombustibles.
Esta ley se enmarca dentro del objetivo que se ha marcado España de cumplir con la directiva europea al respecto de aclanzar un 5,83% de utilización de este tipo de carburantes para el año 2010. Esta ley tal vez llegue tarde, o tal vez se espere que estimule de forma extraordinaria el mercado de los vehículos ecológicos, pero lo cierto es que, teniendo en cuenta que en la actualidad en nuestro país los agrocombustibles, biocombustibles, biocarburantes, llámenles como quieran, sólo representan el 2% del total consumido, pues la verdad, no sé yo si es muy realista un objetivo tan ambicioso.
Por otro lado, para evitar la evasión de impuestos y el fraude fiscal, el nuevo texto normativo obligará a que todas las mezclas se realicen en fábricas e instalaciones de la Compañía Logística de Hidrocarburos (CLH), y no directamente en los establecimientos de venta, como ahora.
La importación de biodiesel subvencionado y con dumping de Estados Unidos y otros países, que se hizo en 2008 con el 71% del mercado español (51% en 2007), ha sumido el sector del biodiesel en España en una crisis profunda. La mitad de las 36 plantas abiertas en los últimos años están paradas. Y las que funcionan, lo hacen muy por debajo de su capacidad (funcionan sólo al 9%).
Roderic Miralles, Presidente de APPA Biocarburantes, expone la situación de esta guisa:
Cuando el biodiesel que se consume mayoritariamente en España viene del extranjero, aprovechándose de subvenciones y dumping, mientras las plantas productoras del país agonizan, es evidente que la política española de biocarburantes está fallando gravemente. Es por ello que hemos presentado al Gobierno un paquete de medidas regulatorias en el que se incluye que la obligación de biocarburantes sólo pueda cumplirse con producto comunitario, así como otras actuaciones para incrementar la demanda.
La Comisión Europea adoptó recientemente medidas antisubvención y antidumping para evitar la avalancha de biodiesel estadounidense. APPA Biocarburantes espera que se empiezan a notar en el sector nacional y que éste repunte. Sin embargo, también se apunta a otras importaciones subvencionadas de países como Argentina, Malasia e Indonesia, que deberían estar igualmente sujetas a medidas regulatorias.
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La petrolera anglo-holandesa Shell no invertirá más en energías renovables como la eólica, la solar o la hidroeléctrica porque no son rentables. Lo anunciaron durante la presentación anual estratégica de la compañía. En cambio, planean apostar por el tan criticado biofuel (sector en el que Shell ya es líder mundial), además de invertir un monto indeterminado de dinero en el desarrollo de una nueva generación de biocombustibles que no compitan con la alimentación. También quieren concentrarse en el, por ahora, inexistente “carbón limpio” (carbon capture and sequestration, CCS).
La pela es la pela. Según la compañía, las renovables no ofrecen oportunidades de inversió atractivas. Más claro que como lo expresió Linda Cook, directora ejectuvia de gas y energía, no se puede:
Si no hay oportunidades de inversión que compitan con otros proyectos no pondremos el dinero en ello. Somos hombres y mujeres de negocio. Si hubiera renovables que hicieran dinero, lo invertiríamos. (traducción libre)
Pero bueno, tampoco vamos a sorprendernos. Shell ya tiene su imperio montado y está claro que el biofuel encaja con su negocio de producción y distribución de combustible. Como dice Cook, “el biofuel es lo más cercano a lo que hace Shell“. Si alguien tenía dudas de que los agrocombustibles no son una solución a nuestros problemas medioambientales, creo que esta afirmación que casi los equipara con una de las industrias más contaminantes del mundo basta. Si no, lean este ilustrativo post, o este.
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Durante los últimos años, los productores estadounidenses de biocombustibes han copado el mercado español, tanto por las subvenciones que reciben de su gobierno (que permitía una reducción del precio de hasta el 30%), como por la falta de aranceles impuestos por el nuestro, como por la codicia de las petroleras. Pues bien, la Unión Europea se ha decidido a imponer un veto, mediante aranceles, a la importación masiva de biocarburante procedente de Estados Unidos. A ver si así se logra reflotar el muy maltrecho sector nacional de los biocombustibles.
Los datos son los siguientes: según la patronal española del sector, la APPA, se da la circunstancia de que el 61% del biodiésel consumido en España es de origen extranjero a la vez que los productores nacionales, capacitados para satisfacer toda la demanda por sí solos, funcionaron el pasado año por debajo del 16% de sus posibilidades. Resultado: una aguda crisis en el sector y varios EREs presentados ante el ministerio. El sector está en ruinas. Aunque ya informamos que parece que en Estados Unidos la cosa tampoco va mejor…
Vemos cómo la competencia desleal por causa de las subvenciones, unidas a las importaciones sin aranceles, han hundido el sector. Cuando nos preguntamos quiénes han sido los más beneficiados, a parte de los productores estadounidenses, resulta que la APPA señala directamente que
las grandes petroleras como BP, Cepsa y Repsol han estado trayendo el biocombustible subvencionado de Estados Unidos, que a su vez se le exime de impuestos en España, y vendiéndolo al mismo precio que el nacional. Es decir, el dumping norteamericano ni siquiera ha revertido positivamente en los consumidores, pues las petroleras no han traducido los bajos precios del biodiésel importado en las tarifas de venta al público, sino que se han embolsado la diferencia.

Revela la Agencia Nacional del Petróleo brasileña que en 2008 las ventas de etanol superaron las de la gasolina y el gasoil por primera vez en la historia del país latinoamericano. En ese año, el aumento de la venta de biocombustibles ha sido del 45%, lo que arroja unos datos totales de 16.000 millones de litros vendidos en estaciones de servicio. A la vez, se cuestiona el impacto medioambiental que ello supone.
Al contrario de lo que sucede en EEUU (que es el mayor productor mundial), en Brasil, que se sitúa segundo en el ránking, los biocarburantes son más baratos que el petróleo. Y no se extrae ni del maíz ni del aceite de palma, sino de la caña de azúcar.
¿Qué sucede? Desde organizaciones por la defensa medioambiental se elevan las primeras críticas a este modelo que se está extendiendo. Presentados como una de los grandes avances en materia de conversión a tecnologías verdes, ya hemos recogido aquí en Ecologiablog reparos hacia la eficiencia, viabilidad y consecuencias de los biocarburantes, especialmente los de primera generación.
Continúa la lectura: Brasil ya vende más etanol que petróleo

La crisis financiera y económica está hundiendo las empresas que se dedican a la producción de etanol en EEUU y está provocando que no se alcancen los objetivos fijados hace sólo un año por la ley de energía promulgada por el Congreso para fomentar esta industria. No se salvan ni los criticados biocombustibles de primera generación (hechos de maíz) ni los de segunda de generación (provenientes de biomasa o desechos orgánicos).
El caso es que desde el verano pasado, al amparo de esta ley y gracias a que el barril de petróleo se pagaba a 145 dólares, las plantas de etanol de maíz se extendieron por todo el Medio Oeste como firme alternativa a los combustibles fósiles. Pero ahora, entre que el precio de la gasolina ha bajado mucho, y que los ciudadanos norteamericanos cogen el coche todo lo menos que pueden por la crisis, resulta que cada semana se cierran plantas de bioetanol por todo el país.
Además de que es más difícil encontrar inversores, a las refinerías ya no les sale a cuenta comprar etanol para mezclarlo con gasolina. Los precios de la gasolina se han hundido mientras que el del maíz se mantiene alto. Por ello, compran el mínimo indispensable para cumplir los mandatos federales, no más.
Continúa la lectura: La industria del etanol se hunde en EEUU

Los biocarburantes contaminan igual o más, y son más perjudiciales para la salud, que los combustibles fósiles derivados del petróleo como la gasolina. Por lo menos, así sucede con los biocombustibles de primera generación que, además, están en entredicho por contribuir al alza de los precios del maíz y a la crisis alimentaria global. Así lo certifica un estudio de la Proceedings of the National Academy of Sciences de EEUU.
Basándose en el cálculo de los contaminantes emitidos a lo largo de todo el ciclo de producción y combustión, se comparó el impacto medioambiental de la gasolina convencional con tres tipos de etanol de primera generación (a partir del maíz), y con cuatro tipos de etanol de celulosa de segunda generación (proveniente de cáscaras y restos orgánicos). Resultado: por la combinación de las emisiones de CO2 derivadas del cambio de uso de la tierra, del uso de fertilizantes para aumentar la producción y del amoníaco para descomponer las fibras vegetales, y del procesado industrial, el etanol de maíz de primera generación se lleva el premio al más perjudicial para la salud y para el planeta.
En concreto, dependiendo de la tecnología empleada, el etanol de primera generación es entre una y 1′7 veces más contaminante que la gasolina. Pero, afortunadamente, el de segunda generación emite sólo entre un 25% y un 45% del CO2 respecto a la gasolina. La ventaja de los biofueles de segunda generación es que no usan tierra destinada a producir comida para consumo humano, con lo que no están sujetos a la especulación ni a la posibilidad de repercutir negativamente en los precios de los cereales. Usan, en cambio, celulosa extraída de material de rechazo agrícola o forestal.
Este estudio pone pues en duda supuestos avances en el sector, nos reafirma con datos de eficiencia en nuestra posición crítica respecto al impacto que los cultivos para etanol tienen en los ecosistemas del mundo, nos pone en guardia ante intentos de publicidad engañosa, y nos deja a la espera de nuevas noticias esperanzadoras respecto a los biocombustibles de segunda generación.
Vía | www.businessgreen.com
Fotografía | Kables
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La mayoría del aceite de palma que se utiliza como materia prima para producir biodiésel en Europa no es ecológico. Proviene de grandes plantaciones tropicales. Pero las prácticas de cultivo no son precisamente sostenibles, la deforestación para añadir más tierras y la sustitución de selva por grandes extensiones de monocultivo están haciendo estragos en los ecosistemas. Sirvan como ejemplo los orangutanes de Indonesia.
“Orangután” significa “hombre del bosque”. De los 50.000 o 60.000 orangutanes salvajes que quedan en el mundo, el 90% de ellos están en Indonesia, el mayor productor mundial de la lucrativa industria del aceite de palma. Bajo la presión de la demanda de “combustibles limpios” y la industria maderera, cada minuto se pierde en el país una superficie equivalente a 300 campos de fútbol. Perdiendo los bosques que los sustentan, la población de orangutanes está disminuyendo y está en peligro de extinción.
Birute Mary Galdikas, al igual que Jane Goodall (de quien hemos hablado) y Dian Fossey (Gorilas en la Niebla), fue discípula del antropólogo Louis Leakey y se dedica al estudio y la protección de los grandes simios. En colaboración con la Orangutan Foundation Internacional, Birute trabaja con los orangutanes del parque nacional de Tanjung Puting, en la Isla de Borneo. Sigue leyendo para ver cuál es la situación allí, acciones que se están tomando y un vídeo de una campaña de sensibilización al respecto.