
Una nueva técnica para reconocer el código genético puede ayudar a investigar cómo los animales cambian sus dietas debido al calentamiento global y, además, están contribuyendo a acabar con el contrabando de vida silvestre.
David Schindel, secretario ejecutivo del Consorcio Barcode of Life (CBOL) en el Instituto Smithsoniano de EE.UU., señala que el trabajo genético se está diversificando de una forma extraordinaria. Este consorcio tiene más de 700.000 registros que representan 65.000 especies. La base de datos que existe se ha duplicado desde 2007. El sistema que utilizan se inspira en el códigos de barras. Un fragmento de tejido animal o material vegetal se puede utilizar para mostrar un único código genético en un laboratorio en un tiempo récord.
Los científicos están utilizando ésta técnica para entender la red de alimentos mediante el estudio del código genético del ADN de los alimentos que se encuentran en los intestinos de los animales. Con el sistema DNA barcoding es posible estudiar las relaciones entre cazador y la presa en la vida silvestre y cómo las dietas puede estar cambiando debido al cambio climático.

Me imagino la Isla Plummers como un Ikea: un lugar en el que todo lo que veas tiene un código de barras que contiene información detallada sobre el producto. El ADN de la silla Löcke. Hay una diferencia entre ambos lugares, claro. Una que les aleja de forma drástica: en la Isla Plummers, son las plantas, todas y cada una de ellas, las que llevan código de barras. El ADN de la fauna en pleno analizado y catalogado.
No se trata exactamente de un código de barras tal y como lo conocemos, sino algo que ya existe dentro del ADN de las plantas. Es necesario leer la secuencia de ADN de cualquier planta de la isla para identificarla. Pero la tecnología parece ir encaminada al desarrollo de un dispositivo que permita que esta secuencia quepa en la palma de la mano. Entonces, será posible coger la hoja de una planta y leer su ADN con un lector.
He leído que la Isla Plummers es el territorio insular más estudiado de Norteamérica. Poco más de 48 mil metros cuadrados en el Río Potomac, a pocos kilómetros de la ciudad de Washington. Dicen que para llegar allí se requiere una caminata a través de un denso bosque de álamos, arces y un arbusto de especias, así como unos cuantos saltos sobre algunas rocas situadas convenientemente.
Continúa la lectura: Plummers Island, la isla en la que todas las plantas tienen código de barras

Un grupo conformado por investigadores de más de 20 instituciones de todo el mundo está recomendando normas para colocar códigos de barras con información genética en las plantas terrestres, con el objetivo de que en el futuro se pueda conformar un sistema de identificación universal para más de 400 mil especies.
Los investigadores han seleccionado dos regiones genómicas -para los que entienda de genética, las secuencias rbcL y matK- como las mejores candidatas a partir de las cuales generar el código de barras. Se supone que estas áreas están disponibles en la mayoría de las plantas y pueden, de forma fácil y precisa, ser secuenciadas, combinadas y proveer una firma para el código de barras casi única.
Para este estudio, que se extendió durante cuatro años y cuyos resultados han sido publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, los investigadores usaron 400 plantas terrestres. En 72% de los casos pudieron determinar inmediatamente la especie correcta de planta.
Continúa la lectura: Proponen poner código de barras a las plantas
Helveta ha llevado el código de barras a una dimensión superior: la ecológica. Esta compañía británica está colocando códigos de barras, similares a los que se colocan en los empaques de los alimentos, a millones de árboles en los bosques tropicales de África, Asia y América del Sur, para que así sea posible realizar un seguimiento de las reservas de madera.
Para Helveta, la aplicación de esta tecnología a los árboles ayudará a las empresas a cumplir con las leyes sobre la importación de madera sostenible a Estados Unidos y Europa. Además, podría ayudar en la lucha contra la deforestación. La compañía ya se ha asegurado más de tres millones de euros en financiación, así que debe estar teniendo éxito.
La ventaja de los códigos de barras frente a otros sistemas de seguridad es la misma que se aplica para cualquier otro producto: es menos propenso al fraude, lleva datos en vivo y puede ayudar a los gobiernos a recaudar más impuestos por la madera. Los códigos no pueden evitar la tala ilegal pero sí dificultar que lo talado sea procesado, vendido o exportado.
Continúa la lectura: Helveta: códigos de barras en los árboles para salvarlos de la tala ilegal